El absentismo laboral en España ha alcanzado cifras históricas y ha generado preocupación entre empresas y administraciones. Según los últimos informes de Adecco y Randstad, la tasa se situó en un 7,5 % en el tercer trimestre de 2024 y en un 7 % en el primero de 2025, lo que equivale a más de 1,5 millones de personas ausentes cada día.
El fenómeno más preocupante es el auge de las bajas por motivos de salud mental, que se han disparado un 72 % en un solo año. En 2024 se contabilizaron 643 681 procesos por trastornos psicológicos, con una duración media de 108 días, muy por encima del resto de patologías comunes.
El mediador laboral y miembro de ASNALA, Juan Medina, advierte que “no estamos ante un simple repunte coyuntural, sino frente a una crisis de salud pública que se refleja en el mercado laboral”.
El debate público se ha polarizado con el auge de las llamadas “bajaciones”, término popularizado en redes sociales para referirse a las bajas médicas fraudulentas que coinciden con vacaciones o puentes. Casos de trabajadores que, estando de baja, aparecen realizando actividades incompatibles o publicando fotos en redes sociales han avivado la polémica.
Los tribunales españoles admiten como prueba los informes de detectives y contenidos digitales para acreditar un posible fraude, aunque siempre bajo los principios de idoneidad, necesidad y proporcionalidad. Sin embargo, también existen sentencias que anulan despidos cuando la vigilancia vulnera la privacidad del empleado o cuando la actividad no impide su recuperación.
En este punto, Medina matiza: “Ni todo vale para probar una falsa baja, ni toda actividad durante la incapacidad temporal es fraude. El listón legal exige evidencias claras de incompatibilidad con la patología o de mala fe contractual. Lo demás, son sospechas”.
Una de las grandes dudas entre los empleados es qué pueden o no hacer durante una baja médica. No existe una norma general: todo depende del diagnóstico y las recomendaciones médicas. Actividades leves —como asistir a un evento familiar o pasear brevemente en casos de ansiedad— no siempre son sancionables. En cambio, trabajar por cuenta propia o realizar tareas que dificulten la recuperación sí pueden suponer un despido justificado, si se demuestra.
Medina lo resume así: “Con ansiedad o estrés, socializar de forma moderada puede formar parte de la recuperación. La clave es no contrariar pautas médicas ni realizar actividades que evidencien incompatibilidad con la dolencia”.
Desde 2023, la administración envía los partes de baja y alta médica de forma telemática. En 2025, el Gobierno ha endurecido los controles de las incapacidades temporales, imponiendo límites de 18 meses y evaluaciones al final de cada proceso. Además, se han planteado reincorporaciones progresivas para quienes afrontan bajas prolongadas, y se ha reforzado la coordinación entre mutuas y Seguridad Social.
Medina reconoce que estos cambios pueden ser positivos, pero lanza una advertencia: “Estas revisiones pueden contribuir a evitar que determinados procesos se cronifiquen. Ahora bien, si no se actúa en paralelo sobre los riesgos psicosociales y la cultura interna de las empresas, corremos el riesgo de poner más filtros burocráticos sin resolver las causas de fondo”.
El experto considera que el principal problema no es el fraude, sino la complejidad del sistema. “En una baja intervienen médico de cabecera, especialistas, mutuas, inspección de trabajo, la empresa y, en caso de conflicto, los tribunales, entre otros actores. Incluso puede haber criterios contradictorios: una mutua propone el alta, el médico de cabecera no lo valida, y el trabajador queda atrapado en un limbo. El sistema actual es complejo, plagado de trámites, y se escapa al control de todos los implicados”, explica.
A partir de 2025, la Seguridad Social aplicará un examen médico definitivo al finalizar las bajas largas para evitar prolongaciones innecesarias y verificar la recuperación real. Sin embargo, los expertos advierten que el aumento del control no basta por sí solo.
“Si solo ponemos más filtros, el absentismo seguirá creciendo”, advierte Medina. “La clave está en invertir en salud mental, en prevención y en cultura empresarial. De lo contrario, seguiremos atrapados entre sospechas de fraude y un sistema burocrático ineficaz”, concluye.

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