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Andalucía Información :: Últimas noticias - Alcalá la Real · Aug 13, 2026

Crónica de un hallazgo: la Fundación Toral-Soler, en Alcalá la Real

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Josefa Báez Ramos (El Legado de las Mujeres) · Andalucía Información

Sepan que mi proyecto actual es la elaboración de una biobibliografía de la escritora madrileña Marina Romero Serrano (1908-2001). No se sorprendan si no les suena. Es una mujer desconocida cuya obra, salvo limitadas excepciones, ha sido ignorada en nuestra historia literaria, como la de tantas otras en todas las épocas. Pensionada por la Junta de Ampliación de Estudios, con una beca para un curso académico en el Smith College, de Northampton, en el estado de Massachusetts, la entonces maestra del Instituto-Escuela, de Madrid, salió hacia Estados Unidos en 1935. Depurada por los guardianes vencedores tras la Guerra Civil, no regresó definitivamente hasta 1970.

Siguiendo su rastro, localicé, en una librería de viejo de Barcelona, el poema titulado «Para una canción con música…. de otra parte», mecanografiado en una cuartilla y firmado por «Gracián Quijano», uno de los varios seudónimos usados por la andujareña Francisca Cristina Sáenz de Tejada y Ortí, Paca Tejada (1896-1974). Debajo de la rúbrica autógrafa, su peculiar datación: 1000-900-53. Los versos ponderan, en un raudal de exclamativos, la naturaleza de Marina Romero, y esta guardó la hoja, pegándola en el ejemplar de su libro Presencia del recuerdo (1952). He aquí el poema (mantengo la puntuación, pero he actualizado la ortografía): «¡Qué nombre el de esta mujer! / Tiene sandunga y salero, / se llama -lo quiso Dios-… / ¡¡Marina Romero!! / Me huele a juncia y clavel, / a flores de serranía. / ¡Qué nombre el de esta mujer, / madre mía! / Quiero llegar donde esté; / lléveme usted en su calesa / aunque me cueste dinero / ¡cochero! / Quiero cantarle una copla / de la baja Andalucía; / brindar con vino en Jerez, / ¡tierra mía! / Me suena a romance claro, / a vendimia y sementera, / yo quiero hacerme con él… / ¡Cadena! / Cadena de plata y oro / con un relojito plano / “pa” que me cante las horas / ¡en la mano! / ¡Qué nombre el de esta mujer! / ¡Da, miedo! / ¡Lléveme usted donde esté! / ¡¡Cochero!!». Es decir, que Marina y Paca se conocieron. ¿Dónde, en Madrid? ¿Cómo, quién, qué las reunió? ¿Perduró su trato después de 1953? ¿Se conservarían documentos de la vida y obra de Paca Tejada que proporcionaran algunas claves? La incitadora curiosidad del entendimiento. Ni por asomo hubiera pensado que viajaría, desde la dehesa plana de encinas y alcornoques, a la manta ondulante de olivares altivos tratando de encontrar las respuestas en papeles guardados por la Asociación Cultural Enrique Toral y Pilar Soler, sita en Alcalá la Real. No sólo desconocía yo entonces la existencia de tal archivo privado, sino también los fondos que poseía, al igual que, ¿sería cierto?, estaban a disposición de los investigadores sin limitación alguna.

Tengo deudas de gratitud hacia personas e instituciones que, al comunicarme con ellas, enseguida atendieron mis pesquisas iniciales. Rafael Vázquez Alonso me facilitó enlaces precisos para el Instituto de Estudios Giennenses (IEG) y su Boletín, para lo que había sobre la colección Vilanos (un proyecto editorial de Paca Tejada, en el que, pese a querer publicar obras de autoras contemporáneas, como Alfonsa de la Torre, Juana de Ibarbourou y Gertrud von Le Fort, solo aparecieron Oda a la Reina del Irán, de la primera y El lago de los cisnes ciegos, de la propia Tejada); sobre el madrileño círculo literario «Gil Blas», al que pertenecía Tejada ―fundado en 1949 en el domicilio de la archivera Elena Amat Calderón (1910-2006), y donde el bibliófilo Enrique Toral Peñaranda (1920-2013) habló, en febrero de 1950, sobre un manuscrito de Gustavo Adolfo Bécquer―, así como sobre la tertulia artística, en amplio significado, conocida como «El Faro». ¡Cuántos itinerarios reclamando atención!

Por otro carril, averigüé que, en 2017, Juan Vicente Córcoles de la Vega, docente, investigador y consejero del IEG, había participado en un encuentro de historiadores en Andújar, con homenaje a Gracián Quijano. Él me encaminó hacia el profesor y académico Ignacio Ahumada Lara, quien, a su vez, me recomienda finalmente conectar con Francisco Toro Ceballos, Paco, técnico de Cultura del Ayuntamiento de Alcalá la Real hasta su jubilación y cronista oficial de la ciudad, pues, junto a su esposa, Carmen Muñiz, gestiona el legado de Tejada. Toral Peñaranda, historiador, genealogista, consejero fundador del IEG, había sido su depositario en primer término; a su muerte, lo entregó a la asociación Toral-Soler junto a cuanto él mismo había ido compilando a lo largo de su vida.

