Otro mes de noviembre. Cuando llega, mi mente se nubla. Hace muchos años, mi madre me dijo que debía crear nuevos momentos que, con el tiempo, se convirtieran en recuerdos bonitos. Y no solo en este mes, si no siempre. Leí que recuerdo proviene de “re”, que significa ‘de nuevo’, y “cordis”, que se traduce como corazón. Sería algo así como “pasar nuevamente por el corazón”. Pues eso, momentos especiales a los que volver una y otra vez. Sean cuales sean. Para mí, instantes bonitos son aquellos en los que me siento tranquila. No aspiro a grandezas, prefiero lo sencillo, lo cotidiano. Mi verdadero lujo. Una mañana de domingo leyendo antes de salir a comer, hacer varios bordados para dos bodas, cerrar otras, los 30 de mi amiga, el sol quemándome la cara, un regalo especial desde la otra parte del mundo, volver a casa. Un abrazo infinito, un beso. Noviembre siempre es agridulce, aunque trato de no pensarlo demasiado. Un vaivén de subidas y bajadas me impide respirar bien, pero tengo a mi lado a personas que me arropan y cada día me siento más querida. Y agradecida. En cuestión de dos días, la enredadera de enfrente de mi casa se ha pelado. Ha pasado del verde más frondoso al rojo más intenso y ahora, con el frío, ha desaparecido. Me gusta pensar que, con la primavera, sus hojas brotarán de nuevo. Todos lo hacemos, todos volvemos a renacer en algún punto de nuestra vida. Yo lo hago cada noviembre.
No sé cuántas veces me he montado en el ave dirección a casa en los últimos casi cuatro años, pero han sido muchas. Durante esas dos horas que dura el viaje he escrito, trabajado, dormido, leído, escuchado, hablado, llorado y reído. Como una cápsula del tiempo, siempre pienso en cómo se sentirán, si el perro de mi vecina sigue tomando el sol cada mañana, si el panadero pasará a las 12 o si el huerto ha dado sus frutos. En cómo se verá Sevilla ahora que no piso sus calles. Ya no me reconozco en ellas. En todo lo que me pierdo al no estar allí y en todo lo que gano estando aquí. Todo sigue igual. Si mi primer año fue una carrera de fondo, el segundo fue una montaña rusa, el tercero, un remanso de paz y, este, que no ha hecho más que empezar, lo empiezo a disfrutar. Puede que ya no sea un paseo agradable, sino más bien un hogar donde me he establecido con una biblioteca llena de libros que cada mes suma otro.
Gracias.
Marta Osuna
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