Ayer llevaba el mismo pantalón que el día anterior.
Y el anterior también.
Nadie me dijo nada. Nadie me miró raro. El mundo siguió girando exactamente igual. Pero yo lo sabía, y eso fue suficiente para que algo en mi cabeza empezara a dudar: ¿debería cambiarme? ¿Se nota? ¿Qué pensarán? ¿Me dedico a la moda y diseño ropa y voy siempre igual? ¿De verdad tengo que pensar un look cada día? ¿Cada medio día?
Y luego pensé: ¿pensarán qué, exactamente? ¿Que soy siempre la misma? Sí. Eso es precisamente lo que soy.
Mi abuela tenía poca ropa.
No porque fuera pobres si no porque era lo normal. Tenía sus cosas, las conocía bien, sabía cómo llevarlas y siempre iba perfecta. No dudaba cada mañana delante de un armario lleno preguntándose si iba bien. Iba como iba, que era como ella era, y punto.
Nosotras tenemos vestidores enteros. Aplicaciones para organizar la ropa. Cuentas de Instagram dedicadas a los outfits del día. Y aun así, o precisamente por eso, casi siempre dudamos.
Hay algo que no cuadra en eso.

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