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Quiltro · Mar 13, 2025

Escapada a Tulahuén

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Claudio Olivares Medina · Quiltro

¡Hola! Espero esas vacaciones hayan estado bien y la llegada de Marzo –el comienzo de año chileno– haya sido benévolo.

Antes de entrar de lleno al tema de esta publicación, una aclaración.

Gracias por estar suscrito a este boletín. Debo ser sincero, asumir y declarar que aquí escribo principalmente para mi. Me ayuda a procesar, registrar y recordar el deambular mental y creativo de mi práctica fotográfica. Dicho eso, estos contenidos podrían resultarte útiles o no. Si te resultan útiles es fantástico. Si sientes que solo es un correo más que llena tu casilla, puedes desuscribirte con el botón que está al final de este mensaje. Prometo que no habrá rencor alguno. Estamos en una época saturada de información que no pedimos, disparada a nuestros ojos por múltiples dispositivos y en múltiples lugares, que nos distrae de nuestros genuinos intereses.

Ahora, si quieres seguir recibiendo este contenido, pues muchas gracias y espero que podamos estar en comunicación, conversar sobre ellos, alrededor de ellos o sobre nuevas cosas que evoquen. Publico para conectar con personas alrededor del mundo y conocer las diversas formas que le damos a la realidad. Puedes contestar este correo contándome de dónde eres y compartiendo también tu trabajo.

Esta nota salió más larga de lo pensado. Será más fácil y satisfactorio leerla directamente en el boletín Quiltro en Substack.

Y respecto a Substack. Es una herramienta que ha resultado ser atractiva porque si se usa con responsabilidad –dedicación y exposición razonable de tiempo y mente– me ha permitido expandir mi conocimiento en Movilidad, Creatividad, Fotografía y Artes Visuales en general. Me gusta porque demanda más fricción y dedicación para publicar, por lo tanto, los contenidos tienden a ser más cuidados y desarrollados en general. Si ya tienes cuenta, podemos comunicarnos ahí también.

De cuando en cuando paso por períodos de desmotivación general, desde lo laboral a mis hobbies. Esa niebla tiene una frase: “para qué. Cuál es el punto de hacerlo”. Me declaro saturado de información, distraído. Pesimista. Así, apareció el concepto “nihilismo” en mi mente. Y reconozco que me ha sido esquivo de comprender. Busqué la punta de la hebra acercándome a textos de Nietsche a Albert Camus. Resultó que un filósofo anónimo, quizás autodenominado ARK, publicó una respuesta simple en el costado de uno de los basureros del parque. “Todos mueren. Vive tranquilo”.

De alguna forma el concepto cuajó en mi cabeza. Era coherente con los pensamientos oscuros en mi cabeza. “Da lo mismo lo que haga, nada es importante, el mundo está jodido.” Y pues lo único que sabemos es que vamos a morir. Curiosamente “ARK” no se incluye explícitamente con un “todos morimos”.

En fin, estar metido en esa nube densa y oscura de pensamientos que me estancan es muy desagradable.

En el trayecto a nuestro destino en vacaciones pasamos por las afueras de Ovalle. Mientras conducía observaba los cerros, las pequeñas casas que aparecían de cuando en cuando y me imaginaba caminando por calles de tierra entre caseríos y pueblos de la zona. Envuelto en el silencio soñaba encuentros con arrieros y conversaciones sobre el queso de cabra y su proceso de fabricación con los habitantes locales. Decidí que reservar unas horas sólo para mi durante las vacaciones y escaparme a la montaña. Internarme en el Valle donde mi papá paso buena parte de su infancia y llegar a lo que hasta ese momento pensé era el último pueblo antes de la frontera con Argentina. Además, Tulahuén fue el lugar que Sergio Larraín decidió habitar para conectar con la meditación y una vida más frugal, dejando atrás el capítulo de su vida dedicado a la fotografía.

Intuía que estar solo (o con mis múltiples Yo) me ayudaría a entender por qué estaba “habitando el nihilismo” y ver formas de dejarlo atrás. El paisaje, clima y topografía me encanta, me siento abrazado por los cerros. Disfruto del desierto. Y además de saber que mi papá y su familia es de la zona, no entiendo aún por qué me siento tan conectado a ese lugar.

Ejercitando la mirada mientras desayunaba un “Barros Luco” –sandwich de churrasco de carne con queso derretido–, en la Feria Modelo de Ovalle.

Hice todo en buses de transporte público. Al llegar a Ovalle desde Tongoy, donde salí en el primer bus de la mañana, dediqué tiempo buscando con cierta premura un baño y un lugar para comer. No encontré las dos cosas en el mismo lugar, por lo que me tocó caminar bastante en poco tiempo. Para no perder tiempo y llegar pronto a Tulahuén, con el asunto del baño ya resuelto, deambulé otro rato hasta llegar al terminal correcto. Era el de la Feria Modelo de Ovalle, desde donde salen los buses al interior.

El trayecto Ovalle – Tulahuén, es un viaje donde el bus para en cada uno de los pueblos, paraderos y lugares donde alguien necesita subir o bajar. Iba fascinado viendo como la gente se saludaba, se ponía al día de noticias. Disfrutaba ver cómo se enviaban y recibían almuerzos y encargos, camino arriba entre los pueblos, transportados en el bus confiados al chofer y su asistente.

