Lee el podcast de UN AMOR OLVIDADO. ISABEL DELGADO
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Bienvenidos a la Sabiduría de la Navidad, historias que perduran, un espacio diario de radiocreatividad donde la voz creativa de nuestros mayores se convierte en arte sonoro.
Cada día escucharemos un relato original, nacido de su imaginación, de su mirada profunda y de esa forma única de entender la vida. Cuentos breves que iluminan, que nos conectan con la ternura, el humor y la magia que sigue viva en cada persona, que sorprenden y que nos recuerdan que la verdadera Navidad también se escribe desde la experiencia.
Acompáñanos en este viaje sonoro, porque cada día trae una historia, y cada historia un regalo. Abrimos este espacio de inspiración. Comienza la historia de hoy.
Hola soy Isabel Delgado y el relato de hoy es Un amor olvidado Mentira, que no os engañe el título. Ni uno. Olvidado ni uno. Mis amores los recordaré hasta mi último día. ¿Qué título tan desafortunado? ¿Cómo se puede olvidar al amor, si de verdad fue amor? Para mí el amor es el motor del mundo, el que nos hace sentir vivos, por lo que merece la pena seguir viviendo.
Algunos diréis que el motor del mundo es el dinero, otros que el poder. Para gustos los colores, pero sin amor a mí me sobran los dos. Dinero el justo para no tener que pedir a nadie. Y en cuanto al poder, mejor no digo nada, porque ya huele a Navidad y quedaría feo expresar mis opiniones al respecto.
¿Era un amor? Nunca. A mis muchos años recuerdo hoy como ayer a mis grandes amores, mis abuelos, mis padres, mis tíos, hermanos, primos, etc, etc, etc. La mayoría ya se han ido. El resto sigue aquí. Pero yo los amo a todos, los sigo amando hoy y los amaré siempre.
En cuanto a los otros amores, esos que en mi época considerábamos con derecho a roce, también los recuerdo, aunque no los amé ya. Recuerdo hasta que el chiquilicuatre que a mis dieciocho gloriosos añitos me dejó hecha polvo cuando me dijo adiós, alegando que yo era demasiado profunda y él quería algo más ligerito. Tonto del cul. ¿Veis cómo me acuerdo? Bueno, paso porque hoy no toca irónico festiva.
Lugar de honor con mención especial se merece mi gran amor, mi compañero de vida que se marchó contra su voluntad y cumpliendo así el contrato que teníamos de envejecer juntos. Y no, no necesito la Navidad para no olvidar, ni para ratificar mi amor con una cena. De hecho, de la Navidad solo me gustan los Belénes. Para mí es un día más de los 365 del año para poder estar con los míos y para recordar. A mis amores los llevo conmigo, en mi corazón.
Pero como sí me gusta la tradición del brindis, levantaré mi copa y les diré que los amé, los amo y los amaré siempre. Y no me olvidaré de ninguno. Y estoy segura que no solamente me oirán sino que estarán a mi lado, junto a mí, como ayer, como hoy, como siempre.

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