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Familias Sólidas · Aug 14, 2026

Aceptar a los demás, no rechazarlos

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Fernando Alexis Jiménez · Familias Sólidas

Debemos amar a todas las personas, comenzando por nuestra familia. Al cónyuge y a los hijos, sin importar si fallan. Son seres maravillosos que Dios nos ha puesto a cargo. Los amamos a pesar de sus errores. Igual, nuestro amoroso Padre nos ama a pesar de los múltiples equívocos en los que incurrimos cada día.

Recuérdelo siempre, no rechazar a nadie.

Cuando Oswald y Biddy Chambers dirigieron un instituto bíblico en Londres entre 1911 y 1915, mantuvieron su principio de vida de no rechazar a los necesitados. Algunos londinenses se horrorizaron ante esa práctica, pensando que se aprovecharían del instituto.

En respuesta y sin invitar a otros a seguir su ejemplo, Oswald señaló: «Mi responsabilidad es dar. Dios se encargará de quien pida».

La pareja seguía el ejemplo de nuestro generoso Creador.

En sus instrucciones a Moisés, Dios estableció formas bondadosas para que su pueblo viviera y sirviera a los demás, como compartir sus alimentos y posesiones.

Moisés les dijo que, cada tres años, debían llevar «todo el diezmo» para que «coman y se sacien» los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas (Deuteronomio 14:28-29).

Mediante la generosidad de su pueblo, Dios cuida a los vulnerables.

La confianza de los Chambers en Dios era tan profunda que daban voluntariamente y sin cuestionamientos.

Habían aprendido a «temer al Señor […] todos los días» (Deuteronomio 14: 23) y a recibir su bendición «en toda obra que [sus] manos hicieren» (v. 29).

Nosotros también podemos dar con generosidad, confiando en Dios para recibir sabiduría y discernimiento para proveer para los extranjeros, los huérfanos y las viudas.

Por mucho tiempo experimentamos desaliento, alejados de Dios, temerosos de su castigo.

¿El motivo?

Siempre nos enseñaron de un Padre rencoroso, pendiente de que falláramos para castigarnos. Atento a nuestra maldad para mandarnos al infierno.

Tremendo equívoco.

Nos hablaron solo de la mitad del Evangelio desde los púlpitos. No nos hablaron del amor de Dios, que es ilimitado y perdonador.

Nos extendió Su GRACIA. Por GRACIA recibimos perdón en respuesta a un sincero arrepentimiento.

Jesús tomó nuestro lugar en la cruz. Murió por nuestros pecados para traernos perdón. Con su sangre preciosa, vertida en el Gólgota, nos presentó santos y justos delante del Padre.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es editor de la Revista Vida Familiar y sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Desde el 2016 dirige el Instituto Bíblico Ministerial.

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