Hola, soy Ce. Esto es 30 veces yo: cada domingo, una reflexión + un ejercicio ritual si te quedas hasta el final para volver a ti en 30 minutos.
Si acabas de llegar: bienvenida. 💌
Tengo una confesión: nunca he estado en Bali.
Ni en un ashram en India. Ni en un retiro de silencio en Tailandia. Ni comiendo pasta en Italia mientras un hombre guapo me mira desde la otra mesa y yo finjo que no me doy cuenta.
No hice el viaje de Eat, Pray, Love. No vendí todo para irme con una mochila a “encontrarme”.
Y sin embargo, me encontré.
Me encontré en un piso compartido en una ciudad europea que no era la mía. En un supermercado donde no entendía las etiquetas. En un martes cualquiera, llorando en el baño del trabajo porque echaba de menos a mi familia, o porque estaba harta de no ver el sol.
Me encontré en lo ordinario. En lo incómodo. En lo que nadie comparte en Instagram.
Elizabeth Gilbert necesitó tres países y un año entero para encontrarse. Su libro abrió una conversación importante sobre mujeres que eligen irse, romperse, empezar de cero.
Pero también creó un mito: que para encontrarte necesitas irte lejos. Que la transformación requiere un escenario exótico. Que si no estás meditando en Bali, no estás haciendo el trabajo interior “de verdad”.
Y si bien, yo misma haría ese viaje mañana mismo, quiero recordarte que
ese mito convierte el autoconocimiento en un privilegio geográfico.
Como si solo pudieras conocerte con dinero para un vuelo. Como si tu ciudad, tu rutina, tu vida de siempre no fueran suficientes para provocar un cambio real.
He vivido en varios sitios. Y los momentos que más me han cambiado no fueron en lugares bonitos. Fueron en lugares incómodos.
El primer mes sin conocer a nadie. La primera Navidad lejos de casa con una videollamada que no compensa. La primera vez que te pierdes y no puedes preguntar porque no hablas el idioma.
Porque lo que te transforma no es el lugar. Es la incomodidad.
Es tener que decidir quién eres cuando nadie te conoce y no puedes ser “la hija de”, “la amiga de”, “la que siempre ha sido así”.
Y eso puedes hacerlo en Bali. Pero también en un barrio nuevo de tu misma ciudad. En un trabajo diferente. En 30 minutos a solas contigo sin el móvil.
La versión de Instagram: cafés bonitos, idiomas nuevos, “mi vida es una aventura constante”.
La versión real: burocracia infinita, soledad que no esperabas, sentirte extranjera en todos los sitios, incluido el tuyo cuando vuelves de visita.
Porque cuando te vas, te conviertes en extranjera para siempre. En el país nuevo eres “la de fuera”. Y cuando vuelves a casa, ya no encajas igual. Ya no eres exactamente la persona que se fue.
Y al mismo tiempo, aquí está la paradoja, es exactamente esa pérdida la que te obliga a encontrarte.
Porque cuando ya no puedes definirte por tu contexto, solo te queda definirte por ti.
Hay viajes interiores que dan más miedo que cualquier vuelo transoceánico.
Y te lo dice una amante de viajar. Del avión. Los aeropuertos. Hasta los que son por rutina.
Sentarte contigo misma sin distracciones. Preguntarte qué quieres de verdad. Admitir que no sabes. Mirar tu vida y decir “esto no me gusta” sin tener un plan B.
Conocer nuevas versiones de ti.
Liz Gilbert se fue a Italia, India y Bali. Pero lo que la cambió no fueron los países. Fue que se atrevió a estar sola consigo misma. A escucharse. A dejar de huir.
Y eso lo puedes hacer en cualquier sitio. En tu sofá. En un parque. En la ducha un martes por la mañana.
El viaje transformador no requiere pasaporte. Requiere honestidad.
30 minutos. Sin móvil. Sin podcast. Solo tú y la pregunta: ¿qué necesito ahora mismo?
Eso es Eat, Pray, Love sin el presupuesto. Eso es encontrarte sin irte a ningún sitio.
(Aunque si puedes irte, vete. Pero no para huir. Para vivir, vivirte, aprender de ti, hacerte más preguntas, encontrar más respuestas.)
En resumen:
No necesité irme a Bali para encontrarme. Necesité estar dispuesta a estar incómoda. A escucharme. A no saber. A volver a mí, conocerme de nuevo. Encontrar nuevas versiones de mí misma.
Y eso lo puedes hacer en cualquier sitio: incluido aquí, ahora, contigo.
Esta semana te propongo dibujar tu mapa vital. No geográfico, emocional.
Coge papel y boli. Escribe los 4-5 lugares que te hicieron ser quien eres (no solo países también casas, calles, aulas). Para cada uno pregúntate: ¿quién era yo ahí? ¿Qué dejé? ¿Qué me llevé?
Y al final: ¿dónde estás ahora en tu mapa?
→ El ejercicio completo está aquí: “30 minutos yo | Tu mapa vital”
📖 “El arte de viajar” de Alain de Botton — No te dice a dónde ir sino cómo mirar. Sobre por qué a veces viajamos para huir y cómo aprender a estar presente en tu propia cocina.
🎧 “Radio Ambulante” — Historias latinoamericanas que te transportan sin moverte del sofá. La prueba de que viajar también es escuchar.
Y cuéntame: ¿qué lugar te cambió sin que te dieras cuenta? No tiene que ser un país lejano. Puede ser una casa. Un lugar de encuentro. El sitio donde algo hizo clic. Responde a este email. Deja un comentario.
Te comparto el último donde yo sentí esto:
Mucho love,
Ce.
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