Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad…parece un villancico, pero hay que ver cómo cambian las sensaciones en estas fechas a lo largo de nuestra vida…
Cuando somos niños lo vemos todo con ojos mágicos: las luces navideñas, el árbol, la familia reunida, los abuelos, los tíos, los primos, la comida elaborada, los dulces navideños, los regalos. Todo lo vemos generalmente con ojos de felicidad y sobre todo de inocencia…Incluso cuando las cosas no son perfectas —porque no todas las familias lo son—, pero de niños solemos quedarse con lo bonito, con la ilusión, con esa sensación de seguridad que da estar rodeado de adultos, y es que todo hay que decirlo, no todas las reuniones son tan felices como nos las cuentan en las películas, pero bueno cuando somos niños, sentimos la navidad así, como si fuera una película.
Luego llega la etapa adulta, donde la mayoría ya va creando otras familias, y ahí, ahí, a veces las cosas cambian y no suele ser ya todo tan color de rosa…, ahora pasamos de ser niños a ser parejas, padres, intermediarios, si nosotros queremos reunirnos con nuestras familias pues quizá nuestra media naranja se quiere reunir con la suya, entonces como alguien siempre tendrá que ceder, pues luego ya hay cenas con alguna que otra cara larga o de malestar. Y qué decir de los “cuñaos” o de las “suegras”, ahora en lugar de vivir la navidad con la emoción de un niño, la vivimos como la del intermediario intentando evitar tensiones.
Y bueno, luego llega la siguiente etapa, la de las pérdidas, esa en la cual empiezan a faltar personas en la mesa porque se fueron para siempre. Entonces es cuando nos invaden los recuerdos, muchas veces en silencio, para no ser nosotros quienes pongamos un ápice de tristeza, otros quizás están pensando lo mismo, pero tratamos de aparentar que todo está bien.
Y luego está lo más curioso, y es la etapa que yo llamo del “distanciamiento”, y os digo porqué:
Antes en las reuniones navideñas estaban siempre los abuelos. Generalmente se celebraban en sus casas, y si había que ir a la casa de los suegros, nuestros padres se venían a la cena o a la comida, pero nunca quedaban solos, bueno hablo en general, porque no siempre era así, pero sí generalmente, porque me consta que no para todos tiene que ser la Navidad igual. Pero sin embargo hoy en día, es curioso que casi un 40% de los abuelos cenan solos, algunos porque prefieren evitar el dolor de echar en falta a los que ya no están, otros porque sienten que pueden ser un inconveniente a la hora de que los hijos decidan donde se reúnen. Otros porque los hijos viven fuera, y otros porque directamente “ya pasan” de celebraciones.
Pero ¿sabéis que os digo? que sean cuales sean las circunstancias de cada uno en estos días, la navidad tiene igualmente un vínculo silencioso y anónimo de fraternidad, de unión, y aunque vayas a cenar sol@, no dejes que sea una cena normal y triste, prepárate un buen banquete para ti, a mesa puesta, y brinda con champán porque te lo mereces, y además te mereces todo lo bueno por lo que te vas a esforzar por cambiar en el 2026 para que sea un año lleno de experiencias bonitas, porque sí, porque ya está bien de monotonía y la vida hay que vivirla como una experiencia personal!
Celebréis en familia o en vuestra propia compañía, os deseo a todos una feliz noche y una Feliz Navidad!
Un abrazo
Marisa Fernández
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