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Predicaciones · Aug 3, 2026

Temor, fe y triunfo - Habacuc 3:16-19 - Santiago Alves

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Oí, se conmovieron mis entrañas, a la voz temblaron mis labios, pudrición entró en mis huesos, dentro de mí me estremecí. Bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Que la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en Yahvé, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Ya ve, el Señor es mi fortaleza, el cual hace que mis pies sean como de ciervas. Mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores sobre mis instrumentos de cuerdas. Estoy seguro que entre vosotros hay muchos fans de C.S. Lewis. Recordaréis la escena en estas crónicas de Narnia.

El león, la bruja y el armario. Cuando hay unos niños hablando con una pareja de castores. Y oyen por primera vez acerca de un tal de Arslan. Es un león. Presenta a Cristo en las crónicas. Y Susan, una de las niñas, pregunta. Yo pensaba que era un hombre. No será peligroso, ¿verdad? ¿Es seguro? Se pone un poco nerviosa la idea de... Encontrarme con un león. La señora castora responde. Si existe alguien capaz de presentarse ante Aslan sin que le tiemblen las rodillas o bien es más valiente que la mayoría o es sencillamente un tonto. Entonces otra chica le pregunta. Entonces no es peligroso, ¿verdad? Y el castor le responde. ¿Que no es peligroso? ¿Quién ha dicho que no sea peligroso? Claro que lo es, pero además es bueno y es el rey.

Yo creo que este diálogo nos ayudará mucho hoy a comprender y sentir también lo que está pasando con Habacuc en nuestro pasaje de hoy. Porque ya hemos visto dos capítulos en el que él está luchando con las preguntas más difíciles de la vida, como lo es el problema del mal, el sufrimiento, la injusticia que tenemos en nuestro mundo. Y luego de estar contemplando encima la santidad de Dios, de la que cantábamos antes también, su soberanía. Entre las naciones, su juicio contra el pecado y su gloria que se ve a lo largo de la historia, Habacuc llega a la conclusión de que Dios es un Dios peligroso. Es un Dios temible. Él no es una mascota celestial que lo tienes ahí para cumplir tus deseos. Él no es, como muchos lo ven, un abuelito cósmico que pasa de los pecados que cometemos aquí en la tierra. Él es el Dios delante del cual tiembla toda la naturaleza.

Y aún así, Él es capaz de derribar imperios y juzgar naciones si hiciera falta. Y aún así... También es bueno, es misericordioso y es lleno de gracia para con todos, pero de manera especial para con su pueblo. Y estamos en la última sección de nuestro libro. Yo creo que merece la pena un último repaso antes de que oremos. Porque os acordaréis que el libro empieza con esas quejas y preguntas desesperadas de Abacuc por toda la maldad que veía, la injusticia que había entre su pueblo y los líderes de su pueblo que eran corruptos. Y él grita al inicio, lo veis ahí en 1, 2, ¿hasta cuándo? Ya ve, porque me haces ver iniquidad, me haces ver tanta maldad, tanta molestia, destrucción y violencia están delante de mí. El juicio que nos sale según la verdad, el impío que prevalece.

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