No ha sido un verano precisamente fácil para el rey emérito. En apenas dos semanas, ha conocido la muerte de dos de sus íntimos. Uno de ellos, Alfy Fanjul, al que despedíamos a primeros de agosto; el otro, Josep Cusí, que fallecía este miércoles. Y en este último caso, el rey Juan Carlos I no ha dudado en volver a Barcelona más de diez años después para despedir al armador, uno de sus amigos más fieles.
Tal y como ha contado Maríangel Alcázar en 'La Vanguardia', el rey emérito se desplazó este jueves, 20 de agosto, hasta la capital catalana para acompañar a la familia de quien fue uno de sus amigos más cercanos durante más de medio siglo. Una visita completamente privada que adquiere especial relevancia porque hacía más de diez años que el padre de Felipe VI no viajaba a la ciudad.
Según la citada periodista, Juan Carlos I llegó desde una ciudad europea y pasó varias horas en el domicilio de la familia Cusí, que ha querido despedir al empresario lejos de la exposición pública. El emérito había conocido el día anterior el fallecimiento de su amigo, a los 92 años, y decidió acudir personalmente a Barcelona para presentar sus respetos a la familia de un hombre que fue tan cercano a él.
Aunque no se veían desde antes de que el antiguo jefe del Estado fijara su residencia en Abu Dabi en agosto de 2020, la distancia no acabó con su relación. Siguieron hablando con frecuencia, tanto por teléfono como mediante videollamadas, durante unos años en los que la delicada salud del empresario hizo cada vez más difíciles los encuentros.
Juan Carlos de Borbón y Josep Cusí se conocían desde hacía décadas y encontraron en la vela uno de sus grandes puntos de unión. El empresario catalán estuvo estrechamente ligado a los diferentes 'Bribón' y durante años compartieron competiciones, viajes y una afición por el mar que convirtió su relación en algo prácticamente familiar.
Su propia biografía explica esa pasión. Antes de convertirse en empresario, Josep Cusí había sido nadador, waterpolista y submarinista y, siendo todavía muy joven, llegó a participar en una expedición de Jacques Cousteau en el Mar Rojo. Más tarde, la vela ocupó buena parte de su vida. Fue precisamente ese mundo el que terminó reforzando su vínculo con Juan Carlos I y dando origen a una asociación deportiva que se prolongaría durante décadas.
Pero Cusí fue mucho más que el armador del 'Bribón'. Con el paso de los años se convirtió en uno de los hombres de confianza del anterior jefe del Estado y en una figura cercana también a su familia. Su nombre volvió a adquirir notoriedad en 2020, cuando 'The Telegraph' publicó que una empresa vinculada al empresario, Navilot, había sufragado 269.000 dólares de los 467.500 que, según el periódico británico, habría costado la luna de miel de Felipe y Letizia en 2004.
Y Barcelona, la ciudad a la que ha vuelto don Juan Carlos tanto tiempo después, fue, además, uno de los escenarios de aquella amistad. Cusí ayudó durante años a Juan Carlos I a moverse por la ciudad en una esfera mucho más privada que la que rodeaba sus desplazamientos oficiales. A través de él estableció contactos personales, médicos y sociales y construyó vínculos con representantes de la sociedad civil catalana. También el Real Club Náutico de Barcelona, ligado durante décadas a la historia de los 'Bribón', fue uno de los principales puntos de encuentro de esa etapa.
Pero la nueva vida del rey emérito en Abu Dabi los separó físicamente. Cuenta también Mariángel Alcázar que don Juan Carlos había pensado en alguna ocasión viajar a Barcelona ante los problemas de salud de Cusí, pero esas visitas nunca llegaron a producirse. Finalmente, ha sido su fallecimiento y el deseo de mostrar su cariño al que fue uno de sus fieles el que le ha hecho volver a la capital catalana más de diez años después.
No ha sido un verano precisamente fácil para el rey emérito. En apenas dos semanas, ha conocido la muerte de dos de sus íntimos. Uno de ellos, Alfy Fanjul, al que despedíamos a primeros de agosto; el otro, Josep Cusí, que fallecía este miércoles. Y en este último caso, el rey Juan Carlos I no ha dudado en volver a Barcelona más de diez años después para despedir al armador, uno de sus amigos más fieles.

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