Llevamos muchos días lamentando la muerte inesperada y brutal de 45 personas que viajaban en los trenes Alvia e Iryo en Adamuz. En segundos, los trenes lanzados a velocidades importantes para llegar en el menor tiempo posible a sus destinos, se salieron del carril provocando la brutal colisión y muerte de aquellos que irían pensando, hablando o durmiendo ajenos al brutal segundo donde todo se interrumpió. Lo imprevisible nos rodea continuamente en nuestra vida, hay que aceptarlo para no tener una ansiedad anticipatoria innecesaria y estéril, no se puede vivir atemorizados a no hacer porque siempre puede surgir un hecho trágico inesperado, fruto de la imprudencia de otros o de uno mismo que no pensó en el riesgo que podía conllevar.
Sin embargo, lo prevenible debería ser siempre la actitud que hace que reduzcamos el riesgo de lo imprevisible y que nos permita ir por la vida sin la sensación de que cualquier cosa que hagamos tiene más riesgos que beneficios. Conducir a una velocidad controlada, mantener el vehículo en condiciones, disponer de carreteras en buen estado nos reduce el riesgo de accidente, aunque siempre puede existir el riesgo del que hace una maniobra peligrosa y tenemos la mala suerte de encontrarnos con él en ese momento, en ese lugar y sufrir las consecuencias.
En los trenes -de alta velocidad, cercanías- autobús público, metro urbano, avión. los usuarios no somos partícipes de nada que aumente nuestro riesgo, confiamos en los conductores, en el material , en las infraestructuras para poner, por el tiempo determinado que dure el viaje, nuestras vidas en sus manos. Somos los pasajeros, los transportados que nos colocamos ordenadamente a la espera de llegar al destino. Por eso, igual que al ponerse en manos de un médico, necesitamos la seguridad de estar en buenas manos, buen material y buenas infraestructuras, lo prevenible será que todo esté bien para entregarnos pasivamente en sus manos.
Los muertos no pueden exigir ya nada, sus familias y la sociedad entera necesita que se conozca bien lo que falló y porqué, no solo por las responsabilidades y evitar que se repita, sino porque necesitamos vivir sabiendo que existe lo imprevisible pero también que lo prevenible está ahí, en las mejores condiciones para que sigamos viviendo.

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