Todo el mundo parece estar hablando de lo mismo, y es que mi nuevo libro, Tsunami, se ha situado como el más vendido en su categoría. La versión en papel sale el 20 de mayo pero puedes comprar la digital en mi página web (incluye instrucciones para pasarlo a tu Kindle o lector digital en menos de un minuto).
Y aunque todos podamos estar de acuerdo en que eso ha sido lo más importante de este mes, no ha sido lo único; también he creado una nueva cuenta de Instagram, donde colgaré noticias, minitutoriales y consejos prácticos sobre IA si las cosas van bien, y fotos semienpelotas y bailes absurdos si las cosas van mal, que me ha dicho mi agente (mi agente IA quiero decir, que tampoco soy famoso como para tener uno humano) que es lo que vende.
Y ahora que hemos alcanzado (y por “hemos” quiero decir “he”, que la verdad que tú no tienes culpa de nada) mi límite inicial de gilipolleces anuncios, hablemos de IA.
Este mes ha habido varios lanzamientos muy importantes que, sin embargo, no han deslumbrado. Y en parte es normal porque su importancia se va a notar en los productos que se construyan por encima (agentes capaces de completar flujos de trabajo más largos y complejos de forma más fiable y barata.), pero no en tu chatbot, donde la mayoría de las conversaciones ya no requieren más inteligencia.
Algunos ejemplos destacados:
Anthropic lanzó Opus 4.7 y el recibimiento fue más bien frío. En el uso diario hace esencialmente lo mismo que 4.6, y además es un modelo más grande que consume más tokens (llega antes a los límites de uso en el chatbot, y sale más caro en la API).
OpenAI lanzó GPT-5.5 (aunque tú tal vez no lo hayas visto; sigue leyendo) y el recibimiento fue bueno pero moderado. Se notan ciertas mejoras en personalidad/inteligencia y es más rápido que su antecesor, luego sí diría que es un avance, pero moderado.
DeepSeek (laboratorio chino) liberó V4 con unas capacidades similares a las de la generación anterior de los modelos occidentales (GPT-4.4, Opus 4.6…). Aquí lo importante es el precio, muy bajo, que permitirá aplicarlas a todo tipo de casos de uso.
Dicho esto, también ha habido novedades con un impacto inmediato. El más visible (y visual) es Images 2.0, el nuevo modelo de OpenAI que le ha quitado el trono a Nano Banana Pro (de Google) ya no tanto por la calidad de imagen sino por su capacidad de razonar y organizar sus elementos (número de componentes, relaciones entre ellos, introducción de textos complejos, etc.).
Véase por ejemplo esta representación visual del famoso paper “The hallmarks of aging” (Las marcas o características distintivas del envejecimiento):
Otro lanzamiento con un impacto inmediato ha sido Claude Design, el nuevo producto de Anthropic que te permite crear todo tipo de diseños para todo tipo de artefactos (páginas web, presentaciones, marcas personales, “branding kits”, etc.).
Fue bien recibido pero la alegría les duró poco porque Google liberó casi inmediatamente después un estándar abierto (DESIGN.md) que te permitirá trabajar con esos diseños (o crear los tuyos propios) en cualquier otra plataforma.
Esto es importante porque en este campo de batalla del producto se va a responder una pregunta muy importante para el futuro de la IA: ¿vamos hacia productos y ecosistemas con forma de “jardín cerrado”, como la App Store, o de red abierta, como Internet?
Anthropic parecía apostar por lo primero con Claude Design (cerrado y cómodo) y Google (y muchos usuarios, incluido yo) por lo segundo, con DESIGN.md (abierto y libre).
Y es que sí, aquí el gran gigante tecnológico podría estar de nuestra parte, pero no por filantropía, sino por incentivos. Anthropic y OpenAI necesitan ganar esta batalla (es su único negocio; viven de cobrar por IA) pero a Google le vale con que no ganen los demás, porque no vive de la IA sino que tiene búsqueda, Android, Waymo, YouTube, Workspace, distribución, dinero y tiempo.
Otro tema importante. Tal vez no lo sepas pero hasta ahora hemos tenido una IA artificialmente barata, mantenida con dinero de inversores para captar nuevos usuarios.
Pero esto podría estar cambiando, y abril nos dejó un primer aviso: Anthropic quitó sin avisar Claude Code del plan Pro de $20/mes y lo movió al plan Max de $100. Las redes se revolucionaron de tal manera que Anthropic dio marcha atrás veintidós horas después, pero en su comunicado se les escapó una frase que anticipa cambios que podrían llegar más pronto que tarde:
La interacción por suscriptor ha subido mucho y nuestros planes actuales no estaban hechos para esto.
En otras palabras: estamos perdiendo dinero incluso con los usuarios de pago “normales”.
Y no es un caso aislado: GPT-5.5 ha quedado fuera del plan gratuito. La industria está calibrando en directo cuánto cuesta cada usuario y, mes a mes, lo que era frontera baja se vuelve frontera media.