“Dónde en Tulahuén” –preguntó la chica que cobraba los pasajes. “En la plaza” –contesté, confiado en que siempre hay una plaza que al mismo tiempo es el centro.

Vista desde la ventana mientras el bus se adentraba en la Cordillera de los Andes.

“Bueno, aquí estás. ¿Ahora qué?”. El puesto de información turística de la plaza estaba abierto. La chica a cargo amablemente me orientó con lo básico: las bajadas al río, dónde comprar alimentos y también dónde encontrar alojamiento. Dado el horario de los buses y los tiempos de viaje, quedarme a dormir era lo mejor. Además me permitiría aprovechar la luz de la tarde y el amanecer para hacer fotos. Podré caminar y deambular tranquilo, cámara en mano y estar dispuesto a los encuentros que había imaginado.

Sentado en la plaza, sin tener muy claro que hacer, descubrí el color del cielo y la bugambilia. © Claudio Olivares Medina.

Sin embargo, había muy poca gente en la calle. Caminé ida y vuelta la carretera a lo largo del pueblo varias veces bajo el sol, me interné en caminos interiores, bajé al río. Casi no me encontré con nadie, salvo algunos turistas. ¿Ya dije que me asolee caminando?

No había gente ni tampoco mucho espacio de tiempo para trabajar mi timidez y acercarme a alguna persona a conversar. Me frustré. Pero me di cuenta que había otras cosas que me llamaban la atención. El silencio del viento y las montañas. Cómo aparecía el sonido del agua a lo lejos. Los colores de las casas de techos, puertas y ventanas bajos. La presencia y/o ausencia de habitantes al interior de estas, situaciones sólo descifrables a través de sutiles indicios materiales.

Entonces apunté mi lente a las cosas, los colores y texturas. A las ventanas y puertas. Hacia lo que no esperaba fotografiar, hacia lo que encontraba sin sentido. Me obligué a mirar con otros ojos y a componer de nuevas formas. Logré salir de la nube nihilista.

“Crear es traer algo al mundo que no estaba ahí”1. Nuestros sentidos, mis sentidos, toman información del entorno material e internamente creamos “la realidad”. Quienes disfrutamos con la creación fotográfica registramos esa “realidad” con nuestras cámaras tratando de capturar en ese fotograma lo que hemos creado y sentido en nuestro interior.

Asombrado por los potentes y contrastados colores y las pequeñas ventanas de las casas en Tulahuén. © Claudio Olivares Medina.
Contraste entre dos casas. © Claudio Olivares Medina.
Las dos casas donde vi el contraste. @ Claudio Olivares Medina.

Aproveché también de registrar el paisaje, a través del sonido. Para recordar más allá de la imagen visual. Las siguientes dos fotos están acompañadas del sonido que registré en el lugar.

Vistazo al movimiento del agua mientras disfrutaba de la sombra junto al Río Grande. © Claudio Olivares Medina.

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Algo me atrajo de esta casa, una mezcla de nostalgia del semi desierto, el silencio del valle y los dos pimientos en sus flancos.

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El camino hacia Tulahuén desde uno de los vados del Río Grande. @ Claudio Olivares Medina.
Detalle de una de las paradas de buses. © Claudio Olivares Medina.
La luz de la tarde en la fachada de vidrios opacos. © Claudio Olivares Medina.
Deterioro. @ Claudio Olivares Medina.
La que entiendo podría haber sido el lugar de Sergio Larraín. @ Claudio Olivares Medina.
La paleta de colores y texturas me cautivaron. @ Claudio Olivares Medina.
Incluso púrpura. Además combina muy bien con la madera. @ Claudio Olivares Medina.

Mi regreso “de la cordillera al mar” fue al día siguiente, cargado de colores y texturas que no esperaba encontrar. Para una próxima vez quedan las conversaciones, la vida cotidiana y los retratos. Ya sé que que debo quedarme más tiempo y comenzar las conexiones sociales en el bar/restaurante/pub/karaoke “Bam Bam”, donde disfruté unos maravillosos porotos granados y un par más de “Barros Luco”.

Fue bueno ir, parar, caminar y mirar de formas nuevas.

Fue bueno fotografiar simplemente lo que encontré bello.

Fue bueno hacer fotografías por el solo gusto de hacerlas. Y quedar contento con los resultados.

Fue bueno aceptar las limitaciones y las condiciones que encontré. La fricción ayuda a la creatividad. Especialmente en una época donde los esfuerzos de la humanidad por facilitar las cosas nos ha vuelto irreflexivos. La creatividad se nutre de los límites, de las aparentes restricciones y la supuesta imposibilidad.

Fue bueno hacer sin juzgar. Abandonar convenciones. No soy fan de los maestros de fotografía del pasado sólo por ser “los maestros clásicos”. Si hay algo que he aprendido de cada uno de los “clásicos” que conozco, es que trabajaron desde lo que les hacía sentido. En su momento desafiaron o no hicieron caso de convenciones de “la verdadera fotografía” haciendo imágenes a color, desobedeciendo la “convención óptica del 35mm” de la foto callejera usando objetivos medios y largos, o encontrando momentos no “decisivos” al fotografiar la simpleza de lo cotidiano. Practicaron lo que sentían correcto para ellos. Y pienso particularmente en Saul Leiter, William Eggleston y claro, Sergio Larraín.

1

Rubin, Rick. “El acto de crear: Una manera de Ser”. pgs.15 – 16. 2023. Editorial Planeta.

Read the original on quiltro.substack.com

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