Continuando con mi investigación anti-conspiratoria (o mejor dicho, de la conspiración de Ortega y sus mentiras para reescribir la historia de nuestro país) hoy iniciaremos con el segundo caso de los que alguna vez me hicieron caer en el agujero de conejo de la ficticia investigación histórica de Ortega. Este es el caso del “Escamado”.
Partiré, como ya se ha hecho habitual, con la historia tal como se cuenta en Alienígenas Americanos, para ir retrocediendo a su fuente. Podemos considerar que esta es la versión refinada (y absolutamente falsa) de la historia, con todos los detalles que Ortega le ha agregado con el tiempo.
«En febrero de 1967, el escampavía Yelcho de la Armada de Chile se encontraba anclado en la bahía de Fortescue, también conocida como la bahía de las sardinas, una protegida entrada de mar hacia la entrada noroeste del estrecho de Magallanes, a pocos kilómetros de la boca hacia el océano Pacífico. Era una noche sin luna, tranquila y con las aguas mansas, todo muy normal, al menos hasta poco antes de medianoche. Se lee en el diario de navegación: “Mientras nos alistábamos para verificar el faro que estaba apagado, escuchamos del vigilante en cubierta unos gritos aterradores. Cuando llegamos a su lado nos narró que había visto una criatura horrible que lo tomó por la espalda tratando de llevárselo al mar; un ser que parecía un hombre con cabeza de pez, de piel escamosa y cubierto por huiros y algas: ‘¡El escamado!’, según dijo uno de los tripulantes”. No solo eso, según un artículo que sobre el caso reprodujo la Revista de la Marina, la criatura dejó huellas de pisadas en la cubierta que no eran humanas».
Nuestra historia tiene un barco famoso de la Armada (el escampavía Yelcho), un terrorífico relato en el diario de navegación y un articulo en una revista oficial de la Armada. Uno se pregunta: ¿con datos tan específicos, quién inventaría una historia haciéndola pasar por real, no? Bueno, Ortega tiene el descaro de hacerlo.
Pero antes, veamos como este relato evolucionó.
En Dioses Chilenos y en Alienígenas Chilenos, algunos años anterior a Alienígenas Americanos tenemos esta versión:
«Escamado, el: Humanoide con características pisciformes que suele aparecerse en el Estrecho de Magallanes en el sur de Chile. Anfibio y de costumbres nocturnas, en 1942 los tripulantes del Escampavías Yelcho de la armada chilena declararon haber tenido un encuentro con la criatura que intentó abordar la nave. Apuntado por las armas de los oficiales, el Escamado emitió un silbido agudo y saltó de regreso al mar donde se perdió en “un espantoso gluglú”».
Vaya, primer problema, ¿esto ocurrió en 1942 o en 1967?
Busquemos más atrás.
Artículo en Bio-Bio del 31 de octubre de 2014:
«Así como Pie Grande en Estados Unidos o el Monstruo del Lago Ness en Escocia, Chile también tiene un personaje misterioso al que temerle. Se trata del escamado, humanoide acuático que los hombres de mar declaraban verlo en el estrecho de Magallanes.
El periodista Francisco Ortega contó en revista Capital que, en una oportunidad, los tripulantes del escampavía Yelcho de la Armada dijeron haberlo avistado en 1967.
No sólo eso, según los testimonios recogidos en un artículo de una revista de la institución castrense, el escamado trepó a la nave y asustó a algunos marinos».
2 por 1967 y 1 por 1942.
Vamos más atrás, al artículo de la revista Capital, aquel artículo infame que me engañó con las historias falsas de Ortega, el famoso Chilean Gothic del 18 de noviembre del 2013:
«El Escamado: Éste es el monstruo local más curioso y extraño, suerte de versión magallánica de La criatura de la laguna negra, película en blanco y negro de 1954 protagonizada por la bella Julie Adams. El escamado es un humanoide acuático que los marinos declaraban ver en las aguas del estrecho de Magallanes. Lo más raro del asunto es que los tripulantes del escampavía Yelcho de la Armada aseguran que en 1967 el ser trepó a la nave y asustó a algunos marinos, tal cual fue declarado en un artículo en la revista oficial de esta rama de las Fuerzas Armadas chilenas».
