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Andalucía Información :: Últimas noticias - Viajes · Aug 21, 2026

A poco menos de una hora de Málaga: este pueblo es una escapada perfecta para los atardeceres de verano

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A. Ríos · Andalucía Información

Comares es uno de esos pueblos malagueños que parecen colocados a propósito en el sitio perfecto. En lo alto de la Axarquía y asentado sobre una elevación montañosa a unos 700 metros de altitud, este municipio blanco da la sensación de estar suspendido en el aire, con sus casas aferradas a la roca y un entorno que se abre hacia las sierras del interior de Málaga.

Quien se anima a subir hasta este balcón natural descubre un entramado de calles encaladas, rincones estrechos y miradores que miran a un horizonte casi infinito. Y, al caer la tarde, el pueblo se transforma en uno de los mejores escenarios para disfrutar de uno de los atardeceres más bonitos del verano en la provincia.

  1. Cómo es Comares, el Balcón de la Axarquía
  2. Atardeceres de verano desde los miradores
  3. Miradores, paseo por el casco y pasado andalusí
  4. Una escapada de interior para el verano

Cómo es Comares, el Balcón de la Axarquía

Llegar hasta Comares ya marca el tono de la visita. El camino obliga a dejar atrás la franja de costa y adentrarse en una zona de montañas, olivares, almendros y pequeños pueblos blancos diseminados por la Axarquía. Poco a poco, la silueta del municipio aparece en lo alto, coronando la cumbre como una fortaleza blanca que domina el paisaje.

No es casual que se conozca como el «Balcón de la Axarquía». Los miradores repartidos por el pueblo ofrecen vistas que justifican el trayecto por sí solas. En los días despejados, la vista abarca buena parte de las montañas de la comarca e incluso permite distinguir el Mediterráneo en la distancia, en un escenario que va cambiando a medida que avanzan las horas.

Atardeceres de verano desde los miradores

Las luces del día van transformando la estampa de Comares. Las primeras horas dibujan las montañas con tonos suaves y, al final de la jornada, el sol tiñe las laderas con una sucesión de sombras y colores. Es al final de la tarde cuando el pueblo muestra una de sus caras más especiales, sobre todo durante el verano, cuando el calor afloja y apetece buscar un buen sitio al aire libre.

En esa franja del día, los miradores de Comares se convierten en lugares ideales para sentarse un rato y quedarse simplemente mirando. El cielo se llena de tonalidades anaranjadas y rojizas y, gracias a la ausencia de las aglomeraciones típicas de la costa, el ambiente se mantiene tranquilo. No hace falta mucho más: basta encontrar un rincón elevado desde el que ver cómo cambian de color las montañas mientras el día se despide.

Miradores, paseo por el casco y pasado andalusí

Entre los puntos panorámicos más conocidos destaca el Mirador de la Mesa de Mazmúllar, uno de los lugares desde los que se obtiene una amplia visión del entorno. Pero el encanto de Comares no se limita a un solo punto: al recorrer el casco histórico, los miradores surgen casi sin buscarlos. Una esquina, una pequeña plaza o una calle elevada pueden actuar como balcones improvisados hacia la sierra.

El paseo invita a tomarse el tiempo con calma. Las calles estrechas mantienen buena parte de la configuración original y obligan a seguir el desnivel de la montaña, lo que contribuye a la fisonomía tan característica del pueblo. Esa adaptación al terreno, con casas blancas y tejados rojizos encajados en la pendiente, construye una imagen típicamente andaluza, salpicada de macetas, puertas de colores y rincones encalados que parecen pensados para descubrirlos a pie.

Una escapada de interior para el verano

Comares ofrece una manera distinta de vivir el verano en la provincia de Málaga. Frente a las playas llenas de sombrillas y los paseos marítimos concurridos, el interior propone una escapada donde mandan el paisaje y la tranquilidad. El municipio se sitúa a una hora por carretera desde la capital malagueña, en una comarca donde los pueblos blancos se distribuyen entre montes y valles, cada uno con su carácter propio.

Durante los meses más calurosos, una buena idea es llegar a última hora de la tarde, cuando el calor empieza a disminuir. Un recorrido por el casco histórico, una parada en sus principales vestigios y, como colofón, la búsqueda de un mirador para ver la puesta de sol, forman un plan sencillo, pero difícil de olvidar. La realidad es que lo que más queda grabado es esa sensación de estar en un lugar que parece colgado de la montaña, con el paisaje extendiéndose a los pies y el horizonte transformado en un escenario cambiante al caer la noche, cuando el pueblo se ilumina como un balcón blanco suspendido en la oscuridad.

Read the original on andaluciainformacion.es

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