Mientras la atención internacional se concentra en Ucrania, Gaza o las tensiones entre las grandes potencias, otra de las peores crisis humanitarias del siglo XXI continúa desarrollándose lejos de los titulares. En Sudán, una guerra civil iniciada en abril de 2023 ha provocado millones de desplazados, el colapso de hospitales y escuelas, el hambre de comunidades enteras y miles de víctimas civiles. Sin embargo, fuera de algunos informes de organismos internacionales y organizaciones humanitarias, el conflicto permanece prácticamente invisible para gran parte de la opinión pública.
Escrito por Carolina Favot y Valentina Angaramo
En el año 1956, Sudán obtuvo su independencia del dominio anglo-egipcio, pero, desde entonces, el país atravesó décadas de golpes de Estado, guerras internas y profundas divisiones políticas, étnicas y territoriales.
En este contexto, bajo el liderazgo del grupo Anya Nya, la capital Jartum enfrentó a un movimiento separatista de Sudán del Sur, dando inicio a la primera guerra civil sudanesa, la cual perduró por diez años en conflicto hasta la firma de un acuerdo de paz en Addis Abeba, en 1972 (Moral, 2014).
Posteriormente, en el año 1989, Omar al Bashir llevó a cabo un golpe de Estado contra el Gobierno del Primer Ministro Sadiq al-Mahdi, dando inicio a una dictadura que perduró durante tres décadas en el poder (El Orden Mundial, 2026).
En los primeros años de la década del 2000, el Gobierno de al Bashir apeló a las milicias árabes “Yanyauid” para reprimir rebeliones y insurgencias en la región oeste del país; durante su mandato de poder, se perpetró el genocidio de Darfur (El Orden Mundial, 2026; Vnebreaci Popa, 2025).
Como parte del proceso de formalización y reorganización de las milicias, el Gobierno de Omar al Bashir ofició la creación de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), bajo el comando de Mohamed Hamdan Dagalo –conocido como Hemedti. Con el paso de los años, las RSF alcanzaron su autonomía administrativa, operando como una entidad militar paralela, y particularmente, aplicando una economía política de guerra focalizada en la explotación de recursos naturales minerales para el financiamiento de sus operaciones militares (Vnebreaci Popa, 2025).
La independencia de Sudán del Sur, gestada en 2011, culminó décadas de guerras civiles, tensiones y centenares de casualidades civiles. A pesar del hecho, los enfrentamientos por disputas territoriales entre la República de Sudán y Sudán del Sur mantuvieron su impronta en el gerenciamiento de los recursos petroleros, con una gran parte de ellos bajo el control del Gobierno del joven país africano (Moral, 2014). Tal acontecimiento contribuyó al descontento social frente al declive de la economía de Sudán, originando, en 2019, un nuevo ciclo de protestas contra el régimen de al Bashir. En este escenario, el accionar conjunto de las Fuerzas Armadas Sudanesas –dirigidas por Abdel Fattah al-Burhan– y las Fuerzas de Apoyo Rápido –comandadas por Hemedti– precisó la caída del poder de Omar al Bashir (El Orden Mundial, 2026).
Como resultado la alianza bilateral guio el camino hacia la transición democrática, con el establecimiento del Consejo Soberano entre miembros civiles y militares. Pero en el detrás de escena, cada bando buscaba encaminar sus propios proyectos de poder. Las rispideces entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido estallaron en 2023, un punto de inflexión de las relaciones bilaterales y el catalizador de los corrientes y crueles conflictos en la geografía del territorio sudanés (Campos Serrano, 2026; Vnebreaci Popa, 2025).
Con la intensificación de los combates y enfrentamientos entre las partes en disputa, se acentúa un marcado control territorial del Ejército sudanés en la región norte, este y centro del país, inclusive Jartum y Puerto Sudán, y por su parte, las Fuerzas de Apoyo Rápido en el sur y la región de Darfur en el oeste, bajo el Gobierno paralelo en la ciudad de Nyala (Swissinfo.ch, 2025). El factor territorial vuelve a ponerse en relieve frente al complejo análisis de la guerra civil en la República de Sudán.
Lo que comenzó como una disputa por el control del proceso de transición política tras la caída de Omar al-Bashir, terminó convirtiéndose en una guerra abierta por el poder del Estado (Auza, 2026)
El análisis geopolítico recobra su rol para explicar la esgrima de poder disputada entre las partes en conflicto, y adicionalmente, de la injerencia de los intereses estratégicos de actores externos.
