Si sientes que vives en piloto automático y necesitas un rato para escucharte estás en el sitio correcto.
Cada domingo: una reflexión de la vida a los 30 y un ejercicio de escritura para volver a ti en 30 minutos.
💌
No me ha costado escribir esto. Me ha costado publicarlo.
Cuando empecé este espacio prometí una cosa: honestidad. Compartir lo que vivimos las mujeres de 30 tal y como lo vivimos. Sin filtro bonito. Sin conclusión atada con lazo.
Así que aquí va uno de esos textos que son pura honestidad, incluyendo una carta a mí misma.
Hay muchas formas de ponerse en pausa. Algunas se ven de lo más apetecibles. Pero hoy vengo a hablarte de las incómodas.
A lo largo de mi vida, he conseguido prácticamente todo lo que de verdad me he propuesto. No digo que sean grandes cosas. Tampoco pequeñas. Pero eran las que yo diseñé. Planeé. Ejecuté. Y conseguí.
Se puede decir que he tenido el control del camino.
Hasta ahora.
Hay algo que estoy construyendo, algo bonito, algo que deseo con muchas ganas, que simplemente está tardando más de lo que pensaba.
Y eso, para alguien que siempre ha tenido el control, es un terremoto silencioso.
Un terremoto en el que dejé de hacer planes a medio plazo. “Para qué, si dentro de poco todo cambiará.” Dejé de invertir en cosas de ahora. “Total, pronto estaré en otra fase.” He creído que no conseguir mi objetivo podía decepcionar a personas que quiero, de alguna manera. Transformé mis rutinas, mis hábitos, mi atención, todo orientado hacia un “después” que todavía no ha llegado.
Como si mi vida de ahora fuera un borrador. Un “mientras tanto” hasta que empiece la vida de verdad.
Estaba poniendo mi vida en pausa esperando que “el proyecto” llegara.
Todo ello me ha hecho llegar a sentirme extraña en mi propia vida. Y ha sido esa sensación la que me ha hecho darme cuenta: ¿cuánto tiempo llevo viviendo en el futuro?
Mi cuerpo está aquí. Pero mi cabeza lleva meses en otro sitio.
Si tuviera que apostar, seguro que no soy la única que se ha sentido en un cuerpo atrapado en una realidad que ya no se siente suya.
Por eso, no quiero ponerle nombre a mi proyecto porque me he dado cuenta de que puede tener muchas versiones: La de la que espera un cambio de trabajo y deja de implicarse en el actual. La de querer mudarse a otra ciudad y deja de hacer vida social donde estás. La que espera que alguien que se fue, vuelva y deja personas maravillosas en el camino. La que tiene un proyecto vital en marcha y convierte su presente en un mero trámite hacia el futuro.
El temporal self
La psicología social tiene nombre para esto: lo llaman el “yo temporal” (temporal self).
Cuando anticipamos un cambio vital grande, empezamos a identificarnos más con nuestra versión futura que con la presente. Psicológicamente ya “eres” la del después, y por eso dejas de invertir en quien eres hoy.
¿El resultado? Tu identidad se adelanta. Tu cuerpo, tu realidad se queda atrás, creando frustración en tu día a día.
Como creemos que “algo va a cambiar pronto”, dejamos de habitar el ahora.
Pero, ¿qué pasa cuando no depende solo de ti? Cuando hay factores que no controlas, tiempos que no puedes acelerar.
Cuando ese “pronto” tarda, y ese “mientras tanto” se empieza a llevar un tiempo precioso de nuestra vida.
En los 30 esto pasa mucho. Porque a esta edad tenemos grandes planes. Proyectos vitales. Decisiones que pesan. Porque eso es lo que nos han enseñado, sobre todo a las mujeres.
Expectativas. Estamos acostumbradas a que las cosas pasen cuando planeamos que pasen. Entonces, el cerebro busca una forma de “hacer algo”. Actuar. Y lo que hace es proyectarse. Irse al futuro.
Y comienza a vivir mentalmente en ese escenario donde “ya pasó”.
La falacia de la llegada
Tal Ben-Shahar (profesor de Harvard) llama la “falacia de la llegada” a la creencia de que “cuando llegue X, mi vida empezará de verdad”. ¿Te suena, verdad?
Tu cerebro pone toda la satisfacción en el punto de llegada y devalúa el presente.
Eso se convierte en que tú vives en un “mientras tanto” que parece que nunca termina.
Y no es un defecto tuyo es un mecanismo de protección de un cerebro que no sabe qué hacer con la incertidumbre. Con la desconexión con el presente.
En definitiva;
El remedio para el exceso de expectativa, es PRESENCIA.
Después de haber pasado por esto, quiero compartirte lo que a mí me está funcionando:
1. Limpia lo que consumes en redes sociales. Si tu feed, tus conversaciones y tus pensamientos giran obsesivamente alrededor de “lo que falta”, es imposible disfrutar de lo que hay. No digo que ignores tu meta. Digo que no dejes que se coma todo lo demás.
2. Haz planes con quien eres hoy. Reserva ese viaje. Apúntate a esa clase. Di que sí a ese plan. Tu vida de ahora no está en pausa, eres tú.
3. Tu vida de ahora no es “el mientras tanto”. “El poder del ahora” de Eckhart Tolle ha sido clave para entender que lo que único real es el ahora. Merece tu atención. Merece que estés presente.
4. Suelta el control de lo que no depende de ti, y “enriquece” la espera. Pregúntante qué tienes en tu día actual que te gusta, que disfrutas. Llénate de eso desde el primer momento.
5. Escríbelo: “Volver al presente”, un ritual de journaling guiado
Tu mente puede viajar al futuro las veces que quiera. Pero cuando escribes, vuelves al ahora. El papel te ancla. Te hace consciente.
Por eso, te invito al ejercicio de esta semana: “Volver al presente”. 30 minutos para ti, papel y boli, y 4 preguntas que te ayudan a ver qué has puesto en pausa y qué quieres recuperar.
Si es la primera vez que oyes “journaling”: es escritura libre guiada. Yo te propongo algunas preguntas, tú escribes las respuestas. En esta nueva sección de El Club de Journaling, encontrarás todos los ejercicios que he ido compartiendo.
💌Querida yo:
Hoy, esta versión de mí se acaba.
Suelto el control. No el deseo. No la ilusión. El control.
Sigo cuidándome. Sigo soñando. Sigo trabajando en lo que depende de mí.
Pero dejo de vivir en el limbo. Dejo de tratar mi vida de ahora como si fuera menos importante que la de después.
Vuelvo a hacer planes con lo que tengo hoy. Con lo que soy hoy. A conectarme con todo aquello que ya es mío.
Voy a seguir disfrutando del camino.
Con fe, ilusión y mucha presencia.
Tu vida no es “el mientras tanto”. Es lo que pasa hoy. Y merece que estés presente en ella: con el cuerpo y con la mente. Aquí. Hoy.
Y cuéntame: ¿hay algo que estás esperando que pase para “empezar a vivir de verdad”? Responde a este email. Deja un comentario. Te acompaño💌
Mucho love,
Ce.
¿Conoces a alguien que lleva meses “esperando a que pase algo” para empezar a vivir? Mándale esto. A veces lo que necesitas es que alguien te diga: tu vida ya empezó.
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