Lee el podcast de Por qué cuando todo va bien empiezas a estropearlo sin darte cuenta
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Qué rabia da cuando por fin te va todo bien y la que empieza a estropearlo eres tú y encima ni siquiera te das cuenta. Porque si te fijas hay momentos en que las cosas van bien. Ok, no es todo perfecto, pero tú puedes decir que las cosas están bien porque estás trabajando, tú ves que avanzas, las cosas salen y no hay nada en especial que te haga decir, es que esto está especialmente mal. Pero de repente haces algo, algo así como pequeñito, insignificante. Y empiezas a revisarlo todo, a mirar qué hacen otros, a analizar sus resultados, a pensar, oye, mira, esto que estoy haciendo no está a la altura. Y en décimas de segundo, lo que al principio te parecía que estaba bien, de repente deja de estarlo. Te pongo un ejemplo. Estás trabajando en un proyecto y cuando lo arrancas, todo va bien, fluye, dices, bueno, lo veo bien, tiene sentido. Hay un momento concreto en que tú dices, oye, esto está bien y ese momento existe siempre. El problema es que no eres capaz de quedarte ahí.
Y sigues, lo has visto bien y sigues y en algún momento determinas, bueno, no sé, a lo mejor abres LinkedIn o te acuerdas de alguien o quizá ves alguna cosa parecida y de repente en tu mente empieza una película de terror. Porque esto no va a estar al nivel que se espera. ¿Qué va, qué va? Es que esto yo lo podría haber hecho muchísimo mejor. O no es suficiente todo lo que yo estoy haciendo para este proyecto. O quizá no es tan bueno como yo pensaba. ¿Y qué haces entonces? Pues empiezas a cambiar cosas. Hacer ajustes por aquí, correcciones por allá. Y poco a poco lo único que consigues, y me río porque me acuerdo de haberlo hecho yo, es empeorarlo. O sea, ¿tenías algo que funcionaba? Te asustas, lo revisas, lo cambias y al final dices, si es que lo tengo que tirar porque esto estaba peor. Y para mí, ni siquiera este es el mayor problema. Para mí lo peor es que cuando actúas así, ya no confías en lo que estás haciendo. Pero no es un caso único, te cuento otra cosa. Me contaba una clienta que le había mandado un mensaje donde le habían dicho, oye, mira, pues un reconocimiento, lo has hecho bien. Le decían, es que esto que has hecho me ha ayudado mucho.
Y ella al principio, pues sonriente, contenta, y me decía, ay, pero que poco me ha durado. Porque inmediatamente mi mente me decía cosas como, bueno, tampoco es para tanto eso que has hecho. Uf, no te fíes, seguro que lo dice por decir, o de verdad, de verdad. que no era tan bueno como ella pensaba. Y ahí es cuando tú decides, por humildad, quitarle importancia. Y además, no solamente le quitas importancia a tu trabajo, le quitas importancia al reconocimiento que alguien hace de tu trabajo, sino que encima pasas a otra cosa. Y aquí hay algo importante que quiero que sepas, y es... Que no se trata de que no te pasen cosas buenas, se trata de que tú no las aceptas. Por eso he preparado una herramienta para que puedas empezar a admitir eso que ya está bien. Pero no lo pienses desde el punto de vista de voy a hacer más. No, no. Lo que yo quiero es que eso que tienes y que ya funciona no lo estropees. Y te voy a explicar cómo. Lo vamos a hacer como siempre en pasos sencillos. El paso número uno, que para mí es la clave, es que te des cuenta de ese momento en el que todo estaba bien.
Porque hay un punto en el que tú te reconoces a ti misma que lo que has hecho está bien. Y ese momento siempre existe. Tu trabajo en este paso, fase número uno, es reconocerlo. El paso número dos es un poquito más difícil porque quiero que no lo modifiques. O sea, cuando algo ya estaba bien, no lo revises desde la duda, desde el miedo. ¿Cómo sabes si lo estás revisando desde la duda o desde el miedo? Pues porque piensas a ver si igual debería hacer esto, por si acaso voy a cambiar aquello. Como te encuentres a ti mismo haciendo esto, te aseguro que ahí es cuando empiezas a estropear lo que habías conseguido. Y el paso tercero, una vez que ya eres capaz de detectar cuál era el momento en que todo iba bien y de no modificarlo, La cosa es que no lo toques. No lo toques. O sea, esta es quizá la parte más importante. No hagas nada. Ni lo mejores. Ni le hagas ajustes. Ni expliques absolutamente nada más. Simplemente déjalo como está. Porque si recuerdas, el punto uno es que eso ya estaba bien. Déjalo. Y aquí no es lo mismo mejorar algo que ya...

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.