El correo de hoy es un consejo.
Uno bastante simple.
Y a la vez bastante complicado.
Pero si eres capaz de aplicarlo, has ganado.
Dice así:
No pongas límites a los demás.
Póntelos a ti mismo.
Como se ha podido colar por aquí algún socialista, voy a explicarlo con un ejemplo:
No digas: No vuelvas a hablarme así.
Si lo haces, le estás dando el poder a la otra persona.
Mejor di: Si vuelves a hablarme así [insertar consecuencia].
Ahí ya vía libre a la imaginación:
… te dejo de hablar.
… te parto la boca.
… te llevo a un mitin de Irene Montero.
Depende de lo grave y de lo mal que te caiga quien sea.
Ya se entiende ¿no?
Pues eso.
Tómate la creatina.
Porque al final esto es como to’…

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