¿Por qué amamos si no sentimos ni un rastro de fascinación por nuestro interés amoroso?
No sé qué es el amor y empezar diciendo esto, cuando lo que voy a escribir camina en torno a este tema central resulta, peregrulladamente ridículo. Lo sé.
Pero, son los libros, las películas, y los minutos en plazas del parque que dedico a mi sistema sociólogo para observar la forma en la que inconscientemente nos amamos, que voy a permitirme ser un poco populista y hablar del amor. Sin tener ni idea del amor.
Por qué la admiración.
Tengo la sospecha de que las relaciones actuales están regidas por el cariño y el tacto. Las acciones, si bien es cierto, son esenciales para determinar con quien estamos. La forma en la que nos trata el otro si nos guía hacia la formalización del vínculo.
Pero, ¿que ocurre cuando las buenas acciones están presentes, pero la admiración hacia la persona es inlocalizable?
Pues que idealizamos un vínculo vacío.
Nos enamoramos de cómo nos mira la otra persona pero nunca le devolvemos la vista. Nos incomoda. Solo nos gusta tenerlo presente.
Entonces de qué sirve crear un vínculo si en totalidad el amor que sentimos por la persona es incertero, solamente existe en lo performativo, en los párrafos de Instagram, en las charlas con tus suegros, en un constante ciclo de aparentar, no creer, performar.
Yo para materializar mi teoría decidí preguntarle a personas de mi entorno por qué seguían con su pareja y que les hizo estar en el estado de éxtasis en el que se encuentran. Y la respuesta no me sorprendió.
Mi madre me respondió que se enamoró de como la trataba mi padre, de cómo se trataban entre ambos, y de los momentos que compartieron. Nunca me habló de mi padre.
Algunas de mis amigas tuvieron contestaciones semejantes, me contaron que los regalos, las intenciones y las palabras, crean un nido de cariño que las hace sentir, apropiadamente, queridas.
Y mi abuela me dijo cosas tan conservadoras que voy a dejarlas para otro día, no tengo fuerzas para esto.
Por lo tanto, no me resulta extraño que como sociedad nos ceguemos ante lazos que de forma analítica, no existen, porque nunca abrimos los ojos y miramos a la persona como un individuo.
Para mí, novata. Enamorarse se trata de sentir una admiración colosal, tan grande, que provoque que no quieras escuchar a nadie nunca más.
Admirar al otro es como, no saber de qué está hablando, pero tener la certidumbre de que lo que dice es cierto porque la conoces, y confías en sus conocimientos.
Yo últimamente me pregunto, de qué sirven los actos si la persona que los proporciona no es alguien a quien le aplaudiríamos en una conferencia como desconocidos.
De qué sirven las palabras si quien las arroja es, aquel que en otra ocasión sería molesto.
El amor nace del orgullo ajeno, no del de madre, ni de familiar agudo, del ajeno y poco conocible. Del gusto que te provoca escuchar al otro, de la afección de los argumentos y el trato hacia el resto, no solo a uno mismo.
El amor no solo de forma romántica también es un compromiso social. Como te sientes al enamorarte de alguien que no guarda cordialidad y respeto hacia grupos étnicos distintos a ti, que te hace pensar que el trato no cambiaría en debates sobre centros de mesa, conversaciones con títulos hipotéticos.
Los logros del otro, también importan a la hora de querer.
Yo amor lo defino como: esa mirada que le echa esa chica a la otra, cuando la segunda consigue algo que en conjunto, llevan ambas deseando mucho tiempo.
Yo lo defino como admirar el logro del otro como algo especial. Y entender que esa persona es especial en un aspecto que tú no logras comprender todavía.
No hablo de sus palabras. Y todavía tampoco de sus acciones. Hablo del acto previo al amor, del momento novelesco donde de repente el protagonista arroja un: mierda, esta persona es especial.
Y no lo hace con un tono romántico.
Sino con uno de admiración.
Porque piensa en la persona de forma individual, se exenta de sentimientos difusos que nublan la vista. Se exenta de placeres y lujuraia. De pecados capitales. Se acerca a la admiración absoluta.
Temo aclarar que bien es cierto, que yo no niego que los tratos sean condicionantes a la hora de formar relaciones, y eso es algo que me gustaría aclarar.
Las personas deberíamos admirar al prójimo pero también guardar coherencia en cómo nos trata y como se dirige hacia nosotros. Como nos toca. Como nos habla. Como habla de nosotras cuando no estamos delante. Y como hablaría sobre otras mujeres si estas tampoco estuviéramos delante.
El amor es un conjunto de experiencias y factores externos e internos que se desenvuelven con importancia a la hora de nacer.
Por eso no hay que exentar ninguno de los factores, porque el amor es propenso a provocar placer pero también a caer en la monotonía de lo vacío.

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