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República Bitcoin · Aug 20, 2026

¿Y si aparece algo mejor que Bitcoin?

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Raul Gonzalez · República Bitcoin

Querido bitcoiner,

La semana pasada nos hicimos una pregunta extraña:

¿Qué pasaría si Satoshi Nakamoto reapareciera mañana?

Llegamos a una conclusión interesante: Satoshi creó Bitcoin, pero Bitcoin ya no necesita a Satoshi.

Esta semana quiero plantearte una pregunta que, en mi opinión, es todavía más incómoda.

Porque cuestiona directamente una de las premisas que muchos bitcoiners damos por sentadas:

¿Y si algún día aparece algo mejor que Bitcoin?

Piénsalo.

Nokia parecía imbatible.

BlackBerry dominaba los teléfonos inteligentes.

Yahoo parecía destinado a controlar internet.

MySpace tenía cientos de millones de usuarios.

La historia de la tecnología está llena de líderes que parecían imposibles de desplazar… hasta que apareció algo mejor.

¿Por qué Bitcoin tendría que ser diferente?

Comencemos reconociendo algo evidente.

Bitcoin tiene limitaciones.

Su red base procesa relativamente pocas transacciones.

Las confirmaciones pueden tardar minutos.

Su programación es deliberadamente limitada frente a otras blockchains.

Proof of Work consume cantidades importantes de energía.

Y modificar el protocolo es extraordinariamente difícil.

Mientras tanto, miles de desarrolladores trabajan en nuevas redes.

Ethereum.

Solana.

Stablecoins.

Nuevos protocolos.

Nuevas tecnologías que probablemente todavía no conocemos.

Algunas son más rápidas.

Otras permiten aplicaciones mucho más complejas.

Otras procesan miles de transacciones por segundo.

Entonces la pregunta parece inevitable:

¿Qué impediría que una tecnología superior simplemente reemplazara a Bitcoin?

Este es, para mí, el punto central.

Bitcoin utiliza tecnología. Pero Bitcoin no compite únicamente como tecnología, compite como dinero.

Y las características que buscamos en dinero son distintas a las que buscamos en un teléfono celular.

Cuando Apple presentó el iPhone, un consumidor podía abandonar su BlackBerry y comprar uno nuevo.

El costo de cambiar era relativamente pequeño.

Con el dinero ocurre algo diferente.

Su utilidad depende en gran medida de que otras personas también estén dispuestas a aceptarlo.

Eso es lo que conocemos como efecto de red.

Un idioma es más útil mientras más personas lo hablan.

Una red de pagos es más útil mientras más personas la aceptan.

Y una forma de dinero se vuelve más útil conforme aumenta el número de personas dispuestas a ahorrar, comerciar y valorar en ella.

Bitcoin lleva más de 17 años construyendo ese efecto de red.

Aquí aparece una de las características más fascinantes de Bitcoin.

Bitcoin es software de código abierto.

Cualquiera puede copiarlo.

De hecho, ya ocurrió muchas veces.

Puedes copiar su código.

Puedes crear 21 millones de monedas.

Puedes utilizar Proof of Work.

Puedes reducir la recompensa cada cuatro años.

Puedes incluso mejorar algunos aspectos técnicos.

Pero existe algo que no puedes copiar: los 17 años de historia que ya ocurrieron.

No puedes recrear el momento en que Bitcoin no valía prácticamente nada.

No puedes volver a distribuir monedas entre participantes que no sabían si algún día tendrían valor.

No puedes recrear la desaparición de Satoshi.

No puedes reproducir exactamente miles de millones de dólares invertidos en infraestructura.

Ni la liquidez.

Ni los usuarios.

Ni las empresas.

Ni los custodios.

Ni los mercados que se han construido alrededor de Bitcoin.

Una nueva moneda puede copiar las reglas.

No puede copiar el camino recorrido.

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Aquí es donde debemos evitar convertir nuestra convicción en dogma.

El hecho de que Bitcoin tenga una enorme ventaja no significa que vaya a conservarla para siempre.

Bitcoin.org reconoce algo que me parece particularmente importante: no existe ninguna garantía de que el precio de Bitcoin vaya a subir o incluso de que Bitcoin termine teniendo éxito. Su valor depende finalmente de su utilidad y de que las personas continúen adoptándolo.

Eso significa que nuestra tesis debe permanecer abierta a nueva información.

Imaginemos que aparece una nueva tecnología que consigue ser simultáneamente:

Más descentralizada.

Más segura.

Más resistente a la censura.

Más fácil de utilizar.

Más privada.

Más escalable.

Con una política monetaria igualmente creíble.

