Como programador y consultor, paso gran parte de mi tiempo saltando entre dos mundos paralelos. En uno, hablamos de Claude Code, agentes autónomos y el auge del Vibe Coding. En el otro, el real, me encuentro con administrativos que todavía pulsan la barra espaciadora 50 veces porque desconocen que existe el “Salto de página” en Word.
Y aquí es donde debemos pararnos a reflexionar: ¿Estamos construyendo el futuro o simplemente alimentando una burbuja?
A menudo criticamos el bajo nivel de conocimientos informáticos en el tejido empresarial. Sin embargo, hay que ser justos: el contable está para saber de impuestos y finanzas, no de informática.
El problema es que el 95% del mundo empresarial en España son PYMES que operan bajo una premisa sencilla: si algo funciona y no añade fricción, se queda. Meter con calzador herramientas de IA complejas en un entorno donde la base digital es frágil no es innovación, es crear un problema nuevo.
Estamos viendo una explosión de startups de IA que viven de ronda en ronda de financiación. Para un desarrollador, probar la última herramienta es divertido; para una empresa, es un riesgo inasumible.
La volatilidad de la novedad: Una empresa no puede permitir que su flujo de trabajo dependa de una startup que podría cerrar el próximo mes si no consigue capital.
La seguridad de Google: Por eso Google esta hoy en día al frente de la IA. No necesariamente por tener la tecnología más “rompedora”, sino por ser confiables. En el mundo real, la estabilidad de que tu herramienta no va a desaparecer mañana vale más que cualquier funcionalidad revolucionaria.
Cualquier Software que utiliza una empresa no es siempre la mejor opción, pero si el cambio genera fricción, la gente no lo usará. El paradigma actual de la IA exige un esfuerzo de aprendizaje que la “persona de la calle” no está dispuesta a hacer. El usuario medio no quiere ser un Prompt Engineer; quiere que su herramienta de siempre sea un poco más lista, nada más.
Últimamente se habla mucho del Vibe Coding: la idea de programar por “sensaciones” o lenguaje natural. Es una narrativa fascinante, pero peligrosa.
La IA actual es un prodigio lingüístico, pero carece de modelo físico del mundo. Puede escribir una función compleja pero, como hemos visto en varios ejemplos, a veces no sabe qué sucede con un vaso boca abajo. En una burbuja de desarrollo, un error es un “bug”; en una empresa estándar, un error de lógica básica en una automatización puede suponer un desastre contable o legal.
La IA solo será realmente transformadora cuando deje de ser un tema de conversación y se convierta en una utilidad invisible. Mientras tanto, los que estamos dentro de la burbuja debemos hacer un ejercicio de disociación y entender que la tecnología vuela, pero la adopción humana camina.
No se trata de cuánta IA podemos meter en una empresa, sino de cuánta fricción podemos eliminar sin romper lo que ya funciona.
¿Qué opinas tú? ¿Estamos forzando una evolución para la que el mundo empresarial no está listo, o es responsabilidad nuestra simplificar la tecnología?
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