¡Muy buenas! Esta es una nota rápida para recordarte que Marcos y yo estaremos en la Feria del Libro en Madrid, y si vas a estar por allí, nos encantaría verte/saludarte:
Domingo 7, de 19 a 21: firmando libros en la caseta 348 (librería Ciento Volando), situada en la propia feria, en el parque de El Retiro.
Martes 9, a las 20h: hablando de IA en el Espacio RTVE también situado en El Retiro; me quedaré un ratito tras la charla para los que estéis por allí
Respecto a mi libro, Tsunami, puedes comprarlo online (si lo haces ahora aún te llega) o “in situ” en la propia caseta.
Y nada más, te dejo con un abrazo fuerte y un pequeño fragmento del primer capítulo en el que reflexiono sobre cosas importantes que NO van a cambiar con la IA.
A medida que la IA arrasa con todo aquello que puede hacer mejor que nosotros, veremos con nitidez lo que deja a su paso: experiencias humanas tan profundamente enraizadas en nuestra naturaleza que la tecnología no solo no puede replicarlas hoy, sino que nunca podrá hacerlo realmente.
Creará simulaciones útiles e imitaciones fieles, pero el núcleo permanecerá siempre fuera de su alcance, inalienablemente humano. Ahí seguirá, inamovible, la sabiduría para decidir qué metas tiene sentido perseguir, porque le dan sentido a nuestra vida.
Quedarán los momentos y los lazos que construimos con otros humanos. La química con tu compañero de equipo, la pasión de cuando erais amantes y la complicidad ahora que sois esposos. La camaradería entre soldados dispuestos a dar la vida unos por otros. La amistad profunda de quienes han crecido juntos y la conexión casi reverencial que sentimos hacia un artista o un deportista que tuvo que atravesar el infierno antes de alcanzar la gloria.
También persistirán los espacios pequeños pero esenciales del día a día: el olor a tierra mojada, el frío en la cara y el calor de tu cama. Las siestas con tu gato acurrucado a los pies y los paseos con tu perro al atardecer. La cara de cartón que se te queda cuando la vida te da una buena bofetada y, tiempo después, la sonrisa que se te escapa al pensar no solo que lo superaste, sino que podrías volver a hacerlo.
Existe además una dimensión moral que ninguna máquina puede sentir ni comprender realmente: la culpa, el perdón, el arrepentimiento, el sacrificio. Leer un día que solo hay cuatro frases en la vida («Gracias», «Te quiero», «Perdóname» y «Te perdono») y pensar que no puede ser, para acabar entendiendo que, en esencia, así es. Ese momento casi ritual en que alguien dice, en medio del desastre: «Algún día nos reiremos de esto», y la tarde, años después, en la que efectivamente os reís recordándolo. El sentirse de más y el echar de menos. Despertarte en un hospital y sentir que alguien te agarra la mano.
Nada de eso se puede reducir a algoritmos. La mirada de un hijo, la confianza inquebrantable en un hermano, las lecciones de vida de un padre o el amor incondicional de una madre. Que alguien te haga reír mientras lloras, y que te acabe haciendo llorar de la risa. La piel de gallina. La chispa del primer «te quiero» y la amargura del último «adiós», ya sea en un cementerio o al cerrarse las puertas de un ascensor.
Las lágrimas de entonces, y las que ahora se asoman en mis ojos mientras escribo estas líneas porque soy humano, porque he vivido y porque un día dejaré de hacerlo, pero algo de mí quedará en ellas.
¿Qué sabe la IA de todo esto? Porque la IA podrá hacer que la ciencia avance y poner más años en la vida, y eso está muy bien, pero seguiremos siendo nosotros los que tengamos que poner más vida en los años. Porque escribo este libro como un primer empujón para que domines la IA, pero dominar la IA no es el fin, sino el medio.
El fin es vivir.

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