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Hable mejor, porque han pasado seis años de este canal, de mis desahogos, de mis cenas, mis alegrías, mis viajes, mis podcasts, y no me he fijado.
Y bueno, sí, efectivamente el tiempo pasa volando, mis activados. Ya pasaron seis años de ese 12 de abril en plena pandemia donde me decidí prender la cámara y empezar con este canal. Al principio quería hacer muchas cosas. Recuerdo claramente que estaba pasando por un momento fatal de mi vida. Lo pueden buscar, se los voy a dejar por allí igual. Estaba en plena pandemia.
Con depresión, me había quedado con un solo empleo, tenía dos, acababa de regresar de ver a mi familia de unas vacaciones, me habían estafado, o sea, todo se juntó y la pasé súper mal y dije que necesitaba hacer algo que me volviese la vida en ese momento porque no tenía muchas ganas como estar.
Y bueno, me decidí, tenía unos equipos guardados, recuerdo claramente, encendí esa cámara, encendí ese micrófono.
No tenía ese plan claro como les di hace rato, pero bueno, no me imaginaba que años después iba a seguir aquí contándole un poco de mi vida diaria, de mis paseos, panoramas, que viajen conmigo, además de vez en cuando unas entrevistas que me encantan, con gente que nos inspira, yo que le lanzo las reflexiones en el podcast, o sea, pasaban muchísimas cosas de verdad.
Yo estoy muy alegre porque de un momento muy oscuro, donde me sentía tan mal, me di cuenta que sí es posible salir y que siempre nos podemos aferrar a las cosas buenas que nos pasan y recordar también nuestras habilidades y saber que en medio de la tormenta hay cosas que no perdemos, hay cosas que todavía nos van a servir como para mantenernos a flote.
Entonces, cuando de pronto te estás pasando un mal momento, en ese momento uno todo lo ve mal, todo. Todo lo ve oscuro, todo lo ve negativo, nada va a ser posible, te hacen miles de preguntas, te cuestionan, no te crees suficiente.
Sin embargo, encuentras esa lucecita y pues te das cuenta que sí, que sí puedes, que todavía te quedan facultades, habilidades, competencias y se puede una vez levantarse, caerse, levantarse, caerse y levantarse.
Bueno, nada, y de verdad de alguna manera yo me sentí haciendo este podcast y este canal y empecé a crear esa conexión. Yo no me había dado cuenta, la gente iba en internet, me dejaba mensajes privados, me decía, oye, a mí me pasó igual, yo también la pasé mal, gracias por escribir, gracias por hacer esto, gracias por el otro. Y eso fue llenando mi corazón, mi corazón, mi alegría, ayudándome a salir de ese hoyo.
Total, obviamente, pues busqué ayuda. ¿Mésico en qué? Entendí. Entonces, a comprender mis emociones, a sacar esa parte que no se hablaba. Yo vengo de Venezuela, donde prácticamente es un tabú hablar de la salud mental y encontrarme inmersa en todo esto sin saber qué era lo que estaba sintiendo. No sabía si... Yo no sabía que era una depresión tampoco. No entendía qué tenía.
No sabía que el clima me afectaba cuando llegué a este país. O sea, fue tantas cosas. Y el buscar ayuda profesional, el derribar esos tabús y buscar terapeutas, buscar esa red de apoyo que me llevase al flote fue súper importante. Y entonces, bueno, de verdad que...
Es difícil, no puedo decir que fue algo fácil, porque no se ve tan fácil la luz cuando uno está así de mal. Pero lo más importante es tener esa seguridad de que tu círculo más cercano te va a apoyar. Y a veces...
No tiene que ser tu mejor amigo, ni tu pareja, ni tu hermano, ni nada. Quizás es alguien que acabas de conocer o un profesional de la salud que ni te conoce, que no te va a juzgar, que te va a hacer sentir que tu problema no es un problema realmente, que todo tiene solución. Entonces, bueno, es muy curioso porque yo cuando empecé este canal,

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