¿Y si las fotos robasen el alma realmente? Que cada instantánea se apropiara de un pequeño fragmento espiritual y vaciase lentamente sus reservas.
Las situaciones cotidianas cambiarían, los fotógrafos de bodas tendrían que buscarse un empleo de verdad. Instagram y Tik Tok, con sus 60 fotografías por segundo, mostraría una advertencia de uso como las cajetillas de tabaco:
Atención. Las autoridades advierten que utilizar redes sociales vacía la reserva espiritual de forma permanente e irreversible.
El consumidor tiende a ignorar cualquier advertencia con más de siete palabras, por lo que se verían obligados a mostrar en su lugar:
ATENCIÓN. Hacer scroll te manda al infierno.
Pero no todo sería malo. Usted tendría mucho más tiempo para disfrutar de su familia o de sus vacaciones. Ya no volvería de Roma con 546 fotografías, sino con uno o dos selfies muy apreciados, igual que medimos con precaución cuántas radiografías son necesarias.
Surgirían nuevas profesiones en los Servicios de Inteligencia. Existirían paparazzis francotiradores (francorazzis), cuya única misión sería ejecutar 1000 disparos por segundo del objetivo, asegurándole el fuego eterno a la víctima. Por supuesto, ante cualquier arma siempre existen las contramedidas. No hablamos de escudos tácticos o chalecos antibalas, sino de espejos. Camuflaje de materiales especulares que devuelven la fotografía a su agresor.
Piénselo, el mundo pospondría la violencia directa. Los conductores camorristas se bajarían del coche no con un bate de béisbol, sino con una cámara réflex. Los atracadores no usarían navajas, sino cámaras de vídeo profesionales. Todo el mundo sería consciente de la gravedad de acabar con un billete directo a las cocinas del Infierno.
¿Y la Iglesia —me preguntará usted—, no sacará algún rédito de esto? Bueno, una empresa no sigue funcionando más de 2000 años sin saber adaptarse al cambio. Los sacerdotes estarán plenamente capacitados para realizar lo que se llamará una reconciliación pneumatológica. Un sacramento (más delicado que un exorcismo y con una larga lista de espera) que permitirá restablecer una parte del alma robada por el abuso de fotografías. Eso le permitiría evitar el infierno y precipitarse al purgatorio, un lugar bastante menos caluroso donde se pueden pedir unas caipiriñas después del tormento.
Sí, sé lo que está pensando. Si las fotografías pueden extraer el alma, esta quedará almacenada en algún lugar. Efectivamente, y aquí hemos llegado al quid de la cuestión: el contrabando de almas. Si la vida tiene tan poco valor para tantas personas, ¿por qué iba a tenerlo la vida después de la vida?
Ya no necesito explicarle nada más. Bendito sea quien decidió que los teléfonos debían tener cámara, porque lleva usted más de cien segundos sin dejar de mirar la suya.
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