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ABUELO KRAKEN · Dec 31, 2025

GOD DAMN AMERICA, de JOSÉ LUIS CRUZ (ABUELO KRAKEN)

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Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Goddamn America, por José Luis Cruz García Jack caminaba agitado por la cuesta de Edison Avenue, en dirección a su hogar. Había sido un día pesado en el trabajo. Uno de los clientes del banco había causado un gran alboroto, debido a que le fue negada la tercera hipoteca de su negocio.

Al principio, el hombre que vestía un pantalón vaquero, una camisa a cuadros y una gorra de los Mets, le suplicó una vez más que interviniera para procesar su solicitud. Sin embargo, no podía ser llanado. Tenía órdenes directas de su superior para endurecer las políticas relativas a los créditos hipotecarios, así que tuvo que negarse a extender otra hipoteca, lo que provocó un cambio radical en su comportamiento.

El hombre se la balanzó, tirándolo al suelo. Le propinó un par de bofetones mientras le insultaba de todas las maneras que conocía y de otras tantas que recién escuchaba. Segundos después, el personal de seguridad bancaria se paró al agresor de su víctima, y por supuesto, él no estaba en ánimos de presentar cargos. Eran solo gajes del oficio.

Paró frente a Candy House, una dulcería muy popular en el Bronx. Secó el sudor de su frente con un pañuelo de tela mientras entraba a la tienda. Los motivos netamente americanos abundaban en el sitio, banderas de todas confecciones y materiales, frutas confitadas cubiertos con celofán bicolor, fuegos artificiales de todo tipo y máscaras de los padres fundadores de los Estados Unidos de América. Los clientes platicaban y reían mientras hacían sus compras. ¿Y cómo no iba a ser así? Era 4 de julio, día de la independencia. Se acercó al mostrador, saludó al dependiente y le entregó una nota. Días antes había ordenado un pedido especial. Este día lo iba a pasar al lado de su familia. Se lo había prometido a Marcus, su hijo pequeño de ocho años, y a su esposa Ashley, una morena espectacular que había conocido años atrás en la hermandad Delta Kappa Delta de la Universidad de Nueva York. Ella se dedicaba a su hogar y ocasionalmente ofrecía coaching para empresarios locales.

Ambos se habían graduado con títulos honoríficos suma cum laude, pero hasta hace poco la crisis les había impedido prosperar. Este año, gracias a los esfuerzos de ambos, las cosas habían comenzado a cambiar. El dependiente de Candy House le entregó una caja llena de los más variados caramelos y fuegos artificiales. Jack había planeado que se fuera un día memorable para su hijo, quien desde hacía dos semanas le preguntaba diariamente qué haría en el 4 de julio. Pagó la mercancía después de verificar que el pedido estaba completo, agradeció al dependiente y salió del local. Caminó de regreso hacia Waterbury Avenue, en donde hizo la parada un taxi, que lo llevaría al cruce entre Edison y Wallman Avenue. Su casa, un chalet de color blanco, contaba con un pequeño jardín enrajado, en donde más tarde tendría la reunión con su familia. El niño lo esperaba ansiosamente, asomado desde la ventana de su habitación. Llegando a casa, extendió un billete de $20 al taxista, un tipo asiático de aspecto algo desaliñado.

En la radio se escuchaba God Bless America, interpretada por la cantante canadiense Celine Dion. El taxi había parado detrás de un destartalado Chevy Nova, que se encontraba estacionado frente al jardín. Era posible que su esposa hubiese invitado a alguna de sus excompañeras de la fraternidad. Ya había invitado en Nochebuena a Leslie, la exnovia de su esposo, quien fue indirectamente responsable de la unión de ambos. Y vaya que esa noche fue realmente salvaje. Los tres terminaron tan borrachos, que al día siguiente nos explicaron cómo habían aparecido desnudos en la misma cama. Por fortuna, el pequeño Marcus había pasado ese día en la casa del abuelo James, en Brooklyn. Entró a casa cargando aquella caja. Le recibió su hijo, quien saltaba de gusto al ver a su padre.

Ashley se encontraba colocando la vajilla en la mesa. —¡Amor, ya llegué! —gritó mientras dejaba la caja en la mesa de la sala para llevar en brazos al pequeño. —Espero que te hayas comportado a la altura, campeón, porque hoy es día —dijo Jack— no sin antes ser interrumpido por Marcus. —Día de la independencia. —Así es, muchachito, y hoy va a ser un día especial porque —dijo Jack— antes de ser interrumpido nuevamente ahora por su rabiante esposa. —Porque tu padre ha cumplido con su promesa por una vez en mucho tiempo. —Hoy es un día importante porque será el primer día que tendremos fuegos artificiales —dijo Jack— mientras entreabría la caja para dejarle ver su contenido al niño, quien sonreía de oreja a oreja y sorprendido se llevaba las manos a los lados de su rostro. —Y tu padre va a tomar todas las precauciones necesarias, pero antes, señores, tenemos una cita en el comedor. —Bajo al pequeño le ordenó lavarse las manos antes de ir a la mesa. El niño subió corriendo al segundo piso a pesar de las advertencias de su madre. Se acercó a su esposa abrazándola por la cintura mientras terminaba de ordenar el comedor. —¿Qué tal te ha ido en el banco, amor? —Tuve una tarde realmente sorprendida

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