Tenemos 3 por 1967 y 1 por 1942. Esta es la fuente más antigua registrada de la historia por Ortega, pero ¿hay una fuente más antigua?
Por ahora no indagaré en la “revista oficial”, sino en otras publicaciones. Y así es como llegue a “Mitos y Leyendas de Magallanes II” de Mario Moreno, publicado en el año 2004, la fuente más antigua registrada de esta historia. Veamos que nos narra Moreno:
«Una nave de la Armada de Chile, dependiente de la IIIᵃ Zona Naval, patrullaba una noche los canales magallánicos. El clima era apacible y la luna ponía una luminosidad especial a la semipenumbra veraniega. El sargento cocinero se había entretenido conversando en el comedor de suboficiales y era hora de poner orden en la cocina. Hacia allá se dirigió y, al entrar en la dependencia, casi se le heló la sangre en sus venas: devorando las sobras del alimento, se encontraba un terrorífico ser parecido a un lagarto, con unos enormes ojos que lo miraron amenazantes. Ambos se quedaron quietos por un instante y al reaccionar, el grito o más bien el alarido que emitió el marinero solicitando socorro a sus compañeros, hizo que el monstruo saltara hacia la puerta y ágilmente, desde la cubierta, se lanzara hacia las profundidades del océano. Cuando llegaron sus compañeros, encontraron al sargento cocinero pálido y desencajado, con la mirada perdida en el vacío, reteniendo en sus pupilas la horrorosa visión del Escamado, el Hombre Pez de los canales magallánicos».
Esta es la fuente más antigua que pude encontrar y que es previa a los artículos de Ortega, por lo que probablemente fue su fuente primigenia. Mario Moreno tiene una lista vaga de fuentes, y ninguna de las fuentes bibliográficas relata el episodio. Por lo tanto solo queda la posibilidad de que Mario Moreno recogiera un relato oral de alguna de las personas que nombra como fuente.
Tenemos ese salto entre el relato de Mario Moreno y el de Ortega, donde aparece el escampavía Yelcho y la “revista oficial de la Armada”. Sobre la revista, ¿se refiere a la Revista de Marina o Vigía? Ambas son revistas que son editadas por la Armada (la primera por la Academia de Guerra Naval y la segunda directamente por la Armada de Chile). Si buscamos en la Revista de Marina encontramos un relato llamado “‘Zeta’ y el ‘Escamado’ de Fortescue“ del número 977 del volúmen 137 del año CXXXVI, ¿el problema? ese número corresponde a julio del año 2020 y, para mayor abundancia, es una obra claramente de ficción escrita por Andrés Rodrigo Ramirez. Aparte de ese relato, tanto en la Revista de Marina como en Vigía no hay otro articulo o relato que narre el supuesto incidente del escamado. Lamentablemente no pude encontrar alguna forma valida de contactar a Andrés Ramirez para descubrir cual es su fuente, pero por los detalles del relato, probablemente está inspirado fuertemente en lo que Ortega dice.
Por otro lado la mención de Ortega del famoso escampavías Yelcho es, en el mejor caso, dudosa. Cómo vimos Ortega da diferentes fechas para el incidente y Mario Moreno no da ninguna: Ortega menciona 1947 en una ocasión y 1967 en tres. Por otra parte el relato de Ramirez ocurre en los 90’s (identificando al barco correctamente de acuerdo con la época como el remolcador Yelcho, pudiendo ser cualquiera de los dos remolcadores con ese nombre que operaron en los años 90).
