Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Gajus Glockethring. ¿Por qué pedir perdón? ¿Por qué pedir perdón? Nos va a contar Gajus en un discurso que suena apasionante. Mira la cara que tiene. No puede abrir mal esos ojos de Dios. A ver. En la historia del hijo pródigo, el hijo le dice a su padre, padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Con eso demostró que estaba realmente arrepentido. No. O sea, llevamos 14 segundos. No. Ya lo leímos el otro día. No le pidió perdón. He pecado contra... He pecado. Admite que has pecado, pero no que estás arrepentido. En plan, oye, ¿sabes qué? He sido infiel. Lo he hecho mal. ¿Eso significa que me he arrepentido? No necesariamente. No. En plan de, oye, ¿sabes qué? Que hoy... Hoy me he drogado. Y lo he hecho mal, sé que está mal. ¿Estoy arrepentido? Pues no necesariamente. Eso lo puede entender cualquiera. No se pide ningún perdón específico. El hijo pródigo fue porque no tenía donde caerse muerto, se le acabó el dinero, se le acabó y volvió porque no tenía más remedio. He pecado. Pero es que ni lo siento, ni perdón, ni estoy arrepentido ya. No.
En primeros 14 segundos, los testigos de Jehová, otra vez, entendiendo cómo les da la gana un texto de la Biblia. El hijo pródigo estaba arrepentido. Bueno, puede ser. O sea, cabe la posibilidad de que sí. En la Biblia no lo especifica. Pero como no lo especifica, también cabe la posibilidad de que no. Pero los antiguos ya están dando por hecho. Con esto ya se demostraba el grado de arrepentimiento en un vídeo que se llama ¿Por qué tenemos que pedir perdón? Usan para empezar un texto donde el perdón ni está ni se le espera. No aparece la palabra perdóname, estoy arrepentido. Bueno. Y si no, vamos a leerlo. Y que quería que lo perdonara. Así que en este discurso vamos a hablar sobre el arrepentimiento. El título es ¿Por qué pedir perdón? Vamos a responder tres preguntas. Y no como el hijo prodigo. ¿Qué es el arrepentimiento? ¿Por qué decimos que pecamos contra el cielo cuando pecamos contra otros? Y la última es, ¿qué aprendemos cuando comparamos el ejemplo de Judas Iscariote con el del apóstol Pedro? Entonces, ¿qué es el arrepentimiento? Vamos a analizar lo que hizo el hijo en la historia que Jesús contó.
Busquemos Lucas capítulo 15. Judas Iscariote me está diciendo que no estaba arrepentido. Se quitó la vida, ¿eh? O sea, Judas Iscarioté, no sabemos todavía cómo pudo morir, porque se dice mil maneras de morir. La primera persona que decía que tuvo mil maneras de morir fue Judas. Primero se orcó o se despeñó, yo qué sé. Un montón de cosas. Creo que tienes que estar muy arrepentido y muy jodido para quitarte la vida. Para que no te merezca la pena seguir sabiendo la cagada que has hecho. Una cagada, por cierto. Que estabas destinado a hacer que tú no tienes absolutamente ninguna responsabilidad porque estaba predicho que la ibas a hacer. O sea, ¿qué culpa tenía Judas de cumplir las profecías que tenía que cumplir? ¿Por qué te arrepientes de una cosa que no tenía más remedio que hacer? Judas, el malo de una historia mal contada, tío. Yo siempre estoy en el equipo de Judas. Judas fue usado por Dios para cumplir sus profecías y para su pulsito con Satanás.
El hombre se quitó la vida, tiró el dinero. Y eso no es estar arrepentido. Y encima es el único que tiene un pecado imperdonable. Judas no va a volver a resucitar. Si vamos a Lucas, capítulo 15, versículo 17, se explica que aquel joven recobró el juicio. En otras palabras, él empezó a comprender todo el mal que había hecho y se dio cuenta de lo bajo que había caído. Se había arrepentido. Ahora vayamos al versículo 18. Aquí podemos percibir lo que pensaba y cómo se había arrepentido. Lo has dicho tú. ¿Qué fue lo que se dijo a sí mismo? Dijo, he pecado contra el cielo. Así que reconoció que las normas de Jehová son las mejores que existen y por eso quiso recuperar su aprobación. ¿Qué sacada de chorra? He pecado contra el cielo. Significan estas palabras que sabe que el hijo pródigo sabía que las normas de Jehová son las mejores que existen y quería volver a recuperarlas. O sea, la interpretación bíblica que emocionó a Spielberg, vamos.

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