La liturgia no fue una práctica unificada durante la edad media. Varias regiones conservaron sus propios ritos: el canto hispánico o mozárabe en la península Ibérica, el canto ambrosiano en Milán y el canto galicano, entre otros. En cada uno hay rasgos particulares de melodía, estructura y relación con el texto.
Durante la edad media la música cumple funciones muy variadas: acompaña la liturgia en iglesias y monasterios, pero también circula en las calles, en las ferias, en las cortes aristocráticas, y en las campañas militares.