En mis tiempos como consultor en la city (la de Estados Unidos, no la de Inglaterra), si yo estaba al mando de una presentación, podrías estar seguro de dos cosas:
Las cifras podrían estar mal, pero las cajas iban a estar alineadas al milímetro
Iba a haber una diapositiva (al menos una) con una matriz 2x2
Y es que una presentación sin una matriz 2x2 es como un mono sin pistola, o como un perro sin flauta; parece que le falta algo.
Ahora que los agentes han dado un salto de nivel y que cualquiera puede crear aplicaciones, he considerado conveniente volver a las andadas para explicar cuándo podemos (y cuándo no debemos) crearlas con IA. Los cuadrantes en este caso se forman combinando las respuestas a dos preguntas simples:
¿Es crítico? (¿Afecta a tu trabajo, tus clientes, datos sensibles, decisiones serias?)
¿Es verificable? (¿Puedes comprobar que el resultado es correcto?).
Nada más; si andas corto de tiempo lo podemos dejar aquí. Si tienes unos segundos le puedes reenviar este correo/post a un familiar/amigo (y darle al Me Gusta al final de este mensaje, que es gratis pero lo agradezco mucho).
Y si tienes un minuto puedes leer hasta el final porque te dejo como extra una reflexión de mi libro sobre las dos habilidades que en mi opinión van a producir “la Gran Bifurcación” en los próximos años.
En cualquier caso yo volveré el mes que viene para contarte cómo va evolucionando esta montaña rusa de novedades y emociones en la que se ha convertido el mundo de la IA en este 2026. Abrazo fuerte.
— EXTRACTO DE MI LIBRO TSUNAMI —
LAS HABILIDADES DE LA «GRAN BIFURCACIÓN»: AUTORREGULACIÓN Y AGENCIA
Todo lo que hemos visto hasta aquí (productividad, ingresos, ahorro, inversión) son palancas tácticas.
Pero lo que espero en los próximos años es que se produzca un fenómeno más profundo y que se ha popularizado como La Gran Bifurcación: una profunda brecha social, económica y tecnológica que se abrirá y se hará cada vez mayor en los próximos años, provocada por la adopción de la inteligencia artificial.
Hay todo tipo de teorías sobre los factores exactos que determinarán en qué lado de la brecha caerán los países, las compañías y los individuos.
En mi opinión, a nivel personal no será tanto una cuestión de talento ni de inteligencia, sino de dominar dos habilidades concretas: una defensiva y otra ofensiva.
La habilidad defensiva es la autorregulación. La IA no solo va a crear oportunidades; también va a crear trampas diseñadas específicamente para ti.
Entretenimiento personalizado y optimizado para engancharte. Relaciones con IA que simulan comprensión y afecto para mantenerte dentro de una aplicación. Herramientas de productividad que te hacen sentir productivo sin producir nada real. Contenido generado industrialmente para capturar tu atención y no soltarla.
Iremos viendo estos riesgos en detalle en los próximos capítulos, pero quiero adelantarlos aquí porque el factor común es el mismo: todos compiten por tus dos recursos más valiosos e irremplazables: tu tiempo y tu atención.
Sin autorregulación, la misma IA que te da diez palancas de valor te quita las horas y el foco que necesitas para usarlas.
La habilidad ofensiva es la agencia. Si la autorregulación protege tu tiempo y tu atención, la agencia determina qué haces con ellos.
Es la capacidad de actuar con criterio y coraje cuando el mapa es borroso y cambia a menudo. De moverte eligiendo la mejor dirección incluso sin tener claro el destino. De ir de fracaso en fracaso sin perder el optimismo, porque cada intento te devuelve información que ningún análisis teórico y ninguna conversación con ChatGPT pueden darte.
En el primer capítulo hablaba de los ciclos de «decidir-actuar-aprender-ajustar» como la mejor forma de navegar la incertidumbre. La agencia es lo que enciende ese motor. Sin ella, los ciclos no arrancan.
En un mundo donde la inteligencia se puede «alquilar» (a la IA), la agencia se revaloriza porque ni se alquila ni se compra: hay que desarrollarla.
Además, la acción aumenta lo que podríamos llamar tu superficie de contacto con el mundo. Cuanto más haces (proyectos, conversaciones, experimentos, prototipos), más probabilidades tienes de que te encuentre una buena oportunidad.
La suerte existe, pero no es del todo aleatoria; favorece a quien se expone. Y un último apunte: la agencia y la autorregulación no solo se entrenan; también se contagian, así que rodéate de gente que las tenga.
Se las reconoce fácilmente porque están obsesionadas por aportar valor, se quejan muy poco, protegen su atención, hablan en verbos («hice, probé, lancé»), iteran rápido, persisten sin desanimarse, no dramatizan los tropiezos y allá donde van alejan la media de la mediana.
Son constructores, curiosos, polímatas prácticos y buena gente. Pasa más tiempo con los que conozcas en persona y sigue en redes a quienes encuentres online.
Porque la agencia y la autorregulación se entrenan en soledad, pero se multiplican en (buena) compañía.

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