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Familias Sólidas · Aug 22, 2026

Invierta sabiamente su tiempo

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Fernando Alexis Jiménez · Familias Sólidas

Dios nos ayuda, si se lo pedimos, a hacer un buen uso del tiempo cada día.

¿Se ha preguntado cuándo se inventó el primer reloj? Buena pregunta, sin duda. Los historiadores señalan que el primer instrumento para medir el paso del tiempo fue el reloj solar, inventado en el Antiguo Egipto alrededor del 1500 a. C., aunque los primeros registros de relojes de agua (clepsidras) datan de cerca del 1400 a. C.

Sin duda han pasado muchos siglos. Y el paso del tiempo sigue inquietando a las personas. ¿Por qué? Porque generalmente hacemos mal uso de las horas, los días, los meses. Y luego, cuando no hay nada que hacer, nos arrepentimos.

Al filósofo Séneca (año 65 d.C.) se atribuye la siguiente frase:

“... recupera y conserva el tiempo que hasta ahora te han quitado, o te han robado, o se te ha escapado. Convéncete de la verdad en mis palabras: hay momentos que nos arrebatan, otros que nos roban, otros que se desvanecen. La más vergonzosa, sin embargo, es la pérdida por descuido. Es más, si te fijas bien, verás que perdemos buena parte de la vida cuando no actuamos bien, una buena porción mientras no hacemos nada, y todo el resto cuando hacemos lo que no deberíamos estar haciendo.”

Tiene particular vigencia en nuestra época en la que tantas personas andan afanadas y una queja es que no les “alcanza el tiempo”.

Curioso, porque todos tenemos 24 horas cada día y hay quienes son sabios al utilizar cada instante.

«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho». Esta célebre afirmación de Séneca en su obra De la brevedad de la vida condensa una verdad profunda: la vida es lo suficientemente larga si sabemos emplearla bien, pero se nos escapa de las manos cuando la malgastamos en trivialidades, afanes huecos y distracciones insustanciales.

La sabiduría, tanto filosófica como espiritual, consiste en aprender a discernir lo urgente de lo trascendente.

El tiempo es el único recurso verdaderamente irrecuperable que poseemos; regalarlo o dejarlo diluir en prioridades secundarias es descuidar la vida misma.

Sobre esa base, permítame compartir tres propuestas para un adecuado uso del tiempo:

1.- La relación con Dios como cimiento. Debemos entregar a Dios los primeros frutos de nuestro día y de nuestra agenda no reduce nuestro tiempo; lo ordena y lo multiplica en sentido. Cuando la vida espiritual ocupa el centro, las emociones se serenan y las decisiones cotidianas se toman con mayor claridad y templanza.

2.- La presencia en la familia El amor familiar no se cultiva en los momentos que “nos sobran”, sino en el tiempo que decidimos proteger e invertir intencionalmente. Estar verdaderamente presentes para los nuestros —escuchando, acompañando y compartiendo— edifica legados que trascienden cualquier logro externo.

3.- El crecimiento personal y espiritual El alma y la mente necesitan nutrirse constantemente. Dedicar espacio a la lectura, la reflexión, la oración y el cultivo de virtudes evita que nos convirtamos en meros espectadores de nuestra propia existencia.

Para complementar la perspectiva de Séneca, las Escrituras nos ofrece un principio fundamental sobre la sabiduría en la gestión de nuestros días:

«Enseñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.» (Salmo 90:12)

Contar los días no significa vivir con temor al paso de los años, sino cobrar conciencia del valor de cada jornada para vivirla con propósito, fe y amor hacia quienes nos rodean.

Pídale a Dios sabiduría para hacer un buen uso del tiempo. Que pueda hacer un buen aprovechamiento de cada instante. Todo conforme a la voluntad de Dios el Padre.

No podría despedirme sin antes hablarle de la GRACIA divina. Es el amor que nos extiende. Amor por el cual nos perdonó. Nos permite emprender una nueva vida a pesar de nuestros muchos pecados.

Jesús el SEÑOR se sacrificó en la cruz por todos nosotros. Por usted, por mí, por todos.

Permítame citar al autor cristiano, Colin S. Smith cuando, en el libro: “El cielo, cómo llegué aquí”, escribe lo siguiente:

“Al reconocer mis muchos pecados comencé a temer a Dios. Reconocí mi condición de pecado. Creí que Jesús era quien dijo que era, el Cristo, el Mesías, y le pedí que me salvara. Eso es algo que usted puede hacer también hoy mismo.”

Hoy es el día oportuno para acogernos a la GRACIA perdonadora y redentora de Dios y abrirle las puertas de nuestro corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.

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