El escampavía Yelcho fue retirado del servicio activo en 1945, pasando a la escuela de grumetes, por lo que tanto en 1947 o 1967 no pudo estar navegando en Magallanes. Por otra parte el segundo Yelcho de la Armada, y primer remolcador de ese nombre entró en servicio activo en 1960. Por lo tanto, si es que la historia alguna vez ocurrió en un barco de ese nombre, debió ser en 1967, de acuerdo con el relato extremadamente dudoso de Ortega.
Todo indica que esta historia es una leyenda marinera de Magallanes, recogida por Mario Moreno, incluso dándole el beneficio que su fuente fue alguien parte de la Armada, y por lo tanto, parte de las leyendas que corren entre los miembros de la institución, pero recogida por Ortega, quien le agregó elementos de su propia cosecha. Ya hemos visto que Ortega tiene siempre esa tendencia a agregarle elementos a las historias “reales” que presenta, tergiversando o derechamente inventando los incidentes, a niveles ridículos e infantiles.
Las leyendas de seres anfibios que saltan a los barcos son de larga data, desde que alguien se le ocurrió comenzar a navegar los océanos del mundo, por lo que no son raros y es altamente probable que hasta el día de hoy circule el relato entre los marinos que surcan los fiordos del sur. Pero por otro lado ponerle fecha y lugar, intentando ridículamente convertir una leyenda en un hecho histórico es algo diferente.
Ortega tiene un afán de intentar crear nuestras propias versiones de los eventos paranormales de otras partes del mundo: ¿USA tiene Roswell? Nosotros tenemos Chanco; ¿Nessie? Tenemos el monstruo del Tagua-Tagua o del Llanquihue; las abducciones de los Hill, Pascagoula o Walton? El cabo Valdez; y así. Pero estas son versiones Fruna (sin querer desprestigiar a Fruna, soy un cliente asiduo de dicha dulcería).
El resto del capítulo básicamente lista y describe brevemente encuentros con criaturas marinas compiladas en el libro “Abordaje al Caeluche” de Antonio Cárdenas Tabies. Estos no son más que testimonios imposibles de corroborar.
Tras presuntos encuentros navales en Brasil, está el caso de la Cochrane, pero también se basa en un relato de un testigo, además que sospecho que también hay un efecto teléfono inflando el incidente original.
Cómo mi objetivo es investigar la verdad detrás de los casos chilenos, omitiré el “Roswell Mexicano”, y creo que tampoco vale la pena meterse en el caso Valdés (aunque las historias de J. J. Benítez son hilarantes y completamente falsas, como probablemente la mayoría del caso).
Este caso, si bien internacional, merece revisarlo, más que nada porque demuestra la mala fe y las mentiras de Ortega.
Este es de por si un caso muy interesante, dado el carácter oficial del incidente, reconocido por la fuerza aérea de Brasil.
Yendo al relato que presenta Ortega, la primera “red flag” es que claramente prefirió “novelizar” el relato, agregándole claramente elementos de ficción.
La primera parte de la historia en versión Ortega es un supuesto intercambio entre un piloto “Claudio Carvallo” en una Piper Navajo y la torre de control del aeródromo Campo de Marte al norte de São Paulo. Primero, es curioso que el apellido esté en su versión española y no en la portuguesa “Carvalho”. Segundo, según el subtitulo, esto ocurriría a las 18:30 del 19 de mayo de 1986. Hay que considerar que este caso fue muy bien documentado por la fuerza aérea de Brasil, y reconocido oficialmente. De acuerdo a los datos oficiales, el primer avistamiento del fenómeno efectivamente fue a las 18:30 de ese 19 de mayo, pero no fue por un piloto civil, sino por el personal de la torre de control de São José dos Campos. El controlador Sérgio Mota da Silva observa dos luces intensas alineadas con el el eje de aproximación de la pista, a unos 15 [km] de la torre.
No pilotos civiles, no controladores militares, pura ficción inventada por el mitómano de Ortega.
A continuación el relato tiene un salto a las 22:00, saltándose varios acontecimientos que son descritos en el reporte oficial. Por ejemplo a las 19:00 las torres de control en São Paulo y Brasilia confirman a São José que detectan tres blancos primarios en sus pantallas, y que no hay aviones registrados en la zona (desmintiendo una vez más el ficticio Claudio Carvallo de Ortega).
