Josep Cusí era una pieza básica en el organigrama de afectos de don Juan Carlos. Un hombre honesto que nada tenía que ver con las amistades peligrosas del monarca. El autor de esta definición fue Sabino Fernández Campo y con ella englobaba a personajes que pasaron por la cárcel o recibieron sentencias de culpabilidad y que posteriormente fueron amnistiados.
Muchos de ellos, con afán de protagonismo y utilizando su relación con quien era el jefe del Estado para medrar. El ingeniero de telecomunicaciones catalán nunca lo hizo. Siempre mantuvo un perfil bajo y nunca quiso aceptar un título como reconocimiento a esa lealtad. De todos los que concedió el monarca, seguramente el suyo habría sido uno de los más merecidos.
Fue precisamente quien durante años estuvo al frente de la secretaría de la Casa de Su Majestad quien en una ocasión me comentó: "Cusí es ese amigo que todos quisiéramos tener. Siempre está dispuesto a facilitar la vida de los demás. A mí me lo hace todo fácil. Ojalá Su Majestad tuviera más amigos como él". Su amistad venía de lejos, desde que ambos coincidieron en 1972 en una regata. Cada uno era patrón de su embarcación, hasta que tiempo después decidieron unir fuerzas y navegar juntos.
Don Juan Carlos acudió a su boda con Inés Muiños, como quedó reflejado en un reportaje de la revista 'Tiempo'. No tuvieron descendencia y don Juan Carlos es padrino de una de las hijas de un matrimonio anterior. La relación de toda la familia real con el navegante era excelente. Cusí era el receptor de los secretos de su compañero de tripulación, pero nunca formó parte de ese grupo que alentaba sus irregularidades festivas.
A diferencia del príncipe Zourab Tchokotua, que fue quien recibió el encargo de recoger a Bárbara Rey en su casa y llevarla al pabellón de caza de El Pardo, o de acompañar a Marta Gayá en fiestas públicas en el Club de Mar de Palma, Cusí se mantuvo al margen. Sentía un gran cariño y respeto por la reina y, por eso, nunca se implicó.
Se casó varias veces, pero nunca mantuvo historias a tres bandas y la relación con todos sus hijos era espléndida. Mientras pudo, las conversaciones con el amigo rey eran casi diarias, como explica Silvia Taulés en su reportaje publicado tras su fallecimiento. Con el tiempo, esas charlas desaparecieron, pero no el contacto con la familia. La salud de Cusí se resintió y ya no era posible mantener conversaciones con normalidad. Además, ambos preferían verse antes que hablar por teléfono debido a los problemas de audición del padre de Felipe VI.
Quienes trataron personalmente al armador lo definen como un hombre incondicional y leal. Y cuentan una y mil anécdotas sobre cómo llegó incluso a mimetizarse físicamente con don Juan Carlos. Misma estatura, mismo porte y, prácticamente, lo único que les diferenciaba era el color de los ojos. El ingeniero tenía una mirada azul.
Hay una anécdota especialmente divertida sobre este parecido. En una ocasión, unos periodistas extranjeros que informaban de las regatas del club náutico lo confundieron con el monarca y comenzaron a fotografiarlo. Según se cuenta, hubo entonces dos grupos de periodistas españoles: unos fueron quienes facilitaron la información errónea y otros quienes deshicieron el entuerto.
Don Juan Carlos, enterado de la historia, compensó después a los reporteros internacionales con un posado en condiciones. Otras veces era el propio monarca quien bromeaba presentando a Cusí como su hermano biológico.
Hace tiempo, en uno de los encuentros habituales que tuve con el almirante Jaime Rodríguez-Toubes en el club náutico de Palma, durante la celebración de las regatas, Cusí se unió a la charla para conocer cómo veíamos desde fuera la competición. Al comentarle que lo peor era subirse a una lancha por cómo se movía, gestionó el barco de un amigo que nada tenía que ver con aquel bamboleo marino. Y conocí de primera mano que el nombre de Bribón no lo había elegido don Juan Carlos, sino que Cusí ya había bautizado así una de sus primeras embarcaciones de competición.
Cusí prestaba a tiempo completo el Somni para que la reina, sus hijos, sus nietos y sus amistades navegaran por Baleares. Durante una época, el rey jubilado pasaba temporadas en la casa familiar de su amigo, cerca de Montserrat, donde tenía incluso su propia habitación, como ahora ocurre en casa de Pedro Campos, en Nanín.
En público y en privado, Cusí y su entorno siempre se han dirigido al exjefe del Estado con el tratamiento de "señor". Nunca le falló. Dicen que era ese hermano mayor que don Juan Carlos nunca tuvo.
Josep Cusí era una pieza básica en el organigrama de afectos de don Juan Carlos. Un hombre honesto que nada tenía que ver con las amistades peligrosas del monarca. El autor de esta definición fue Sabino Fernández Campo y con ella englobaba a personajes que pasaron por la cárcel o recibieron sentencias de culpabilidad y que posteriormente fueron amnistiados.

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