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30 veces yo · May 15, 2026

Dime qué escuchas y te diré quién eres

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Cecilia de 30 veces yo · 30 veces yo

Hola, soy Ce, tengo 30 años, y esto es 30 veces yo.

Un espacio para las que nos estamos conociendo a nosotras mismas. En todas nuestras versiones.

Cada semana recibirás reflexiones, aprendizajes personales y rituales para dedicarte tiempo y volver a ti.

💌

El 23 de mayo se casan dos de nuestros mejores amigos, a los que conocemos de nuestra vida en Luxemburgo. Esta semana nos pidieron añadir “esas canciones que no pueden faltar” a la playlist de su boda.

Imagínate. En tu día más importante, abrir la puerta a todas las recomendaciones de tus amigos. Dejar que cada persona pueda poner lo que para ella significa celebrar. Celebrarte.

Eso es mucho amor. Y mucho riesgo. (Alguien va a meter el Aserejé o el Himno del Valencia, lo sé).

Por si fuera poco, mi hermano (@ber__music), que es artista, acaba de lanzar su nuevo EP - uno de mis favoritos - y que ha titulado “Canciones que escribí con amigos”.

Y todo esto me ha llevado a pensar en la importancia de la música. En su capacidad de llevarte a otros lugares, a otros momentos, a otras personas.

A otras versiones de ti.

Recuerdo perfectamente el día que escribí esa frase. Abril 2020. Confinamiento. Un libro en mi jardín, y música. Fui de la parte afortunada, soy consciente de ello.

Estaba leyendo a Dolores Redondo, totalmente sumergida en la historia, cuando de repente sonó esa canción que me llevó a un fin de semana en la playa con mis amigas.

Ese año todas cumplíamos 25 y nos íbamos a Ibiza para celebrarlo. Nunca pasó, pero de alguna manera sentí que en ese momento, con esa canción, tenía un trocito de ellas.

De hecho, hay estudios que dicen que la música activa la memoria emocional de una forma que casi nada más puede. Un olor, quizás. Pero la música es más precisa. Te lleva al momento exacto. Al lugar exacto. A la persona exacta.

Seguro que te ha pasado de escuchar esas canciones que dices:

  • Me recuerdan a mi padre, cantando en el coche en los viajes de verano.

  • Esos conciertos que sin tu hermano/a, no son lo mismo.

  • Esta canción es “mamá”

  • La canción que siempre soñaste en la entrada de tu boda. O la que bailaste ese día tan especial.

  • O la que te da energía antes de una carrera o de un evento importante.

  • La que te devuelve a los 17 en dos acordes.

Y esto es algo indescriptiblemente bonito.

A veces sigues escuchando una canción no porque te guste, sino porque te conecta con una versión de ti que echas de menos. Con un momento que quieres revivir. O con una persona que ya no está. O con una emoción que ya no sientes pero que te resulta familiar.

A veces la nostalgia es un abrazo que te das a ti misma.

Y mira, no digo que esté mal. A veces necesitas esa conexión. Sentir que vuelves a un lugar cómodo. Conocido.

Pero también se puede volver trampa, porque hay una diferencia entre visitar tu pasado y vivir en él.

Y entonces llegan mis siguientes preguntas:

¿Cuántas canciones tengo en mi lista que ya no hablan de mí?

¿Que escucho por inercia, por costumbre, por ese confort de lo conocido?

Hay algo muy humano en escuchar lo mismo una y otra vez. Los psicólogos lo llaman “mere exposure effect”: nos gusta más lo que nos resulta familiar. Por eso vuelves a la misma serie, al mismo restaurante, a la misma canción.

Pero en algún momento, el repeat, ese “escuchar en bucle” deja de ser elección y se convierte en refugio. En piloto automático. En “no sé qué más escuchar así que pongo lo de siempre”.

Y eso, trasladado a la vida, puede parecerse mucho a:

  • Continuar hábitos que ya no te sirven.

  • Repetir patrones que conoces de memoria pero que ya no te llevan a ningún sitio nuevo.

  • Mantener presentes a personas que ya no te aportan. O que te hicieron daño.