A las 20:00 CINDACTA de Brasilia (el centro de defensa y control aéreo) detecta hasta ocho blancos en sus pantallas.
Media hora después un nuevo objeto es visto mediante binoculares en la torre de São José, tiene formas definidas y un color naranjo rojizo, se aproxima a la torre y después se retira. A las 21:00 ocurre el primer encuentro con un avión, pero no un Piper, sino que un Embraer Xingu (PT-MBZ). A bordo iba nada más que el Coronel Ozires Silva, fundador de Embraer, que retornaba de reunirse con el presidente Sarney. Junto a él iba el capitán del avión, Comandante Alcir Pereira. Ambos confirman contacto visual con objetos luminosos a 330 grados e intenta seguir a los objetos por alrededor de 10 minutos.
Así, tras la infructuosa persecución, el Xingu vuelve para aterrizar, cuando un nuevo objeto luminoso de gran tamaño va hacia el avión. La torre confirma dos ecos: el Xingu y un objeto desconocido, el cual desaparece de la pantalla 15 minutos después.
A las 21:20 el Centro de Control Aéreo de Brasilia informa al Comando de Defensa Aéreo de la situación.
A las 21:25 el Xingu intenta un nuevo aterrizaje, pero la torre de São Paulo reporte un objeto 180º al sur, el cual es observado y seguido por el comandante Pereira.
5 minutos después el Xingu comienza un tercer intento de aterrizaje cuando Brasilia reporta la aparición de nuevos objetos. El Xingu, a 3.000 [m], hace contacto visual con tres objetos luminosos que vuelan bajo sobre las refinerías de Petrobras y en dirección de Serra do Mar. Finalmente el Xingu aterriza en São José dos Campos.
A las 21:40 más objetos son visibles a 320º azimuth, y de nuevo diez minutos después un gran objeto luminoso amarillo rodeado de luces más pequeñas es visto a 110º azimuth.
Según el relato ficticio de Ortega a las 22:00 en la Base de Santa Cruz en Río de Janeiro, los tenientes Marcio “Yaguareté” Brisola y Kleber “Vampiro” Caldas despegan en sus F-5E Tiger con munición real y misiles Sidewinder.
En el reporte oficial (y real) a las 22:23 el primer F-5E Tiger (JB17), efectivamente pilotado por el teniente Kleber Caldas Marinho despega desde la Base Santa Cruz en el estadio de Rio. En seguida, a las 22:45 el segundo F-5E (JB07), pilotado por el capitán Brisola Jordaõ, despega desde Santa Cruz. Paralelo a este el primer Mirage F-103 (JB116), armado con misiles Sidewinder y Matra despega desde la base de Anápolis, en el estado de Goias.
Vemos ya cómo desde unas piscas de verdad Ortega construye hechos nacidos completamente de su fantasía (como por ejemplo los nombres de combate de los pilotos) y rellena donde puede.
Según Ortega, su versión de los hechos son que Brisola persigue un objeto ovoidal traslucido que cambia de colores, que iguala su velocidad a Mach 0.7 y luego escapa a más de Mach 3. Por su parte Caldas dispara ráfagas de advertencia de cañón M39A2 y el objeto se detiene en seco y luego se divide en trece esferas que persiguen a Brisola. Acto seguido llegan dos Mirage III de São Paulo como refuerzo; ante ello los objetos ascienden en vertical y desaparecen del radar. Los cazas permaneces en patrulla hasta quedarse sin combustible y regresan a sus bases. Cierra con la clásica historia conspirativa de que la narrativa oficial es que fueron restos de la estación soviética Salyut-7.
