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Predicas IBC · Jun 28, 2026

Un gran privilegio: Acercarnos a Dios - Pr. Pedro da Cunha

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Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Padre, ahora nos prestamos a meditar en tu palabra. Pedimos al Señor que tu santo espíritu abra nuestros ojos, nuestros oídos, disponga nuestro corazón y nuestra voluntad. Señor, háblanos. Es tu palabra. Como siempre hemos dicho, podemos entender el español, pero el mensaje que tú nos quieres comunicar. solamente tu Santo Espíritu lo puede hacer real para nosotros. Pedimos, Señor, que tú te hagas presente y nos ayudes a atender a tu mensaje. Y cámbianos, Señor, cámbianos más y más a la imagen de Cristo y para gloria de tu nombre. Te lo pido, por favor, Señor. Amén.

Versículo 19, dice así, Así que, hermanos, Como conclusión, teniendo libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, eso es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, pues ¿qué debemos hacer? Acerquémonos, acerquémonos con corazón sincero en plena certidumbre de fe, purificado los corazones de mala conciencia y lavado los cuerpos con agua pura. Sí, hermanos, cuando pensamos en la presencia de Dios, ¿qué pensamos? Nosotros en Cristo ya no pensamos como pensábamos antes, que se dibujaba a Dios como un santicló barbudo de barbas blancas, ¿verdad? Sentado en una nube, para nada. Yo pienso en Isaías capítulo 6.

Cuando Isaías tiene esta visión del Señor Jesucristo y mira hacia arriba y ve al Señor Jehová sentado, un trono alto y sublime y sus faldas llenaban el templo. Los serafines estaban tan sorprendidos que se decían el uno al otro, santo, santo, santo, es el Jehová de los ejércitos. Y de tal manera es su gloria que el templo temblaba. Las puertas temblaban y Isaías cuando lo vio, lo único que pudo decir es, hay de mí que soy muerto. Porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en un pueblo de labios inmundos, han visto mis ojos al rey. Él tuvo miedo, inmediatamente reconoció su pecado. Cuando Dios se manifestaba ante Moisés, Allá en Éxodo capítulo 19, que es lo que nosotros podemos leer, como Dios se manifestaba con grandes evidencias de poder.

Y de tal manera era la evidencia de su poder, de su gloria, que el pueblo le dijo a Moisés, ya no hable Dios con nosotros, habla tú con nosotros. Me hace recordar cuando Moisés tuvo la audacia de pedirle al Señor ver su gloria y el Señor tuvo que esconderlo y taparlo. Y lo que él vio fue solamente una cosita de la gloria de Dios y eso se reflejó en su rostro durante un buen tiempo. Pero también pienso en aquel momento cuando David mandó a rescatar el arca y estaban transportando el arca y Usa puso la mano sobre el arca y murió inmediatamente. Y recuerdo también allá en aquel primer día de expiación del pueblo cuando Dios había establecido a Aarón como el sumo sacerdote.

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