Son verdaderamente impresionantes la extensión y la magnitud de lo que contiene el legado: la vivencia de un hallazgo, que con tan afable cordialidad me detallara Paco. En varias mesas, cientos de volúmenes con correspondencia remitida a miembros de la familia Toral por Bécquer, Ramón de Campoamor, Samaniego, Juan Valera, Narciso Campillo…; diligentes recortes de prensa en los que, en ocasiones, el esmero olvidó preservar la fecha y la página del periódico; un fondo heredado del sevillano Carlos Peñaranda y Escudero (1848-1908), abuelo de Enrique Toral, funcionario en Puerto Rico y Filipinas. En las estanterías rinconeras, material específico de las hermanas de Enrique esperando la mano de nieve ―o de sol― que lo despierte: de Carolina (1908-1979), traductora, cuentista, novelista; de María Teresa (1911-1994), farmacéutica, química, grabadora, y cuyos trabajos artístico y científico determinaron que, en el marco de la Fundación Museo del Grabado Español Contemporáneo, se creara el Premio María Teresa Toral. Y cómo no saludar la referencia al par de miles de volúmenes procedentes de la colección del periodista republicano Ricardo Fuente Asensio (1866-1925), primer director de la Hemeroteca Municipal de Madrid, llegada a la Asociación por el vínculo establecido entre Teresa Toral y la activista política Carmen Caamaño Díaz (1909-2006), nuera de Ricardo Fuente (estaba casada con Ricardo Fuente Alcocer), cuando coincidieron en la Cárcel Modelo de Madrid y madre de otro Ricardo Fuente, el que donó esta obra a la Asociación. Cómo no honrar, en fin, las partituras originales de Lan Adomián (1905-1979), compositor de origen ucraniano ―con quien, en el exilio mexicano, contrajo matrimonio Teresa―, voluntario en el Batallón Abraham Lincoln, que apoyó a la Segunda República Española durante la Guerra Civil. Caminos para la recuperación histórica.

No se agota aquí la herencia encomendada a la Toral-Soler. Está la obra de Gracián Quijano, manuscritos inéditos, artículos, autógrafos literarios y pictóricos de las íntimas y artísticas reuniones que alentó en «El Faro», un estudio en la terraza sonriente de flores y de luz del teatro Alcázar, desde donde gozar el maravilloso y madrileño panorama de la calle de Alcalá; una decena de minúsculas agendas anuales en las que Paca registraba diariamente sus asuntos domésticos, sus visitas, sus salidas, sus sueños…; una variedad de cartas, de Mercedes Lobo a Josefina Romo Aregui, de Pilar Primo de Rivera a Joaquín Ruiz Giménez. Reconozco que me atrajo particularmente la entrañable amistad reflejada en las de Elisabeth Mulder, Elena Fortún y Concha Espina, meticulosamente encuadernadas en sendos volúmenes verdes.

Al final, el balance de mi escapada a la Toral-Soler resultó fructífero para la investigación sobre la exiliada Marina Romero. De por entre los autógrafos de «El Faro» y los renglones azules de las libretitas de Paca afloraron los eslabones que prueban la conexión entre ambas. Cuando, mediada la década de los años cincuenta, Marina viene a España con una beca de la universidad estadounidense de Rutgers, donde trabajaba, a fin de recoger material y fotografiar las tierras que miraron los de la Generación del 98, para su libro Paisaje y literatura de España. Antología de los escritores del 98 (1957), asistió, junto a algunas de sus amigas más cercanas ―Carmen Kruckenberg, poeta; Consuelo Berges, traductora de Stendhal; Sofía Novoa, musicóloga; Justina Ruiz de Conde, estudiosa de la poesía de Antonio Machado y de Jorge Guillén― a las reuniones en «El Faro». Allí le escribe unas líneas a su organizadora en mayo de 1954. Luego, pese a la ausencia intermitente de Romero, la relación entre ellas continuó, y así lo anota Paca el 29 de diciembre de 1967, contenta con la visita cariñosísima de Marina y Sofía Novoa.

Dejé el archivo en Alcalá satisfecha de haber conocido lo que aún espera en las carpetas de la asociación Toral-Soler, y muy agradecida a Paco Toro. Ya ha habido otros colegas que, como yo, han acudido a ellos con sus respectivas pautas de trabajo. Más habrán de llegar que vivan el trance de este descubrimiento.

Read the original on andaluciainformacion.es

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