Hace un rato he llegado de jugar al baloncesto.
Qué malito soy con la de años que llevo, madre mía.
Y eso que juego con y contra chavales a los que literalmente he cogido en brazos.
Hoy al que menos le sacaba 11 o 12 años, poca broma.
Pero bueno, vamos al lío que se nos va el vino en catas.
A muchos de los chavales que están ahí recuerdo que hace no mucho tiempo les di unos consejos no solicitados:
No estudiés carreras, haced un módulo de electrónica, informática o aprended a hacer chapuzas.
Aprended 1 o 2 idiomas.
Informaos sobre cómo funciona el dinero.
Y follad todo lo que podáis.
Los chavales, que camina como ellos camelan, están todos en la universidad.
A duras penas hablan bien el castellano.
No tienen ni puta idea de cómo funciona la pasta.
Y empujan menos que un pico sin ensaladilla.
Todo mal.
Eso sí.
Al menos no son socialistas.
Yo qué sé.
Algo es algo.
Más que nada porque el día de mañana se arrepentirán de no haberme hecho caso.
Pero no se arrepentirán de haber militado activamente en política, porque eso sí que es un fallo.
De los gordos.
Y te voy a enumerar los motivos:
Los jóvenes saben poco de la vida real y suelen repetir ideas que les han contado otros (padres, profesores, medios), sin haberlas contrastado con experiencia propia.
Son fáciles de manipular por líderes carismáticos.
Se centran demasiado en las buenas intenciones y no entienden que las políticas a menudo producen resultados opuestos a los deseados.
El tiempo y la energía que invierten en política les restan atención a lo que realmente controlan y les importa a largo plazo. Es decir, todos mis consejos no solicitados.
¿Por qué sé yo todo eso?
Por experiencia.
Por desgracia.
Pero bueno… tengo una última bala.
Tiene mi nombre y los ojos de su madre.
Y tomará buena suplementación.
Aún hay esperanza.
Porque al final esto es como to’…

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