Sudán ocupa una posición geopolítica de enorme relevancia. Su ubicación en el noreste de África, con salida al Mar Rojo y cercano al Canal de Suez, lo convierte en un punto estratégico para el comercio internacional y las rutas marítimas que conectan Europa, Asia y África.
Precisamente por esa importancia estratégica, diversos actores externos observan el conflicto con atención. En su artículo “Sudán: ¿condena perpetua de guerra?”, la analista e investigadora Blanca Palacián de Inza (2026) explica que el conflicto armado en Sudán se describe como “una guerra civil internacionalizada”, la cual “implica violencia organizada por dos o más bandos dentro de un Estado soberano, en el que elementos extranjeros desempeñan un papel en la instigación, prolongación o exacerbación de la lucha” (Jenne & Popovic, 2017, como se citó en Palacián de Inza, 2026, p.97)
La República de Sudán cuenta con una vasta variedad de recursos naturales, entre los que se incluye el petróleo, oro y productos agrícolas. En el mercado internacional, Sudán destaca como el mayor exportador de semillas de sésamo y goma arábiga, este último clave en la industria alimenticia, farmacéutica y cosmética. Por su parte, el cauce del río Nilo por la geografía sudanesa nutre las tierras agrícolas, un insumo en disputa para el pastoreo y el cultivo de los árboles de acacia –productores de la goma arábiga (Hussein & Ali, 2025).
La distribución geográfica de los recursos se extiende a lo largo y ancho del territorio sudanés, hecho que se inscribe en la base de las disputas territoriales entre las partes en conflicto. Gran parte de los yacimientos petrolíferos del país se localizan en la región sur, muchos de los mismos se encuentran bajo control de las Fuerzas de Apoyo Rápido, mientras que, la mayoría de los yacimientos de oro de la región este están controlados por el Ejército sudanés (Hussein & Ali, 2025).
De acuerdo al comunicado de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2026), un reciente informe de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas describe que la economía de guerra implementada en Sudán retroalimenta el actual conflicto en curso. Asimismo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, expresó:
La enorme riqueza de recursos naturales que atesora Sudán debería beneficiar a su pueblo. De manera preocupante, lo que estamos viendo actualmente es todo lo contrario. De hecho, esta riqueza solo está sirviendo para socavar los derechos humanos y fomentar el conflicto, causando dolor y sufrimiento a una escala descomunal (2026).
En demasiadas ocasiones analizamos Sudán únicamente desde su valor estratégico con el mar Rojo, el Canal de Suez, los recursos naturales o la competencia entre potencias, pero detrás de esos mapas existen familias desplazadas, hospitales destruidos, niños sin escuela y comunidades enteras intentando sobrevivir. La geopolítica explica parte del conflicto, pero nunca debería ocultar su dimensión humana.
En reflexión a lo expuesto por Rogers, Abbot & Sloboda (2006), los recursos naturales son elementos claves en la geopolítica e innegablemente se constituyen como una de las principales agendas de la seguridad global; tensiones, conflictos y enfrentamientos encuentran un puntapié en la competencia por su control, generando serias afecciones y riesgos contra la sociedad civil y el medioambiente. Acorde a lo desarrollado por Collier & Hoeffler (2000), la codicia por el control y la apropiación de rentas derivadas de los recursos naturales sudaneses relega las reivindicaciones socio-políticas a un segundo plano.
En junio de 2026, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió ante el Consejo de Derechos Humanos sobre el grave deterioro de la situación en Sudán. Denunció ataques contra civiles, restricciones deliberadas a la asistencia humanitaria y el creciente uso de nuevas tecnologías militares, como drones, que incrementan el riesgo para la población. Sus declaraciones muestran que la guerra no solo continúa, sino que incorpora nuevas formas de violencia mientras disminuye la atención internacional.
Quizás el aspecto más preocupante sea precisamente el silencio. Existen guerras que ocupan portadas durante meses y otras que apenas aparecen en algunos espacios informativos. Esta diferencia no depende únicamente de la gravedad del conflicto, sino también de intereses políticos, económicos y mediáticos que determinan qué tragedias merecen convertirse en noticia.
Cuando un conflicto desaparece de la conversación pública también disminuyen las posibilidades de movilizar recursos, generar presión diplomática y construir soluciones políticas. Lo que no se conoce difícilmente pueda transformarse en una prioridad internacional y la invisibilidad termina convirtiéndose en otra forma de vulnerabilidad para millones de personas.
