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Ahora yo creo que él le aguanta. ¿Estamos? Ahora sí. Muy bien. Vale, ya tenemos esto sonoro. Gracias, Javi. Planteate meter esto en el programa. Esta primera parte. ¿Por qué no? Podríamos plantearlo. Bueno, lo que tú creas. Quiero... ¿Quieres empezar? Yo sé cómo quieres empezar.
Jaime, quiero ver cuánto tardas en saber de qué va el tema. No, pero... Ah, porque va... Uh, vale. Porque vas a empezar con un tema que no te he explicado. Oh, qué guay. A ver, ¿cuánto tardo? ¿Estamos cronometrando? Sí, cronometra. Bueno, ahí tenemos un cronómetro, entonces lo podemos ir viendo, ¿vale? Yo voy a empezar a leer. En el año 1244, una familia noble italiana encerró a su propio hijo en un castillo durante más de un año.
Primera frase. Ostras, debería saberlo. Debería saberlo. ¿No? A ver. Es 1244, tampoco. Hohenstaufen. ¿Cuántos datos tenemos de gente en 1244? Tampoco hay mucha gente. A ver, yo tengo demasiados. No, la verdad es que no, soy un desastre. No porque hubiera cometido un delito. Emperador. Federico. Sino porque quería hacerse fraile. Ah.
¿Tú? ¿En serio? Espera, ¿en 1244? Sí. Ah, Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás de Aquino. Ese joven callado y corpulento que sus compañeros apodarían el buey mudo, sería luego el filósofo más influyente de la Edad Media. Esta es su historia en cuatro escenas. Entonces te quiero explicar cuatro anécdotas de Santo Tomás de Aquino y a partir de ahí reflexionar sobre lo que dice.
Ese es el tema. Estamos aquí en Viejo Café. ¿Qué tal, Jaime? ¿Cómo estás? No te estás adaptando a las dinámicas. No, es que ¿sabes lo que pasa? Tú quieres unas dinámicas que me encantan. Yo intento hacer lo que puedo con las dinámicas y luego que me pillas. No me dices el tema, me lo lanzas y me dices ¿sabes cuánto tardas? Y entonces me he equivocado. Y entonces está muy bien que eso sea así. Pero espera que en cuanto a las dinámicas yo no sé qué son las dinámicas. Pero me gustan las dinámicas. Estoy a favor de las dinámicas aunque no...
Soy las dinámicas. Soy una señora blanca protestante de Nueva York en 1965. Por ejemplo. ¿Eh? ¿Cómo? Es que no he entendido nada de esto. Tú puedes estar a favor de algo que luego no eres tú. Vale, sí, sí. Entiendo. Que te parece bien, pero te cuesta adaptarte a ellas. ¿Querías decir eso? Eso es. Bueno.
A quien no le costaba adaptarse es a Santo Tomás. Ojo, a eso veremos, eso veremos. Mira, contexto, ¿vale? Siglo XIII es el siglo por excelencia de las órdenes mendicantes. Como sabes, es cuando en primer lugar se fundan los franciscanos y los dominicos. Esto te he convencido que lo tenías claro. Luego, segunda idea importante, la familia de Aquino es la familia de la alta nobleza italiana.
Y con Tomás, con Tomaso, el calladito de la familia, querían que fuera un abad de una abadía benedictina. Una abadía benedictina. Que para el que no lo entienda, son perceptores de rentas. O sea, quiero decir que la abadía en sí es un sinónimo de poder. Sí, era un lugar de estatus. Era el que iba a dirigir la abadía. De hecho, va a estudiar a una. Y su familia tiene...
Tiene castillos, tiene una posición muy importante. En un momento determinado, como bien se sabe, el bueno de Tomás está estudiando y se da cuenta de que lo que más le atrae es una de estas nuevas órdenes mendicantes, en concreto la que procede de España, que son los dominicos. Es que no sé si quieres ver más dinámicas. Sigue, sigue.
Entonces, lo que dice Chester al respecto es que un personaje del nivel de Santo Tomás de Aquino fuera a su familia y les presentara que quería formar parte de los dominicos era lo equivalente a que una persona de la alta burguesía le viniera y le presentara a un...
Pues a un novio o una novia comunista, ¿vale? O sea, eran

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