el montaje de la tristeza
suena sunshine reggae en la panadería
mi corazón es simple y soy una persona alegre
hablé con una mujer de 76 años en la cola del supermercado
Cecilia Pavón
Fue Roberto Bolaño quien, en un cuento, dijo que un poeta, si es un verdadero poeta, puede resistirlo todo, absolutamente todo. Siempre me gustó esa confianza absoluta y fe ciega en la poesía. Como si fuese una especie de superpoder ante la adversidad constante del mundo, el dolor que traen las relaciones, los problemas de dinero, el desequilibrio que genera la política, la economía, y los tiempos de guerra. Creo que quien lleva ese dictum (un poeta puede resistirlo todo) adelante en cada uno de sus libros es Cecilia Pavón. Y ahora acaba de publicar Desolación por Santos Locos y es algo que se confirma.
Cuando lo terminé me pareció un libro sumamente feliz, algo que disfruto mucho de leer. En la literatura argentina no está bien visto hablar de felicidad, como si fuera la tristeza lo único que tiene prestigio (¿tendrá que ver con el tango y la melancolía rioplatense?). Bueno, eso no me importa nada. Me gusta leer textos que me producen alegría y este era el caso.
Después reparé en el título: Desolación. Busqué la etimología. Encontré esto: “La palabra “desolación” proviene del latín desolatio, que significa dejar un lugar completamente solo, vacío o abandonado.” En un principio era una palabra que tenía un significado físico original: El verbo latino desolare significaba vaciar un sitio de gente, arrasar un campo o destruir un pueblo hasta dejarlo desierto y en ruinas. Y ese significado derivó, con el tiempo, en emocional: la idea de un lugar vacío y destruido pasó a describir el gran vacío interior, la tristeza profunda y la falta de todo consuelo en el alma. Bueno, descubrí que todo eso también está en el libro. A veces de forma explícita y a veces de forma implícita. Pero lo que me interesó fue que por encima de todo eso siempre estaba la certeza de que la poesía, entregarse a ella, podía -puede- proveer algún tipo de salvación, con todo lo que eso significa.
La poesía de Cecilia Pavón tiene su universo con signos claros: la amistad femenina, los bares, Capital Federal, el poder reparador de la música, la ciudad vs la provincia, los cuadernos, los talleres, entre otros. Pero su tema principal es la poesía y, sobre todo, qué significa llevar una vida dedicada a la poesía. Y, una cosa nada menor, qué costo (físico, emocional, psíquico, afectivo) tiene entregarse al ejercicio (escritura/lectura) de la poesía.
En la página 14 escribe: “Los poemas sencillos son mis joyas”. ¿Son sencillos los poemas de este libro? Son más bien regalos que se pueden lucir porque se pueden comprender de un solo golpe de lectura, pero su belleza radica en que Pavón logra que esos textos persistan en la mente una vez que uno cierra el libro. La sencillez puede ser un camino -¿un recurso, una herramienta?- como cualquier otro para conectar con el lector.
Más adelante, en “Primer poema del invierno”, escribe la poeta: “Sé que de alguna forma frágil/y desmantelada/soy profeta/con todas mis faltas/y cicatrices/soy profeta.” Esta es otra forma de mostrar la relación de Pavón con la poesía: meterse en ese océano es traer información de algún lado para poder comprender lo que no se puede comprender de otra manera. ¿La poesía como una suerte de religión pagana? En “Locura y soledad” dice: “Escribí los poemas fantasiosos/más violentos/y me fui a dormir/yo abrí mi corazón/y ellas no/no es fácil hacer eso/pero me quedé así/como al borde de un lago helado.” Acá aparece el tema del costo que implica escribir poesía y que Pavón hace tiempo que viene pagando, pero en los poemas no aparece como queja ni resentimiento, sino como conocimiento y certeza. Es como si nos dijera: estas son las reglas, yo no las inventé, escribir poesía tiene sus peligros.
En Desolación constantemente aparecen las situaciones en las que se escriben los poemas. Fin del verano dice esto: “Quizás la soledad no sea nada/salvo escribir poemas cortos/o hablarle simplemente al universo.” Todas las situaciones están mediadas por la escritura de poemas. Hasta que no se lo escribe en forma de poema no es posible pensarlo. Por eso en la página 33 dice esto: “Siempre pensé que ser poeta era buscar señales en todas las cosas.” ¿Ser poeta te da visión de rayos x? Es probable. Este libro pone en cuestión qué poderes te aporta la poesía.
Y más adelante aparece una suerte de clave/respuesta: “Soy adicta a los poetas y a los bares”. ¿De esto se trata entonces? Es probable que meterse en la poesía es adentrarse en una adicción-obsesión, pero que no es perjudicial, sino que provee una forma de vida, un posicionamiento de la mirada y unas sagradas escrituras ante los momentos de duda, confusión, soledad y tristeza.
Desolación no se mete de forma esquemática con el horror emocional que genera estancamiento y agua podrida, sino que encara la frente esa sensación de tierra arrasada para decir que si uno se pone del lado de la poesía puede resistirlo todo, absolutamente todo.
a veces
a veces un libro de poemas
no es nada más que
un cuaderno con cosas acelerándose
hacia la nada
–o ninguna parte–
y de repente en la parada del 71
en la avenida jujuy aparece
una mujer toda vestida de rosado
que habla por celular sobre
personas que estaban en el hospital
y se recuperaron
y así
de igual forma
nosotras siempre nos vamos a recuperar
Vamos a estar en La Feria de editores con este libro y nuestro catalogo completo, espero puedas hacerte tiempo para venir a conocernos o saludarnos. Te espero allá detrás de la mesa, junto a mis libros, donde deberían estar todos los editores de poesía.
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