Pero la realidad del reporte oficial es otra, muy diferente a las fantasías mitómanas de Ortega. A las 22:55 el radar de Anápolis detecta los objetos, asimismo el radar a bordo del Mirage F-103 (la versión brasilera del Mirage III francés) del capitán Viriato detecta un objetivo, pero no logra hacer contacto visual. Viriato persigue el objetivo a una velocidad de 1.350 [km/h] (Mach 1.2 aproximadamente), acercándose a unos 10 km del objeto, el cual parecía avanzar zigzagueando. Finalmente desapareció del radar.
A las 23:00 el segundo Mirage F-103 despega desde Anápolis. A las 23:15 Caldas hace contacto visual con una bola de luz y la persigue a una velocidad de Mach 1.1 (1.300 [km/h]), también su radar lo detecta. Lo persigue a una distancia de 20 [km], zigzagueando. De acuerdo a lo reportado por Caldas y el radar de tierra, el objeto estaba a unos 10 [km] de altitud y a una velocidad mayor a 1.000 [km/h] y lo persiguió hasta 320 [km] sobre el Atlántico.
Mientras, a las 23:17 el tercer Mirage despega desde Anápolis. A las 23:20 el capitán Jordão hace contacto de radar de 10 a 13 blancos a una distancia de 30 [km] de São José dos Campos, pero a pesar del cielo despejado, Jordão no logra hacer contacto visual. Desde tierra le informan que los objetos se están acercando y de pronto hay 13 objetos detrás de su F-5E, 6 por un lado y 7 por el otro, durante varios minutos. Después de maniobrar, los objetos desaparecen.
Finalmente a las 01:00 todos los aviones regresan a sus bases.
Tras el incidente varias hipótesis fueron ofrecidas por astrónomos y otros científicos, entre ellas la basura de la Salyut-7, la entrada del satélite Solarwind o una lluvia de meteoritos, pero todos fueron rechazadas por la fuerza aérea, dado que si bien son detectables por los radares y eventualmente visibles, estos no realizan maniobras y cambios de trayectoria.
En síntesis las diferencias entre la versión de Ortega y la real son:
Primer contacto real: A las 18:30 los controladores de la torre de São José dos Campos observan dos luces intensas alineadas con la pista, a unos 15 km. No hay ningún piloto civil involucrado; el primer testigo identificado es personal de torre en tierra. Claudio Carvallo no existe en ninguna parte de esta cronología.
El primer testigo civil real es el coronel retirado Ozires Silva, presidente de Embraer, que viajaba en un jet ejecutivo Xingu y persiguió los objetos junto al comandante Alcir Pereira; ambos identificados con nombre y cargo real. Nada que ver con un piloto anónimo en una Piper Navajo.
Los cazas: Ortega comprime dramáticamente las acciones de los aviones en una sola escena nocturna simultánea. La realidad es una secuencia escalonada entre las 22:23 y las 23:36, con cinco aeronaves en total; dos F-5E y tres Mirage F-103, estos últimos desde Anápolis, Goiás, no desde São Paulo como sugiere Ortega.
Los pilotos reales: Kleber Caldas Marinho (teniente, F-5E) y Brisola Jordão (capitán, F-5E) dieron declaraciones públicas identificados con sus nombres reales en la conferencia de prensa del 23 de mayo. Ortega tomó sus apellidos pero los convirtió en personajes ficticios con apodos inventados, rangos alterados y experiencias dramatizadas que no coinciden con sus declaraciones reales.
Lo que Kleber realmente reportó: contacto visual y radar con un punto luminoso a 19 km. de distancia, que persiguió hasta el límite de aguas territoriales sobre el Atlántico; sin divisiones, sin multiplicaciones, sin objetos que lo persigan.
Lo que Brisola Jordão realmente reportó: detección radar de 10 a 13 blancos a 32 km., cielo despejado sin contacto visual, objetos que se acercaron hasta quedar 6 y 7 a cada lado de su aeronave según radar, y que desaparecieron tras maniobrar; sin disparos, sin persecución cinematográfica.
