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Todas somos hijas de Eva. Así terminaba hace muchos años, en 2001 creo recordar, un breve texto que escribí en homenaje a Eva Giberti cuando la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos le entregó el Premio Dignidad, que la Comisión de la Mujer otorgaba cada año. Quien lo había recibido lo entregaba al año siguiente y me tocó por fortuna ese altísimo honor. Quería resaltar así lo que significó para el feminismo en nuestro país el modelo de su inteligencia y su compromiso, una genealogía de décadas que continuará siendo el motor de muchas de nuestras intervenciones. Eva es una madre mítica.
También la homenajeamos en la sección “Nos Inspiran” del Boletín del Observatorio de Género en la Justicia, del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Tomaré de allí unos pocos datos porque es muy difícil definir su trayectoria. Desde muy joven se destacó por la originalidad de su pensamiento, su avidez teórica y su compromiso social. Y también por su provocación. Como psicoanalista fue pionera en difundir el psicoanálisis en los medios de comunicación, generando un recelo en su comunidad profesional. Como terapeuta cuestionó la organización de las familias como espacios de poder, defendiendo la autonomía de las mujeres y el respeto por los derechos de los niños y sobre todo de las niñas, a las que insistía en nombrar explícitamente. Cuando estaban prohibidos ciertos contenidos en la universidad, participaba de grupos de discusión y promovía la lectura crítica de textos filosóficos y psicoanalíticos. Siempre corriendo riesgos.
Pionera del feminismo, también lo fue en el uso de los medios periodísticos para proponer puntos de vista diferentes sobre problemas de actualidad. Eva Giberti logró lo que pocas personas logran: un respeto sólido (aún de sus detractores) por su palabra; y eso nos permitió a muchas que seguíamos su huella apoyarnos en sus escritos para sostener posiciones arriesgadas en la defensa y ampliación de los derechos humanos.
Sus intervenciones públicas, docencia y escritos de Escuela para Padres fueron un clásico que incidió en la educación desde fin de los años ‘50 y produjo interés por repensar la familia que permanecía en coordenadas de autoridad conservadoras. La publicación alcanzó las 30 ediciones, generaciones educaron a sus hijos e hijas de maneras más respetuosas y libres gracias a Eva. Se interesó e intervino comprometidamente en el problema legal y subjetivo de la adopción, y escribió sobre un tema tabú que aún no encuentra su figura penal: el incesto paterno-filial.
Con una mirada novedosa sobre un problema que la desvelaba, diseñó un programa de intervención pública: “Las víctimas contra las violencias”, teléfono 137, que ella misma consideraba “una consagración de mi labor de toda una vida”. No obstante, en marzo de este año el gobierno con crueldad obscena cesó su contrato y el de buena parte de su equipo. Eva, lúcida y sabia, sigue siendo nuestra Maestra. Donó su biblioteca a la Asociación Civil Tierra Violeta, donde forma parte del Consorcio de Bibliotecas Feministas “Feminaria”.
En 2006 escribía, al concluir su breve presentación en un perfil biográfico y académico para la revista Nómadas : “Aún en el que se supone final del camino, un recodo misterioso y fecundo nos espera para sorprendernos con una nueva posibilidad. seguramente, en él encontraremos una nueva forma de vida. Deseo que esa nueva forma me reclame amorosamente crítica e insurreccional”*. Casi dos décadas después, ese legado amorosamente crítico e insurreccional es nuestra bandera.
Para un perfil de Eva Giberti se puede visitar la revista Nómadas N° 25 acá
Artículo escrito por Diana H. Maffía, presidenta de Tierra Violeta
BIBLIOTECA Y CENTRO DE DOCUMENTACIÓN FEMINARIA
Feminaria comenzó el 2026 con un nuevo ingreso de libros: recibimos la donación de la biblioteca de Analía Tablado, médica ginecóloga y sexóloga clínica. Ex presidente de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil. Les compartimos un breve texto escrito por sus afectos para presentarla:
Analía Tablado fue ginecóloga y sexóloga, pero también muchas otras cosas: madre, esposa, amiga, viajera y lectora apasionada. A lo largo de su vida profesional trabajó siempre con mujeres, acompañando desde una escucha atenta y profunda. Sus consultas médicas tenían más que ver con charlas sobre la vida, los deseos y los intereses personales, que de protocolos estrictos: la medicina era, para ella, un espacio de encuentro. Sus pacientes la querían y confiaban en ella, y Analía trabajó con la misma entrega y compromiso hasta su último día.
La igualdad de género y los derechos sexuales no fueron para Analía un discurso ni una consigna, sino una forma concreta de habitar el mundo. Fue una mujer potente, empoderada y generosa, que compartía saberes sin reservas. La lectura fue siempre una herramienta central en su formación y en su práctica: los libros eran compañía, consulta permanente y motor de reflexión.
La donación de su biblioteca a Tierra Violeta nace de ese mismo espíritu. Son libros que Analía leyó, subrayó y eligió, y que hoy pasan a integrar un espacio colectivo donde el conocimiento se comparte y se multiplica. Saber que estos materiales estarán al alcance de otras personas, acompañando procesos, preguntas y luchas, es una manera de que su legado siga vivo y en movimiento.
Gracias a Maria Sol y Santiago, sus hijos, y a Lidia, su amiga, por hacernos llegar esta gran donación.
Curaduría editorial de los boletines mensuales de Tierra Violeta a cargo de Manuela Rabitti
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