Como escribí en Hay versiones de ti que ya no necesitas”: a veces lo más difícil no es soltar algo malo.

Lo más difícil es soltar algo o a alguien que fue bueno pero que ya cumplió su función.

Y quizás lo mismo pasa con las canciones. Las etapas. Las personas.

Dicen que tu playlist dice más de ti que cualquiera de tus bios.

¿Para qué haces playlists? Yo las uso para todo. Para trabajar. Para cocinar. Para los sábados lentos (de mis favs: Samedi et croissant).

Pero hay una playlist que no toco hace años. Que sigue ahí, con su nombre de 20…15?16?, con sus 223 canciones, con su portada que Spotify generó automáticamente. Y cada vez que la veo, siento algo raro: hay nostalgia… y distancia.

Esa playlist era yo. Era mi soundtrack. Eran canciones que acompañaron esa etapa de mi vida: en una relación, una ciudad, una amistad que ya no es.

Y ahora la escucho y pienso: conozco a esta persona, pero ya no soy ella. Era otra versión de mí.

Y entonces me pregunté:

¿Cómo sueno yo hoy?

Aquí es donde pensarías que te digo: “borra todo, empieza de cero, suelta el pasado, nueva tú nueva playlist”.

Pero no.

Porque borrar tu playlist vieja sería como fingir que esa versión de ti no existió. Y existió. Y fue importante. Y te trajo hasta aquí.

Lo oportunidad está en crear algo nuevo.

Si te pregunto a ti cómo suenas hoy, ¿qué canción elegirías? Te propongo algo:

Respóndeme qué canción añadirías a esta playlist colaborativa que he creado para nosotras (o añádela tú misma!):

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Añade canciones suenen a ti ahora. A lo que sientes hoy. A lo que te da energía. A la persona que estás siendo, no la que fuiste, no la que serás. La de hoy.

La canción que te pones para empezar el día. La que te hace cantar en la ducha. La que te acompaña cuando caminas por la calle sintiéndote protagonista de tu propia vida. La que te recuerda que estás exactamente donde tienes que estar.

Esa es la que merece tu repeat diario.

Y ya sea porque añades tu canción, o creas tu propia "playlist” de Canciones que soy hoy, seguro que dentro de un año la escucharás y pensarás “así sonaba yo en mayo de 2026”. Y sonreirás.

Porque habrás cambiado otra vez.

Y eso es precioso.

Quiero presentarme a través de la playlist de mi vida.

Seguro que hay canciones que te han acompañado siempre. Que te definen. Las que no son de una época ni de una persona: son tuyas. Punto.

En mi caso, sin duda: “Dancing Queen” de ABBA (siempre, en cualquier contexto, a cualquier volumen). Casi cualquiera de Leiva, aunque me quedo con “Lady Madrid” o de La Oreja de Van Gogh, que por fin este año les veo en concierto con Amaia y no estoy preparada emocionalmente para esuchar en directo “Puedes contar conmigo”. Una que espero cantar en un momento muy especial: “Pequeña Gran Revolución”. Mucho de Alejandro Sanz, y de Coldplay con “Fix You” elegida en el baile de nuestra boda.

Y por supuesto, absolutamente todo de BER, la banda sonora de mi vida.

Esas canciones no cambian. Son mi ADN sonoro. Mi constante.

Las canciones que a mis personas más importantes, les recuerdan a mí.

Las canciones que siempre me harán erizar la piel, levantarme de mi sitio, y cantar a todo volumen.

La banda sonora de mi vida.

La esencia de quien soy.✨

El desarrollo personal no siempre tiene que ser profundo. A veces es simplemente darte cuenta de que la canción que llevas meses escuchando ya no dice nada sobre ti. Y que eso está bien. Y que puedes elegir otra.

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💬 Nos vemos en el chat de suscriptoras. Ayúdame a elegir: ¿qué canción no puede faltar en esa playlist de tu boda? (Sí, aunque no te vayas a casar. O aunque ya lo hayas hecho).

Mucho love,
Ce.

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Si acabas de llegar: bienvenida.

Espero que tú también te encuentres en alguna de mis versiones.

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Read the original on 30vecesyo.substack.com

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