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Veleta · Jul 26, 2026

🎐 Veleta #33: Pasatiempos, 3.000 km en coche y otros imprescindibles para no aprovechar el tiempo este verano

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Patricia · Veleta

La red social de toda la vida: la ventana

A pesar de que me encantaría tener vistas a un horizonte de amaneceres, desde mi casa solo veo el bloque de hormigón del edificio de enfrente. Mucho más variado y divertido que un amanecer, dónde va a parar, sobre todo en la temporada estival, cuando vuelve la vida a los exteriores. Así que estos días me siento a ratos en mi terraza de dos metros cuadrados, semiescondida tras el toldo, y me entretengo observando a los habitantes de la cuadrícula perfecta de terrazas que componen la colmena que tengo delante.

Hoy voy a desviar la mirada algunos balcones a la izquierda de mis vistas centrales, donde un hombre con aspecto y rutinas de jubilado se afana cada mañana durante horas en pequeños cuadernos. En la mano derecha sostiene un lapicero diminuto que dirige de la cabeza al papel, anota algo, y luego realiza el recorrido contrario, momento que dedica a pensar hasta que comienza la bajada de nuevo. Ese patrón me llevó a concluir que lo que hace es rellenar revistas de pasatiempos. Muchas. Cuando completa una, la deposita en una pila a un lado de la mesa y comienza con la siguiente; debe de haber ya más de diez en el montón.

El caso es que yo nunca le he sacado sentido a este tipo de entretenimiento. Es más, se me antojaba una forma bastante grave de pérdida de tiempo debido a mi trastorno por hacer DAFOs mentales de cualquier minuto de mi vida. Por eso, observando a mi vecino, me empecé a preguntar si lo que le entretiene realmente es resolver los pasatiempos o si se dedica a rellenar horas de su día.

Sea lo que sea, he de confesar que me estaba dando mucha envidia verlo completar las revistas sin ninguna causa o fin aparentes y empecé a querer lo mismo. Total, que me compré un librito con sopas de letras, crucigramas, acertijos, diferencias y autodefinidos y llevo casi un mes con esta rutina que, por cierto, no es nada fácil.

De esta manera tan inesperada, los pasatiempos se han convertido en uno de mis imprescindibles de este verano para no aprovechar el tiempo. Y es que, quizá, el verdadero reto de mi cabeza durante esta temporada estival sea hacer cosas porque sí, algo que me cuesta habitualmente. ¿Te pasa?

Y ya que me he propuesto desaprovechar el tiempo, he descubierto otras prácticas igual de satisfactorias que, para mi sorpresa, se me están dando fenomenal. La primera consiste en dormir a demanda, como un bebé. Además de mis correspondientes horas de sueño de noche, a veces caen una o incluso dos siestas durante el día. Sin remordimientos.

La segunda tiene que ver con lo que te contaba al principio. He limitado Instagram a 15 minutos diarios y, a cambio, he recuperado la red social analógica de toda la vida: la ventana. Entre la pareja intensa del cuarto, la vecina que limpia su casa echando la porquería al de abajo y el señor de los pasatiempos, mis vistas generan más contenido que Netflix.

También estoy haciendo una cosa bastante jubileta que me encanta: recorrer diferentes supermercados y comprar lo que más me gusta de cada uno de ellos. En invierno soy bastante fiel a Mercadona, pero en verano voy a por el pan especial del Día, los rollitos de primavera del Lidl, los cereales del Aldi o los boquerones en tempura de Alcampo. Todo, eso sí, a pie.

Y, curiosamente, ahora que mi cabeza ha bajado unas cuantas revoluciones, ha vuelto a encontrar hueco para la lectura. He terminado La biblioteca de la medianoche, de Matt Haig, una novela sobre todas las vidas que podríamos haber vivido si hubiéramos tomado decisiones distintas. Y también he visto Oasis en Netflix, un The White Lotus bastante más flojete, pero perfecto para un verano en el que las expectativas también están de vacaciones.

Y termino con el que probablemente sea mi imprescindible para desaprovechar el tiempo favorito de este verano. Y es que estos días me voy de viaje por carretera. Más de 3.000 kilómetros en coche atravesando varios países europeos, a pesar de que la gasolina está por las nubes y de que, si hiciera un DAFO del viaje, probablemente saldría mejor coger un avión.

Pero, precisamente, de eso va este verano: de dejar de optimizarlo todo. Quiero volver con menos fotos, menos cosas tachadas de la lista social y muchos más kilómetros que, aparentemente, no sirvieron absolutamente para nada. Si te apetece, iré compartiendo el viaje por aquí durante las próximas semanas. ¿Te vienes?

Nos leemos en la siguiente Veleta, cuando me cambie el viento.

Abrazo,

Patricia

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Read the original on veleta.substack.com

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