Hablar de Sudán implica recordar que la seguridad internacional no puede reducirse al equilibrio militar o a la competencia entre Estados. La verdadera seguridad comienza cuando las personas pueden vivir sin miedo, acceder a alimentos, recibir atención médica, ejercer sus derechos y construir un futuro. Esa es la lógica de la seguridad humana y del desarrollo sostenible promovidos por Naciones Unidas que tiene que ver con colocar a las personas en el centro de las políticas internacionales.
Sudán atraviesa una de las mayores crisis humanitarias del mundo. La prolongación del conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) ha provocado desplazamientos masivos, inseguridad alimentaria extrema y un progresivo deterioro de servicios esenciales.
Esta situación puede analizarse desde una perspectiva de seguridad humana, porque las principales amenazas ya no se encuentran únicamente en el campo de batalla, sino también en las condiciones cotidianas de supervivencia de la población.
En una guerra donde los civiles deberían estar protegidos por el derecho internacional humanitario, la infancia se convirtió en una de sus principales víctimas.
Al mismo tiempo, el conflicto ha socavado gravemente el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales, que ya se encontraban bajo una fuerte presión antes del inicio de la guerra. Sudán enfrenta niveles catastróficos de inseguridad alimentaria, con alrededor de 19,5 millones de personas en la Fase 3 o superior de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC); la mayor crisis de desplazamiento a nivel mundial, con cerca de 15 millones de personas desplazadas; y el colapso de los servicios esenciales, ya que los sistemas de salud, agua y educación han dejado de funcionar en muchas zonas o lo hacen con capacidades extremadamente limitadas (Naciones Unidas, 2026)
Una de las principales consecuencias de la guerra es el desplazamiento masivo. Esto comentó Marie-Helene Verney para ACNUR (2026):
Desde que comenzó la guerra en abril de 2023, alrededor de 14 millones de personas se han visto obligadas a huir: 9 millones permanecen desplazadas dentro de Sudán y 4,4 millones en países vecinos. Para muchas de ellas, el desplazamiento ha sido un ciclo repetido y agotador de huida hacia una seguridad relativa, solo para tener que huir de nuevo. Hoy, uno de cada cuatro sudaneses está desplazado.
Esto supone mucho más que la pérdida de hogares, pues implica la ruptura de medios de subsistencia y un acceso cada vez más limitado a alimentos, salud, educación y agua. Además, el desplazamiento hacia ‘’los países vecinos que acogen a la mayoría de los refugiados sudaneses, en particular Chad, Egipto y Sudán del Sur, están al límite de su capacidad’’ (Verney, 2026), lo cual ejerce una presión adicional sobre Estados que ya enfrentan importantes vulnerabilidades, convirtiendo progresivamente una crisis interna en una crisis regional.
Dicho esto, cabe destacar que la Unión Africana, organización regional que nuclea a 55 Estados miembros africanos, sostuvo desde el comienzo del conflicto, tres principios fundamentales: rechazar una solución militar, impulsar un proceso político liderado por los propios sudaneses y evitar la injerencia extranjera. Sin embargo, sus esfuerzos diplomáticos encontraron fuertes limitaciones. Sin mecanismos efectivos para imponer altos al fuego ni capacidad para proteger a la población civil, la organización regional vio reducida considerablemente su influencia frente a la intensidad del conflicto (Auza, 2026).
Sudán enfrenta una crisis multidimensional, en la que seguridad militar, seguridad humana, desplazamiento, inseguridad alimentaria, deterioro de infraestructura y competencia por recursos se encuentran estrechamente conectados.
Por eso, la crisis humanitaria no constituye simplemente una consecuencia de la guerra sino que forma parte de una dinámica que puede contribuir a reproducirla. La violencia destruye medios de subsistencia, genera desplazamiento y aumenta la dependencia de la asistencia humanitaria, mientras que la disputa por territorios y recursos proporciona incentivos económicos para prolongar los enfrentamientos.
Sus efectos atraviesan las fronteras nacionales y afectan a los Estados vecinos, por lo que el conflicto ya no puede entenderse únicamente como una guerra interna: se ha convertido también en un problema de seguridad regional e internacional.
La disputa por los recursos naturales y los agravios históricos han contribuido a sostener una “economía de guerra” entre las partes en conflicto. En reflexión a los análisis de Campos Serrano (2026) y de López Martín (2024), los intereses estratégicos de actores externos se imbrican en la matriz del conflicto, en las que el oro, el petróleo, la proyección de poder y la seguridad marítima en los puntos de estrangulamiento se describen como factores motivadores para que, países como Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Rusia, Etiopía y otros Estados, intervengan en el apoyo militar y diplomático a las partes en disputa.
