¡Buen domingo!
Acá te dejamos lo que necesitas saber sobre la otra mitad de la industria deportiva.
¡Qué lo disfrutes!
América Femenil se convirtió en el primer equipo mexicano que gana la Concacaf W al derrotar 5-3 al Washington Spirit. Esto se suma al título de liga obtenido la semana pasada. (Acá los goles y más info).
Venció 4-0 al OL Lyonnes en la final y con esto ha ganado cuatro de las últimas seis Champions, consolidando su dominio en Europa, reemplazando en este dominio justamente a su rival de ayer. (Acá los goles y más info).
Previo a la final en donde América venció a Rayadas, la Liga MX Femenil rindió un homenaje a las protagonistas de la selección mexicana del Mundial de 1971. (Acá el homenaje).
Pachuca consiguió su lugar en el pódium al vencer 3-0 al Gotham FC. (Acá los goles y más info).
Por Guillermo Mejía
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El sábado 23 de mayo se jugaron dos finales importantes para el fútbol femenil de clubes. En Oslo, Barcelona y OL Lyonnes jugaron la final de la UEFA Women’s Champions League. En Pachuca, América y Washington Spirit definieron la Concacaf W Champions Cup. En papel, ambas son finales continentales. En la práctica, cuentan dos momentos muy distintos del lugar en que se encuentran ambas confederaciones.
No se trata de que Concacaf deba parecerse mañana a UEFA. Sería injusto medirlas igual: la Champions femenil europea tiene años de trabajo, una estructura comercial mucho más madura y clubes con una escala difícil de replicar. La W Champions Cup de Concacaf apenas está construyendo su lugar.
Pero justo por eso es que vale la pena hacer la comparación, porque muestra lo que pasa cuando un torneo ya tiene un modelo de negocio claro, calendario, derechos de transmisión globales, sede anunciada con antelación y narrativa; y lo que todavía falta cuando una competencia nace con potencial, pero sin el mismo músculo alrededor.
La final europea se jugó en el Ullevaal Stadion de Oslo, sede nacional de Noruega, con Barcelona y OL Lyonnes como protagonistas. Una final con historia deportiva clara: dos de los clubes que más han definido la era moderna del fútbol femenil europeo. UEFA además llegó con una estructura que no se improvisó esta semana.
El venue fue anunciado con anticipación, la final está vendida y el partido tuvo cobertura amplia en Europa, con Disney+ como socio de la competencia y broadcasters públicos dando acceso free-to-air a la final en distintos mercados.
Incluso la discusión sobre el tamaño del estadio habla de una industria que ya debate desde otro nivel. Aitana Bonmatí criticó que una final de esta magnitud se juegue en un estadio de alrededor de 28,000 lugares, mientras voces como Maren Mjelde y Ada Hegerberg defendieron la lógica de llevar el evento a Noruega y repartir la final en mercados con cultura de fútbol femenil.
Y aunque la crítica es válida, también muestra claramente que UEFA ya tiene un producto tan consolidado que la conversación no es si hay interés, eso ya lo consiguieron, ahora la atención se centra en qué tan ambicioso debe ser el escenario.
A favor de la corriente de llevar las finales a estadios más grandes están los casos de 2024, en donde la final se jugó en San Mamés, superando los 50,000 asistentes; en 2025, Lisboa rondó los 38,000. UEFA ha entendido que la sede va más allá de resolver temas logísticos: debe construir memoria, rotar mercados, activar ciudades y sostener la percepción de lo que una final continental debe ser: un evento grande.
La W Champions Cup juega otro partido. Su Final Four se disputó en el Estadio Hidalgo de Pachuca, con América, Pachuca, Gotham FC y Washington Spirit como protagonistas. El formato centralizado tiene sentido operativo: reduce costos, concentra producción y permite ordenar una competencia todavía joven. Además, la final América vs. Washington Spirit tiene un atractivo real: campeonas mexicanas contra una potencia de la NWSL, en una competencia que también funciona como camino hacia torneos globales de clubes FIFA.
Pero también hay un costo. Jugar en sede neutral, aunque en este caso Pachuca fue local en la semifinal, puede enfriar la conexión con aficionados de los clubes visitantes. Para equipos de la NWSL, llevar fans a Pachuca en mayo no es sencillo.
Para la narrativa del torneo, eso pesa: menos viaje de aficionados, menos ambiente propio, menos sensación de evento continental y más riesgo de que el producto se vea como un bloque competitivo bien organizado, pero todavía no como una cita imperdible.
La cobertura también marca distancia. Concacaf sí tiene distribución: Paramount+, CBS Sports Network, Golazo Network y ESPN Deportes en Estados Unidos; OneSoccer en Canadá; Disney+ y ESPN en México, Centroamérica y el Caribe. Ese nivel de cobertura en apenas la segunda edición es importante. Pero la diferencia con UEFA está en la escala de hábito, comercialización y narrativa acumulada. Concacaf tiene ventanas; UEFA tiene un producto que ya se instaló en la agenda, y no solo en los mercados europeos.
Para Liga MX Femenil, la W Champions Cup es mucho más que un torneo internacional. Es una oportunidad de competir contra clubes de la NWSL que inmediatamente obliga a elevar ritmo, estándares deportivos, operación, preparación física y ambición comercial.
También ayuda a que América, Pachuca y el resto de clubes mexicanos se midan frente a organizaciones que están jugando en una liga con valuaciones, inversión y estructuras más avanzadas.
La Liga MX Femenil tiene la enorme oportunidad de mejorar su producto mediante este roce internacional: mejores narrativas, más patrocinadores, más audiencias regionales y una relación más seria con el mercado norteamericano. La cercanía con la NWSL puede ser fundamental para acelerar al fútbol femenil mexicano, siempre que no se quede en partidos aislados.
La conclusión no es que Concacaf esté fallando por no ser UEFA. Es injusto verlo así, lo que queda claro es que UEFA muestra lo que ocurre cuando una confederación sostiene una visión y un proyecto durante años. Concacaf, en cambio, está en la etapa donde todavía debe decidir qué quiere que sea su W Champions.
La Opinión de Infinitas
La diferencia entre UEFA y Concacaf no está solo en el nivel de los clubes, sino en la madurez del producto. Una final ya funciona como evento instalado; la otra todavía está construyendo hábito, narrativa y valor comercial.
La W Champions Cup tiene algo muy valioso para México: pone a clubes de Liga MX Femenil frente a equipos de NWSL en un contexto competitivo real. Pero ese cruce solo acelerará el crecimiento si se convierte en estrategia, no solo en calendario.
El formato centralizado puede ayudar a ordenar una competencia joven, pero también le quita parte del pulso fan. Si Concacaf quiere que su torneo pese más, la final tiene que sentirse como destino continental, no solo como sede neutral.
«El fútbol femenil no es una víctima, sino una estrella en ascenso. Y los inversores se interesan porque ven rentabilidad y ven un camino hacia los beneficios.
Nadine Kessler, Managing Director of Women’s Football de UEFA

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