Y además comienza a quitarle usuarios, capital, desarrolladores y liquidez a Bitcoin durante muchos años.

¿Deberíamos ignorarla simplemente porque somos bitcoiners?

Yo creo que no.

Una inversión no merece nuestra lealtad. Merece nuestro análisis.

Curiosamente, quizá una de sus mayores ventajas sea precisamente aquello que algunos consideran una desventaja: Bitcoin cambia muy lentamente.

En tecnología solemos premiar la innovación.

En dinero quizá deberíamos premiar la estabilidad.

Si vas a guardar una parte de tu patrimonio durante veinte años, probablemente no quieres que las reglas fundamentales cambien cada seis meses.

Quieres saber cuántas unidades existirán.

Quieres saber cómo se validan las transacciones.

Quieres saber quién puede modificar las reglas.

Y quieres que modificar esas reglas sea extremadamente difícil.

Hoy el protocolo limita la emisión a aproximadamente 21 millones de bitcoins y ningún individuo puede modificar unilateralmente esas reglas. Los nodos validan de manera independiente las transacciones y rechazan aquello que no cumple con las reglas que han decidido ejecutar.

Esto produce algo difícil de medir: credibilidad.

Aquí quiero darle la vuelta a nuestra pregunta.

Durante años hemos asumido que el eventual “Bitcoin killer” tendría que ser otra blockchain.

Quizá estamos mirando en la dirección equivocada.

Bitcoin compite por una función económica: guardar y transferir valor.

Por lo tanto, sus verdaderos competidores incluyen también:

el dólar,

el oro,

los bonos,

los bienes raíces,

las acciones,

y cualquier otro activo donde las personas decidan almacenar su patrimonio.

La batalla no necesariamente será Bitcoin contra Ethereum o Bitcoin contra Solana.

Puede ser mucho más grande:

Bitcoin contra todas las alternativas disponibles para guardar poder adquisitivo durante largos periodos de tiempo.

Y ahí la pregunta cambia.

Ya no necesitamos saber si Bitcoin es la blockchain técnicamente más avanzada.

Necesitamos preguntarnos si continúa siendo una de las mejores alternativas disponibles para almacenar valor de manera escasa, global, portable y resistente a la manipulación.

Si nuestra tesis es correcta, deberíamos poder encontrar evidencia de que Bitcoin continúa fortaleciendo su posición.

Más usuarios.

Más liquidez.

Mayor seguridad.

Mayor infraestructura.

Mayor adopción institucional.

Más personas dispuestas a conservar una parte de su patrimonio en BTC.

Pero también deberíamos estar dispuestos a observar lo contrario.

Si algún día Bitcoin comenzara a perder persistentemente usuarios, seguridad, liquidez, desarrolladores y confianza frente a otra alternativa, sería irresponsable simplemente responder:

“Bitcoin siempre gana.”

Eso no es una tesis, eso es fe.

Y una inversión no debería depender de la fe.

Quizá algún día aparezca algo técnicamente mejor que Bitcoin.

De hecho, probablemente ya existan tecnologías que superen a Bitcoin en características específicas.

Más rápidas.

Más programables.

Más eficientes.

Pero reemplazar Bitcoin requeriría mucho más que escribir mejor código.

Habría que reemplazar una red.

Una infraestructura.

Una política monetaria creíble.

Miles de millones de dólares en capital.

Y, sobre todo, 17 años de confianza acumulada.

No es imposible.

Pero tampoco es sencillo.

Por eso creo que la pregunta correcta no es:

¿Puede aparecer algo mejor que Bitcoin?

Por supuesto que puede.

La pregunta realmente importante es:

¿Qué tendría que ocurrir para que millones de personas decidieran abandonar Bitcoin por esa alternativa?

Si algún día encontramos una respuesta convincente a esa pregunta, tendremos que estar dispuestos a revisar nuestra tesis.

Hasta entonces, la ventaja de Bitcoin quizá no esté en ser la tecnología más nueva. Está en haber conseguido algo mucho más difícil: convertir tecnología en confianza.

Y la confianza, especialmente cuando hablamos de dinero, puede tardar décadas en construirse y segundos en perderse.

Por eso seguimos haciendo estas preguntas.

No para encontrar argumentos que confirmen lo que ya creemos.

Sino para asegurarnos de que seguimos teniendo buenas razones para creerlo.

Recuerda: Una convicción que no soporta preguntas difíciles es solo una opinión.

HODL,

Raúl González

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“El futuro depende de lo que hagas hoy”. Mahatma Gandhi.

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Como siempre tengo que decirles que nada de lo que se comenta en esta newsletter debe considerarse como recomendación de inversión, todo lo que aquí se expresa debe tomarse como material educativo.

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