El cierre del encubrimiento: Ortega usa la hipótesis Salyut-7 como remate de conspiración, cuando en realidad fue una explicación ofrecida públicamente en la prensa brasileña y descartada explícitamente por el brigadier Cavalcanti de la Fuerza Aérea, precisamente porque los objetos variaban su velocidad trayectoria drásticamente; algo imposible para escombros en reentrada.
Una vez más Ortega arruina uno de los pocos casos realmente interesantes y fidedignos de objetos voladores no identificados con comportamientos anómalos, agregándole elementos ficticios totalmente innecesarios.
El incidente de Salta no deja de ser una anécdota (probablemente ficticia) basada en un relato de supuestos testigos. Nada de interés e imposible de desmentir o comprobar.
Pero nos saltamos ahora a otro capítulo interesante
Este relato rompe un poco el esquema de los anteriores, porque está en primera persona. En él, Ortega cuenta una historia que un anónimo policía le narra (¡qué conveniente!). La historia es la siguiente:
El 7 de octubre de 1998 en la localidad de Paihuano, en el valle del Elqui, pasadas las 16:00, los lugareños vieron una deslumbrante luz blanca que atravesó el cielo, con un ruido similar a un jet, impactando en el Cerro Blanco, rebotando y cayendo en una ladera del Cerro Las Mollacas. Según Ortega (o su misterioso, conveniente y anónimo interlocutor), el objeto tenía una estructura metálica plateada y reluciente.
El anónimo interlocutor de Ortega dice que es ordenado junto a sus carabineros subir a investigar y acordonar el lugar para evitar que ingresaran curiosos. Dice también que uno de los caballos de la patrulla murió del esfuerzo. Después, y siguiendo el motiv favorito de los conspiranoicos, llegan helicópteros sin marcas y militares tanto chilenos como de habla inglesa. Y en la misma línea clásica a la “X Files”, bajan con una camilla llevando un cuerpo de un alienígena gris. Después la infaltable orden de que no puede decir lo que vio, y una historia oficial de tapadera del verdadero incidente. Infaltable en nuestro Roswell Fruna, algunos lugareños pudieron encontrar restos metálicos extraños, camiones con lonas tapando una carga misteriosa.
Finalmente cierra con que la NASA habría contactado a lugareños y al exalcalde Lorenzo Torres Medina pidiéndole que desistiera de una conferencia de prensa, y como remate, sugiere la posible existencia de una base subterránea tipo Área 51 bajo complicidad entre los gobiernos de Chile y Estados Unidos.
Gran parte de esto es una delirante mentira inventada por Ortega. Tomando como base el detallado estudio del caso que hace
Patricio Abusleme en su excelente libro “Ovnis de Chile”, voy a ir desmontando las mentiras de Ortega.
El primero, y quizás el más fácil de desmentir, es el supuesto capitán de Carabineros que supuestamente fue quién le confidenció la historia. Abusleme no tuvo el más mínimo problema en encontrar y contactar al oficial a cargo de Carabineros en la comuna, el entonces teniente Sergio Fuenzalida Vargas, quien sin tapujos le cuenta los sucesos (y desmiente varias de las mentiras que Ortega menciona). Primero, efectivamente subió con una patrulla de Carabineros... y periodistas. Nunca acordonó la zona, ni vio helicópteros o personal militar en el lugar. De hecho recién subió el 09 de octubre, dos días después del incidente, y ya antes habían subido lugareños curiosos.
De hecho según lo que logró averiguar Abusleme el equipo ESIO, varios ufólogos, periodistas de Canal 13, el director del Museo Entomológico de Vicuña con su hijo, y Jorge Campusano con su hijo menor subieron el cerro sin encontrar ningún obstáculo. Roderick Bowen, Miguel Jordán y Luis Sánchez Perry lo confirmaron explícitamente: «No nos topamos con ningún obstáculo de Carabineros o militares», y ellos son investigadores ufológicos, los más propensos a creer en conspiraciones. Incluso sobrevolaron el cerro el día 09, sin ver nada anormal. Incluso se especula que el supuesto brillo pudo ser una piedra particularmente plana y el sesgo de confirmación (básicamente las ganas de creer).
