El Concert Music Festival vivió una de esas noches destinadas a permanecer en la memoria de los aficionados al heavy metal. Helloween convirtió el escenario de Sancti Petri en una auténtica fiesta con un concierto sobresaliente en el que repasó sus más de cuatro décadas de trayectoria, desplegó todo su potencial y confirmó que sigue siendo la mayor referencia del power metal a nivel mundial.
Antes del esperado desembarco de los alemanes, Obús fue el encargado de abrir la velada. Y lo hizo como mejor sabe hacerlo: con una descarga de heavy metal clásico, directo y sin concesiones. La veterana formación madrileña tiró de oficio, actitud y un repertorio plagado de himnos para ir elevando la temperatura de un público que respondió desde el primer momento. Su actuación dejó el ambiente en el punto perfecto para recibir a Helloween, que hizo suya la noche gaditana durante algo más de dos horas.
Cuando las luces se apagaron y comenzó a sonar March of Time, quedó claro que la gira del 40º aniversario del debut discográfico Helloween no vive únicamente de la nostalgia. Al contrario, es la demostración de que la banda atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera, como demostró desde el primer acorde, ofreciendo un concierto vibrante en el que apenas hubo respiro.
Un viaje por más de cuarenta años de historia
El setlist, no por esperado, deja de agradar a los incondicionales de la banda alemana. Lejos de limitarse a enlazar éxitos, Helloween construyó un recorrido por prácticamente todas las etapas de su carrera, alternando clásicos imprescindibles con temas recientes que evidencian que la inspiración del grupo continúa muy viva.
El público disfrutó de temas históricos como Future World, Ride the Sky, I want out, Heavy Metal (Is the Law) o el emocionante cierre con parte de Keeper of the Seven Keys, sin olvidar composiciones actuales como This Is Tokyo, Into the Sun o Universe (Gravity for Hearts), que encajan con absoluta naturalidad entre los grandes himnos del grupo.
Uno de los momentos más especiales llegó con el bloque acústico formado por In the Middle of a Heartbeat y el comienzo de A Tale That Wasn't Right, un breve respiro que sirvió para preparar el asalto definitivo a un tramo final sencillamente espectacular.
Y es que pocos grupos pueden presumir de cerrar un concierto enlazando Halloween, Eagle Fly Free, Power, Dr. Stein y Keeper of the Seven Keys. Una sucesión de clásicos que convirtió los últimos minutos en una auténtica explosión de energía, con miles de voces acompañando a la banda hasta el último acorde y jugando con las enormes “calabazas” hinchables lanzadas hacia la pista.
Técnica, complicidad y una diversión contagiosa
Si musicalmente Helloween ofreció una exhibición, sobre el escenario transmitió algo todavía más importante: la sensación de que todos y cada uno de sus integrantes siguen disfrutando enormemente tocando juntos.
Michael Kiske y Andi Deris volvieron a demostrar que su convivencia vocal y complicidad en el escenario funciona a la perfección. Ambos se repartieron el protagonismo con absoluta naturalidad, complementándose en cada momento coincidente y cediéndose el protagonismo según uno u otro tema. Eso sí, con permiso de Kai Hansen, un genio de la guitarra que también mantiene su característica voz para entonar temas del primer disco de Helloween (Walls of Jericho), en el que ejerció como vocalista titular allá por 1985.
Junto a ellos, Michael Weikath y Sascha Gerstner construyeron un auténtico muro de guitarras, alternando melodías, armonías y solos con una precisión admirable. Markus Grosskopf volvió a ser el ancla rítmica del grupo con un bajo sólido y contundente, mientras Dani Löble firmó una actuación brillante tras la batería, combinando potencia y precisión con una aparente facilidad que le permitió marcarse un solo de altísimo nivel.
Pero uno de los mayores atractivos del concierto fue, una vez más, el ambiente que desprende la propia banda. Las sonrisas eran constantes, las bromas entre unos y otros se sucedían durante toda la noche y esa complicidad terminaba trasladándose al público.
Helloween transmite la sensación de seguir disfrutando como el primer día y esa alegría termina contagiando inevitablemente a quienes están delante del escenario.
Uno de los instantes más simpáticos llegó cuando los propios músicos sorprendieron a Michael Weikath por su cumpleaños, al que se llegó al pasar la medianoche. Tras pedir al público que le cantara el tradicional "Cumpleaños feliz", apareció una tarta sobre el escenario entre aplausos, sonrisas y bromas de sus compañeros en una escena tan espontánea como entrañable que reforzó aún más esa sensación de familia que transmite actualmente Helloween.
Una comunión total con el público
Desde el primer minuto, la conexión entre la banda y el público fue absoluta. Cada clásico era recibido con una ovación, los estribillos e incluso temas enteros se cantaban prácticamente de principio a fin y la energía no decayó en ningún momento. Más que un concierto, la sensación era la de asistir a una gran celebración compartida entre músicos y aficionados. Eso es Helloween, mucho más que un grupo de música.
Los alemanes abandonaron el escenario entre una cerrada ovación después de demostrar que más de cuatro décadas después siguen siendo una referencia absoluta del heavy metal mundial. No solo por la calidad de sus canciones o por la precisión de su directo, sino porque conservan intacta esa capacidad de hacer que miles de personas se diviertan al mismo tiempo que ellos. Y ello mientras la banda continúa escribiendo su historia con la misma ilusión que el primer día.
- Set list de Helloween -
- March of Time
- The King for a 1000 Years
- Future World
- This Is Tokyo
- We Burn
- Twilight of the Gods
- Ride the Sky
- Into the Sun
- Hey Lord!
- Universe (Gravity for Hearts)
- Drum Solo
- I Want Out
- In the Middle of a Heartbeat
- A Tale That Wasn't Right
- Heavy Metal (Is the Law)
- Halloween
Encore - Eagle Fly Free
- Power
- Dr. Stein
- Keeper of the Seven Keys (parte)

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