Nota: Todos mis textos son escritos por mi y NO generados por Inteligencia Artificial.
Hablemos de algo que es muy, muy común y que probablemente te suene:
Vas al médico. Te hacen analíticas. Y te dicen que “todo está bien”.
Pero tú SABES que no está bien.
Y entonces te preguntas si estarás exagerando. Pero tu vida no era así antes.
Y es que no eres tú, amiga, es que las analíticas que te piden no están diseñadas para encontrar lo que realmente te pasa. Y hoy quiero explicarte por qué.
En una analítica estándar te piden un hemograma, colesterol, glucosa en ayunas y, si tienes suerte, una TSH para la tiroides.
Y nada más!
Y con esos datos tu médico determina si “estás bien” o “tienes algo”.
Y aunque parece un análisis muy completo, en realidad nos dice poco o nada.
Porque el problema es que ese panel está diseñado para descartar solo patologías urgentes: detecta anemias severas, diabetes declarada que ya lleve décadas, hipercolesterolemia, hipotiroidismo avanzado de muchos años sin tratar...
Está pensado para un modelo de medicina que funciona en dos posibilidades: tratamiento urgente de síntomas o nada en absoluto.
Y nada en absoluto quiere decir: espera a que lo que te está pasando se vuelva tan severo que ya haya que intervenir de emergencia.
Pero entre “enfermedad diagnosticada” y “salud radiante” hay un abismo no ya grande si no ENORME.
Y es en ese abismo donde viven millones de mujeres sintiéndose francamente fatal mientras les dicen que están perfectamente.
Ese espacio tiene incluso nombre en medicina funcional: disfunción subclínica.
Que quiere decir que tu cuerpo ya está pidiendo ayuda, pero los números todavía no han cruzado la línea roja que activa el protocolo médico.
Cuando la crucen ya llevarás décadas de deterioro silencioso y a veces irreversible.
Estos son algunos de los vacíos más graves de una analítica convencional:
La tiroides es el ejemplo perfecto y e que más me he encontrado en estos 15 años revisando casos personales:
La mayoría de médicos piden solo TSH y si está “en rango” (más abajo vamos a ver lo que de verdad quiere decir “en rango”), te dicen que tu tiroides está bien.
Pero, atención, la TSH es una hormona de la hipófisis, no de la tiroides.
Es como juzgar el rendimiento de un empleado preguntándole SOLO a su jefe.
Para saber cómo está funcionando realmente tu tiroides necesitas un panel tiroideo completo que incluya los anticuerpos tiroideos, que son los que revelan si hay un componente autoinmune como Hashimoto.
Sin esos datos, literalmente estás a ciegas.
Y hay millones de mujeres con Hashimoto sin diagnosticar!
Me llegan a consulta cada semana!
Con la insulina pasa algo igual de grave.
Muchos médicos miden la hemoglobina glicosilada (HbA1c) y, si sale normal, te dicen que no tienes problema con el azúcar.
Pero la HbA1c te muestra la media de tu glucosa en los últimos tres meses, no lo que está pasando con tu insulina.
Y esto es importante porque tu páncreas puede estar produciendo cantidades enormes de insulina para mantener esa glucosa a raya.
La insulina en ayunas es el marcador que revela resistencia a la insulina AÑOS antes de que la HbA1c se descontrole.
Y luego está la vitamina D, donde la cosa se pone aún más interesante.
Los médicos miden la 25-hidroxivitamina D, que es la forma de almacenamiento, la forma inactiva. Y si está baja, te mandan suplementar.
Pero lo que casi nunca piden es la 1,25-dihidroxivitamina D, que es la forma activa.
Y por qué deberían pedirla? Porque en casos de inflamación crónica o autoinmunidad, la forma activa puede estar ELEVADA aunque la inactiva esté baja.
Y si en ese escenario te pones a suplementar agresivamente con vitamina D sin saber lo que está pasando debajo, le estás echando leña al fuego.
Primero hay que entender POR QUÉ esa forma activa está alta (normalmente apunta a una inflamación que hay que resolver) antes de añadir más vitamina D al sistema.
Y podríamos seguir con la ferritina (que puede estar “en rango” según el laboratorio pero ser completamente insuficiente para que tu tiroides y tu energía funcionen), la homocisteína, el cortisol en contexto... y un largo etcétera que varía según cada mujer y su situación.
Como te decía antes, aquí hay truco, atenta:
Los rangos de referencia de los laboratorios se calculan a partir de la media de la población que se hace análisis en ese laboratorio.
¿Y quién se hace análisis?
Personas que van al médico porque no se encuentran bien.
Es decir: los rangos “normales” están calculados sobre una población que, en gran parte, ya está enferma o en camino de estarlo.
Que tu TSH esté “en rango” no significa que sea óptima para TI.
Por mucho que el papel diga que estás bien, los síntomas son datos. Y los síntomas no mienten.
Algo que la medicina convencional hace sistemáticamente es compartimentar:
Tienes un problema de tiroides, vas al endocrino.
Tienes ansiedad, vas al psiquiatra.
Tienes digestiones pesadas, vas al digestivo.
Tienes la piel fatal, vas al dermatólogo.
Y cada uno mira su trozo sin hablar con los demás.
Nuestro cuerpo no funciona en departamentos: tiroides, insulina, cortisol, histamina, hormonas sexuales, intestino... todo está hablando entre sí constantemente y NOS está hablando a nosotras.
Cómo nos hablan? Cuando una pieza falla, las demás compensan. Y cuando llevan años compensando, empiezan a fallar también.
Entonces lo que tú experimentas como “tengo diez síntomas distintos” es, normalmente, la misma raíz expresándose de diez maneras.
Y hasta que alguien no conecte los puntos, vas a seguir yendo de especialista en especialista recogiendo diagnósticos sueltos que no cuentan la historia completa.
No se trata de demonizar a los médicos. Se trata de entender que el sistema en el que trabajan tiene limitaciones estructurales que no están pensadas para encontrar la raíz de lo que nos pasa.
Y que nosotras podemos (y debemos) tomar un papel activo en entender qué está pasando en nuestro cuerpo.
Educarte es el primer paso:
Saber qué marcadores existen, qué preguntas hacer, qué no aceptar como respuesta.
El segundo paso es encontrar a alguien que mire tu caso completo, que conecte las piezas y que no se conforme con decirte que “todo está normal” cuando tú sabes que no lo está.
Esto es lo que hago cada semana en mis análisis personales de caso: analizo tu caso, conecto los puntos que nadie se ha molestado en conectar y te doy una dirección clara basada en lo que TU cuerpo está pidiendo.
Con amor y en soberanía,
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