La mentira más sensacionalista de Ortega, el ser grisáceo de tamaño infantil en una camilla, no tiene ningún asidero, nadie testifica haber visto algo por el estilo. Decenas de personas subieron el cerro en los días posteriores. Nadie encontró nada. El testimonio más cercano a algo concreto son las huellas de botas y una zanja de unos 3x2,5 metros encontradas por el equipo ESIO, que sugieren actividad humana pero no tiene ninguna relación con recuperación de cuerpos ni un gran despliegue militar.
Lo del personal militar extranjero tampoco tiene ningún tipo de respaldo, sobre todo porque no hay bases permanentes, y como la investigación de Abusleme comprobó, a la fecha del incidente ya UNITAS había terminado y tanto la Armada como el personal del aeródromo La Florida reportan que no habían naves o personal extranjero.
Después Ortega, siguiendo el guion clásico para estos casos, presenta a la NASA como actor activo en el encubrimiento. Lo que existe verificablemente es una llamada desde Santiago identificada como del Ministerio del Interior, que mencionó de paso a funcionarios de la NASA, sin dar nombres, pidiendo que no se hicieran declaraciones. El propio encargado de relaciones públicas Marco Antonio Gallardo, único testigo directo de esa llamada, no pudo confirmar identidades. Abusleme constata que la NASA negó toda participación y que su proceder institucional no incluye recuperación de objetos caídos. Además seamos sinceros, ¿Qué carajos haría la NASA ahí? ¿Cómo se hubiera enterado?, además de que está compuesta mayoritariamente por civiles, lo cual la hace poco útil para una conspiración mundial.
Siguiendo el guion, Ortega nos inventa que el lugar ahora presenta anomalías que afectan la vida útil de las baterías, la navegación de drones y personas que desaparecen en el sector. Puras mentiras que se sacó del sombrero Ortega.
Cerrando el capítulo, que Ortega falsea tan notoriamente, me inclino por que efectivamente un objeto se estrelló en el cerro, ¿un dron militar? Poco probable. ¿Una nave extraterrestre? Posibilidad 0. ¿Una roca espacial? Probable. ¿Un globo sonda? Poco probable. ¿Ortega miente? Con certeza. El hecho que el propio oficial de Carabineros le cuente a Abusleme sin tapujos lo sucedido, desmintiendo gran parte de los delirios de Ortega (incluso el pobre caballo que murió después de la expedición al cerro), así como la presencia paralela de periodistas y ufólogos en el sector, no dejan duda de que estamos ante la creación de un mito moderno, creando un paralelo a Roswell que Ortega no intenta disimular en lo más mínimo, y probablemente ese mito moderno tuvo una génesis idéntica: un fenómeno real que se amplificó y llenó de mentiras, testigos falsos y autores mitómanos como Ortega. Es un caso muy similar al de Chanco, donde un fenómeno aéreo poco común (como la caída de un aerolito) es amplificado por el tiempo, los recuentos de la historia y las exageraciones y mentiras de “investigadores” y “periodistas” como Ortega.
Al igual que otros casos que hemos visto en estos posts, no entiendo la necesidad de enlodar con mentiras y exageraciones fenómenos reales, misteriosos de por sí, sin necesidad de romantizarlos y hacerlos clones de casos famosos de otros países (que probablemente también sean frutos de exageraciones y romantizar fenómenos reales).
Sobre lo que viene después, J. J. Benítez es aún más mentiroso que Ortega, así que no hace ni falta intentar hacerle un fact check, todo es mentira sin la menor duda, esas reuniones ficticias con Castro y Pinochet son dignas del realismo mágico.
Finalmente ha llegado el fin de este libro (¡al fin!) y espero recuperar algo de la sanidad perdida al leerlo y releerlo. Ahora espero continuar con otras investigaciones y temas que me interesan, especialmente considerando los vientos que corren.
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