Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Conociendo pues el temor del Señor persuadimos a los hombres. Pero a Dios le es manifiesto lo que somos, y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, si nos damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios, y si somos cuerdos, es para vosotros, porque el amor de Cristo nos constriñe. pensando esto que si uno murió por todos luego todos murieron y por todos murió para que los que viven ya no vivan para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos de manera que nosotros De aquí en adelante a nadie conocemos según la carne, y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es.
Las cosas viejas pasaron, y aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo. al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros, o rogamos en nombre de Cristo, reconciliados con Dios, al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Amén. Vamos a leer el Salmo 24. De Yahvé es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan, porque él la fundó sobre los mares y la firmó sobre los ríos. ¿Quién subirá al monte de Yahvé y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón.
El que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño, él recibirá bendición de Yahvé y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob, selá. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Yahvé, el fuerte y valiente, Yahvé, el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Y quién es este Rey de gloria? Yahvé de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.
Selá. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Existe el cielo? ¿Existe el infierno? Y si ambos lugares existen, ¿cómo podemos evitar el infierno y cómo podemos llegar al cielo? ¿Acaso hay algo más importante que esto? Como dijo Jesús, el Señor Jesucristo, ¿qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma? En otras palabras, ¿de qué nos serviría conseguir todos nuestros sueños si acabáramos en el infierno? Pues en un sentido, ese es el tema de este Salmo 24. Fijaos en el versículo 3 de este Salmo 24. Dice, ¿quién subirá al monte de Yahvé y quién estará en su lugar santo? O sea, ¿quién puede entrar en el lugar santo de Dios? Fijaos en el título que los editores de nuestra versión de la Biblia le pusieron a este Salmo, el Rey de Gloria, el Rey de Gloria. Fijaos en los versículos del 7 al 10. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras puertas eternas, y entrará, ¿quién? El Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Yahvé, el fuerte y valiente, Yahvé, el poderoso.

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