Hace unos días me topé con una noticia en la prensa alemana que me perturbó: un balneario decidía prohibir la entrada a sus instalaciones a personas que no hablaran un alemán fluido. La justificación para ello, dijo el administrador del lugar a los medios de comunicación locales, era mantener la seguridad de todos los bañistas.
Quienes conocemos la historia de este país y estamos al tanto del avance lento pero constante de la extrema derecha y sus discursos antiinmigrantes en los últimos años, no podemos dejar de mirar esta información con suspicacia y, sí, también con preocupación.
Pero vamos por partes. Les explico lo sucedido.
El balneario en cuestión se llama Heidebad y está ubicado en la ciudad de Halle, en el estado federado de Sajonia Anhalt, en el este alemán. Y Heidebad no es sino la zona de baño oficialmente autorizada del Heidesee, un lago artificial de unos 3 kilómetros de diámetro que antiguamente fue una cantera o mejor dicho una mina a cielo abierto, que tras su cierre en 1931 se inundó.
Los medios alemanes han resaltado en múltiples notas la peculiaridad de este lago: al haber sido una cantera posee una profundidad abrupta (sí, el fondo cae de golpe) que llega hasta los 13 metros. Y al ser tan profundo, el agua sufre cambios drásticos de temperatura, lo que puede provocar calambres o choques térmicos a los nadadores.
La piscina al aire libre del Heidebad es en realidad la orilla de este lago. Y en ella se encuentran claramente delimitada la zona que separa el área infantil, el área para no nadadores y la zona profunda para nadadores.
Además de la piscina, el balneario cuenta con una playa de arena fina, canchas de arena para voleibol y tenis de mesa, un bar, sanitarios, áreas verdes e incluso una zona nudista. Es, pues, un centro recreativo en forma para toda la gente que vive en la zona. Y en este punto hay un dato muy importante a considerar. En la ciudad de Halle, donde se encuentra el lago, vive una cantidad importante de inmigrantes. Cerca del 20% de sus habitantes no cuentan con un pasaporte alemán. Eso significa que no es una cosa extraordinaria el pensar que buena parte de los visitantes sean inmigrantes.
Pues bien, lo que sucedió fue que el fin de semana previo a la toma de la polémica decisión, el propio gerente del balneario, Mathias Nobel, tuvo que rescatar de la zona profunda del lago a un niño pequeño, cuyos padres -según dijo él mismo, no entendieron las instrucciones de seguridad del lago.
Que proteger a las y los bañistas implique una medida drástica de exclusión es, sin duda, un tema sumamente debatible o más bien inadmisible. Y antes de pensar en tomar decisiones que excluyen habría que preguntarse porqué no existe una normativa traducida a varios idiomas cuando, se sabe, un gran porcentaje de los visitantes son extranjeros.
die Brücke es una publicación gratuita. Pero si valoras, puedes y quieres apoyar mi trabajo, te invito a hacer upgrade a tu suscripción de gratuita a de pago. No es mucho y para mí será una gran ayuda para poder seguir escribiendo.
Y no me malinterpreten. Por su puesto que es importante, incluso vital, que todo mundo entienda y esté enterado de instrucciones que de no seguir pueden poner en peligro la vida de uno. También coincido con quienes consideran que si alguien decide vivir en un país como Alemania forzosamente tiene que aprender el idioma. Ese es el primer y único paso para una integración exitosa.
Pero la exclusión no aporta ni facilita el camino a los cientos de miles de inmigrantes que hoy habitan aquí.
Para quienes lo han estudiado, saben que el alemán no es un idioma sencillo que en seis meses se puede dominar o chapuzear como vulgarmente se dice. ¡Se necesitan años! Los alemanes tampoco son el pueblo más cálido y abierto que integra fácilmente a los de afuera y además resolver y dominar la complicadísima burocracia que implica vivir en este país requiere desbloquear muchos, créanme, muchos niveles.
Si a eso se suman decisiones como la del gerente del balneario, por muy “bien intensionada” que pretenda ser, podríamos encontrarnos en poco tiempo en situaciones que no se quieren volver a vivir en este país.
Y es que no hay que olvidar varias cosas que son hechos y no interpretaciones: que la extrema derecha alemana avanza a paso lento pero seguro y no está lejos de incrustarse en puestos de gobierno comunales y regionales; que las agresiones racistas y de extrema derecha han mantenido una tendencia al alza sostenida registrando aumentos anuales de hasta un 20% en los delitos de violencia extrema derecha; y que -pese a todo eso- Alemania necesita con urgencia la mano de obra extranjera para mantener sus estándares en calidad de vida.
Así que antes de tomar medidas que excluyan a algunos, habría que adecuar -me parece- muchas de las formas de comunicación que existen en este país.
El debate que se desató a nivel nacional surgió efecto y ante la fuerte presión política y social el Ayuntamiento de Halle instó al administrador del balneario a dar marcha atrás. Las autoridades regionales le recodaron que, por contrato, el complejo debe garantizar el acceso público sin discriminación.
Así que no le quedó otra que implementar alternativas, como colocar carteles con pictogramas y códigos QR con traducciones, en lugar de negar la entrada a las personas. Como tendría que haber sido desde un principio.
Me despido desde un Berlín muy caliente que podría registrar hoy las temperaturas más elevadas de la historia.
¡Hasta la próxima!
Yetlaneci Alcaraz
Puedes seguir a Yetlaneci Alcaraz en Instagram, facebook y bluesky
Thanks for reading die Brücke por Underground Periodismo! This post is public so feel free to share it.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.