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Realpolitik · Mar 10, 2024

Ventajas de votar a los 16

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Javier Robles Sánchez · Realpolitik

Pasando un tupido velo sobre las polémicas de la semana, aquí preferimos centrarnos en una propuesta de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego; propuesta que ha pasado sin pena ni gloria. Y es que la ministra abogó por reducir la edad de votación a los 16 años.

No es algo raro en el entorno europeo: Austria y Malta permiten a sus ciudadanos con 16 y 17 años votar en todas sus elecciones, tanto en las nacionales, en las regionales, en las locales o en las europeas.

Alemania y Grecia permiten a sus ciudadanos de 16 y 17 años votar en las elecciones europeas. Además, seis estados o Länder alemanes permiten votar con esas edades en sus elecciones regionales y locales. Escocia también lo permite para sus elecciones, no así el Reino Unido.

Países como Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia o Serbia permiten votar si los ciudadanos con 16 o 17 años tienen un trabajo. Hungría, por su parte, se lo permite a los chavales que estén casados con esas edades.

En España no es un debate nuevo, pero suele pasar de soslayo por los prejuicios o, directamente, por no tomarse en serio. La propuesta ha venido habitualmente de IU, Podemos y ERC. En el acuerdo de gobierno de 2019 entre el PSOE y Unidas Podemos (UP) estaba incluida la rebaja de sufragio activo y pasivo a los 16 años. Por desgracia, quedó en nada; el acuerdo de gobierno entre el PSOE y Sumar no lo contempla.

Quienes se posicionan en contra, con una perspectiva más o menos formada, suelen aludir a una falta de compromiso y conocimiento de los jóvenes en los asuntos políticos, económicos, ideológicos, sociales, etcétera. También que, por debajo de los 18 años, el cerebro aún no ha madurado lo suficiente y sigue en proceso de desarrollo desde un punto de vista biológico, aunque el argumento más habitual será el manido «esta generación es un desastre». Da igual cuándo se lea esto. Valía para la Grecia clásica y valdrá en 2080.

El argumentario a favor viene a combatir esa visión despreocupada de la juventud: si se les concierne en sus deberes y derechos políticos, podrán adscribirse antes al sistema, dotándoles de una serie de intereses que los acerque hacia los asuntos públicos. Es una manera muy potente de empoderar a esta parte de la sociedad y de incorporarlos como ciudadanos activos; además de ser un ejercicio congruente con otro tipo de derechos o deberes a partir de los 16 años, como la autonomía en determinada toma de decisiones personales.

Que los jóvenes sean quienes más se abstienen tampoco debería ser excusa para no ampliar el voto a las personas con 16 y 17 años. Existen múltiples motivos por lo que los más jóvenes no acuden a votar. Por un lado, pueden preferir vías de participación política no institucionales (manifestaciones, actividad en redes sociales); por otro lado, existe el efecto ciclo vital, el cual establece que una persona participa más en las elecciones según va cumpliendo años y se va estabilizando su madurez; por último, precisamente su baja participación contribuye a las escasas políticas públicas dirigidas a ellos. Por suerte o por desgracia, las políticas públicas tienen un fuerte componente de interés político, y los jóvenes rara vez hacen valer su potencial como electores, lo que no contribuye a captar la atención de los partidos políticos. De añadir a los jóvenes de 16 y 17 años en España, habría más de un millón de electores más.

Respecto a la baja participación, hay algunos estudios que indican lo positivo de reducir la edad de voto a los 16 años. Destacan datos recogidos en un experimento en Noruega y en un análisis para elecciones regionales en Austria, país con edad mínima de voto en los 16 años.

Los resultados fueron llamativos: los jóvenes que votan por primera vez con 16 y 17 años lo hacen menos que la media total, pero más que los votantes primerizos de 18, 19 y 20 años. Es una manera de «enganchar» en el sistema y en la conciencia cívica a los más jóvenes en una etapa conocida como «años impresionables». La conclusión es que «reducir la edad de votar es un medio para establecer tasas de participación más altas en el futuro».

Otros estudios dibujan a los electores de 16 y 17 años como personas racionales capaces de emitir un voto ideológicamente coherente, sin encontrar diferencias importantes en el voto adulto y joven. Obviamente, los intereses o la visión del mundo cambian con la edad, lo que se traduce en votos distintos, pero se desmonta el argumento de la juventud desinformada e inmadura políticamente.

En EE. UU. también se analizó la capacidad de manifestar niveles de desarrollo como ciudadanos entre los jóvenes de 16 y 17 años, sin encontrar diferencias relevantes entre los jóvenes mayores de edad.

En definitiva, existen incentivos a favor de reducir la edad de voto a los 16 años. Los motivos por los que estar en contra se basan en prejuicios. Es poco probable que los chavales austriacos o malteses tengan más capacidades y mayor espíritu cívico que los jóvenes españoles o de cualquier otro país.

En 2022 el Parlamento europeo aprobó una resolución instando la unificación de criterios para las elecciones europeas, recomendando situar la edad mínima de voto en los 16 años, aunque sin invadir el ordenamiento jurídico de los Estados miembros. La conclusión es que, muy probablemente, la edad para votar siga inalterada en los 18 años durante mucho más tiempo. No es un tema de agenda que despierte interés, pero que sí contribuye a construir una sociedad interesada y madura desde temprana edad.

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