Espero pacientemente en las sillas negras asignadas a los pacientes de rehabilitación, con un montón de críticas negativas del centro gracias a Google Opiniones.
Ha llovido y eso significa - viviendo en Barcelona y con el calor que está haciendo - un bochorno tipo Hanoi que me va a aplastar durante toda la tarde; aún así, intento mejorar mi estado de ánimo interno diciéndome que me van a encontrar fantástica.
Doy una leve ojeada a mis acompañantes: ninguno baja de los 65 años mínimo y yo me siento llena de energía. Es estúpido,lo sé, pero más estupida es la guiri que hace morritos mientras otra la graba, repitiendo la escena cinco veces ( no os perdáis el próximo post, Callejera pero con clase, donde os lo cuento todo).
Me llaman.
El doctor tampoco es de mi quinta y no parece tener mucha energía; pasamos al despacho,hace un par de preguntas, toma mi mano, inspecciona y con una especie de escuadra calibra el ángulo de mis movimientos . Asiente “ está francamente bien”. Yo también asiento y le explico mis sensaciones,los ejercicios que he hecho, pero me arrepiento al momento, porque le veo menos espíritu que un funcionario de Hacienda.
Me pregunta que quiero hacer y yo empiezo a sospechar que,en efecto, no hay energía por ahí.
“Lo que considere, es el profesional”
Esta frase es clave, amigos. Sirve para muchas cosas como, por ejemplo, que te miren y asientan con la cabeza.
Me lleva a la sala de rehabilitación, un lugar sin ventanas, que bien pudiera ser algo entre 1935 y 2026, a tenor de las camillas viejas con sábanas azul hospital, una especie de puzzle de madera que ya utilizaba mi bisabuela y, lo más gracioso, una especie de timón de barco, con distintos agarres de metal y giros en grados distintos. Me da la impresión de que el doctor no sabe bien donde ubicarme y me abandona allí,al lado de un señor con camisa blanca y rayas azules, que maneja el timón.
Me falta el señor timonel. Un as.
“-Venga, a las Fidji-” me dice sonriendo. Tendrá como mil años, pero le doy mil puntos y una sonrisa. Hay una señora en una camilla subiendo y bajando la pierna con grandes lamentaciones y otro señor caminando super lento por unas varandas de metal.
“- Lo mejor de la sociedad, como ves-” Estoy por adoptar al señor, pero el doctor me indica que he de ir a recepción, que al final serán dos veces por semana “ pero lo puedes dejar cuando quieras”.
Fiable todo, mientras me explican que la rehabilitación será en otro lugar y yo intento despedirme del señor timonel.
Decido ir a dos sesiones, con una mezcla de pérdida de tiempo y espíritu de invencibilidad ( muy cerca de imbecilidad, pero no igual).
He permanecido unos 15 minutos: podría ir a casa y discutir con mi hijo o dejarme de excusas y limpiar todo.
Decido callejear. Se me ocurre este post y el que viene.
Bochorno asqueroso en Barcelona, un insulto a la higiene: pienso en todos los prejuicios de este lado de la ciudad.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.