Generalmente escapo de los posts de Substack que empiezan con “muerte”. Quizás estoy muy aferrada a la vida o todavía no tengo elaborada la idea de morir. En los últimos siete meses —que coincidieron con Cultureo— se fueron dos pilares de mi vida: mi perrita y mi abuela.
Escribir “falleció mi abuela” me hace llorar al instante. Y no me gusta llorar. Mi psicóloga insiste en darle espacio al duelo. Yo prefiero creer que es un mal sueño.
Trabajo para no pensar. Canalizo el dolor con productividad, aunque quizá sea lo peor.
Ayer terminé Mis días en la librería Morisaki. Mi novio me sostuvo la mano mientras las lágrimas caían. La muerte también trae eso: sostenerse en otros, porque sola es casi imposible.
Ese momento para reflexionar solo pude vivirlo leyendo. La literatura siempre fue mi sostén. Pensé en mi abuela Ichu y le escribí una carta mientras cerraba el libro.
En Mis días en la librería Morisaki, la muerte aparece como un hilo sutil que atraviesa todo: no como ausencia definitiva, sino como guía, como la manera en que las personas mayores pueden darnos sentido y enseñarnos a sostenernos.
Takako, con veinticinco años y una vida gris, se muda al primer piso de la librería de su tío Satoru, un hombre excéntrico y apasionado por los libros, heredero de tres generaciones de libreros.
Allí descubre un mundo que no conocía: estantes que se desmoronan, torres de libros, clientes curiosos y discusiones sobre literatura japonesa moderna. Poco a poco, a través de los libros, aprende a comunicarse y a relacionarse, y también a abrirse al mundo y al corazón de los otros.
Hay partes de la historia que prefiero no contar, porque algunos libros —como este— pierden su magia si los spoilean. La primera mitad me costó, pensé en abandonarlo, pero después entendí su belleza: un relato que combina ternura, descubrimiento y un sentido profundo de pertenencia. Mientras leía, sentí que sostenía algo más que palabras: sostenía recuerdos, emociones, y esa conexión silenciosa que nos da la literatura cuando la necesitamos.
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Este libro me recordó a mi abuela Ichu, a su manera de sostener y guiar, y me hizo escribirle una carta mientras cerraba sus páginas. Es un libro conmovedor y profundo, que habla de vínculos, memoria y resiliencia, y que transforma la lectura en un abrazo silencioso.
Hoy son casi siete largos meses sin vos, sin poder abrazarte o darte la mano. Son siete meses de recordarte en tu mejor versión, y con ella, la mía. Creo que quizás quienes tenemos abuelos así no dimensionamos la suerte que tenemos de vivir un amor tan puro, recíproco, incondicional, y sobre todo, de amor. Ichu, eras y sos amor. Siempre vas a ser mi compañera de vida. Recuerdo cuando te pedía - a mis 10 años - que no te mueras, porque no podría soportarlo. Ahora pasó y me di cuenta que vos misma me diste las herramientas para sostenerme. También me diste el pasaporte italiano, por el que conocí el mundo, a mi misma, al amor de mi vida y a grandes amigos de esta vida. Conocí todos esos países que conociste, y desarrollé el mismo amor que vos por viajar. Cuando nos volvamos a encontrar estoy segura de que vamos a jugar a la canasta y me vas a enseñar a jugar a la escoba de 15 una vez más. Nunca me alcanzará la vida para agradecerte todo lo que hiciste por mi. Sin saberlo, fuiste una de mis primeras mejores amigas. Siempre juntas. Te voy a amar toda mi vida.
Tu fuerza y pasión por la vida se convirtió en la mía,
Tu vocación de servicio - que te llevó a dejar la medicina por criarnos a Flor, Lucas, Franco y a mi - se hizo propia, y ahora entiendo el por qué de cada una de tus decisiones,
Eras una adelantada en tu época, y símbolo de fuerza e independencia,
Eras graciosa, divertida, y con una mente que trascendía todo.
Llegué en un vuelo de 13 horas (el más feo de mi vida) a darte un último abrazo. Me esperaste. Y yo volví corriendo a tus brazos exactamente como cuando era chica. No hay mayor regalo que haber estado ahí con vos.
Nos volveremos a encontrar.
P.D.: El día en el que dejamos tus cenizas, te dije que aunque me dedicara a escribir, nunca podría escribir lo que significas para mi. Un mes después, empecé a escribir una novela por vos que transcurre en Italia, y espero llevar tu pueblo a todos los rincones del mundo.
Envío este correo en el día de mi cumpleaños, porque mi novio me hizo la sorpresa más linda del mundo: llevarme al pueblo de mi abuela el día de su cumpleaños, después de que yo manifesté querer estar cerca de ella. Hoy, en tu tierra, te honro y te abrazo en tu querida Italia.
A mis lectores de siempre y a los nuevos,
Siempre comparto lo lindo, difícil y desafiante de la vida.
Gracias por cada mensaje que me dejaron en estos meses, de esos que me permitieron seguir creando en el momento más díficil de mi vida. Algún día haré un post sobre el perro más dulce de la vida, Calu, y ahí nos leeremos.
Gracias por ser refugio,
Gracias por leer Cultureo y permitirme pensar en un futuro distinto, colectivo y creativo.
Hasta la próxima,
Sofi

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