En este contexto, la guerra se puede entender como negocio lucrativo a partir de la cual la codicia de los actores internos, sumado al interés geopolítico de los actores externos, agravan el desorden que procesa la comunidad sudanesa con el objetivo de hacerse de recursos frente a un escenario de vacío de poder soberano; en consecuencia, la población civil termina siendo la principal víctima del poder.
En esta dinámica, el silencio de la comunidad internacional frente a la guerra civil internacionalizada en Sudán demuestra que la gravedad de una crisis no siempre determina su lugar en la agenda global. En este sentido, la invisibilidad también puede convertirse en una forma de vulnerabilidad porque, en última instancia, el caso evidencia que la seguridad no significa solamente estar protegido de una amenaza militar, sino también tener acceso a alimentos, salud, agua, educación y condiciones dignas de vida. Por eso, la crisis sudanesa es también una crisis de seguridad humana y de desarrollo sostenible.
Referencias bibliográficas:
Auza, F. (2026). GUERRA CIVIL EN LA REPÚBLICA DE SUDÁN: Uso de ejércitos privados y participación de terceros Estados en el conflicto. Universidad de la Defensa Nacional.
Campos Serrano, A. (2026, 1 de febrero). ¿Qué pasa en Sudán? Política y geopolítica de un gran desastre humanitario. The Conversation. https://theconversation.com/que-pasa-en-sudan-politica-y-geopolitica-de-un-gran-desastre-humanitario-273791
Collier, Paul; Hoeffler, Anke (2000). “Greed and Grievance in Civil War.” Policy Research Working Paper;No. 2355. http://hdl.handle.net/10986/18853
El Orden Mundial. (2026). Sudán, el gran conflicto olvidado [Podcast]. No es el fin del mundo. https://elordenmundial.com/podcasts/no-es-el-fin-del-mundo/sudan-el-gran-conflicto-olvidado/
Hussein, M., & Ali, M. (2025, November 20). Sudan has vast oil, gold and agricultural resources. Who controls them? Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/news/2025/11/20/sudan-has-vast-oil-gold-and-agricultural-resources-who-controls-them
López Martín, I. (16 de noviembre de 2024). Guerra civil en Sudán: Agentes externos que sacan provecho. Universidad de Navarra. https://www.unav.edu/web/global-affairs/guerra-civil-en-sudan-agentes-externos-que-sacan-provecho
Moral, P. (2014, 2 de noviembre). Crónicas de una nación fallida (1/2): Sudán del Sur, donde la paz es una quimera. El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/cronicas-de-una-nacion-fallida-12-sudan-del-sur-donde-la-paz-es-una-quimera/
Naciones Unidas. (s. f.). ¿Qué es la seguridad humana?. United Nations Trust Fund for Human Security. https://www.un.org/humansecurity/es/what-is-human-security/
Naciones Unidas. (2026, 15 de julio). Briefing paper: Business and human rights in conflict: Gum Arabic from Sudan. Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (15 de julio de 2026). Sudán: La “economía de guerra” alimenta el conflicto, advierte informe de las Naciones Unidas. https://www.ohchr.org/es/press-releases/2026/07/sudan-war-economy-sustains-conflict-un-report-warns
Palacián de Inza, B. (2026). Sudán: ¿Condena perpetua de guerra? Instituto Español de Estudios Estratégicos.
Rogers, Abbot & Sloboda (2006). Respuestas globales a amenazas globales. Seguridad sostenible para el siglo XXI.
Swissinfo.ch. (2025, 25 de septiembre). En qué punto se encuentra la guerra de Sudán entre el ejército y los paramilitares. https://www.swissinfo.ch/spa/en-qu%C3%A9-punto-se-encuentra-la-guerra-de-sud%C3%A1n-entre-el-ej%C3%A9rcito-y-los-paramilitares/90065759
Verney, M. (2026, 10 de abril). Tres años después, los sudaneses, exhaustos por la guerra, siguen desplazándose. ACNUR. https://www.acnur.org/noticias/notas-de-prensa/tres-anos-despues-los-sudaneses-exhaustos-por-la-guerra-siguen-desplazandose
Vnebreaci Popa, A. (2025, 5 de noviembre). ¿Qué está pasando en Sudán? El gran olvidado en el corazón de África. LISA News. https://www.lisanews.org/especial-sahel/que-esta-pasando-en-sudan-el-gran-olvidado-en-el-corazon-de-africa/

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