RSS Amplifier

Planeta Invierno · Aug 24, 2026

PI 8X87 Audiolibro creativo de ‘El prestigio’ PARTE 2

0
Sign in to vote or save

iVoox

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Bienvenidas a Planeta Invierno, un podcast que digievoluciona. Que no era un planeta, era una nave. Una nave con satélites a los que te invitamos a subir cada vez que necesites combatir un ratito a los aliens. No dejes de suscribirte. Creado y presentado por Penelín BCN. Pues nos habíamos quedado en, mientras tanto, mi otra capacidad, la que yo veía como la verdadera, se desarrollaba a paso acelerado. Cada momento de mi tiempo libre estaba dedicado a practicar el arte de los conjuradores. En especial aprendí a intentar dominar todos los trucos conocidos de manipulación de cartas de juego. Ay, qué penita que se nos ha muerto Juan Tomariz. ¿Verdad? Veía los juegos de manos como la base de toda la magia.

Así como la escala tonal es la base de la más compleja sinfonía, era difícil obtener trabajos de referencia sobre el tema, pero los libros de magia sí que existen y el investigador diligente puede encontrarlos. Noche tras noche, en mi fría habitación sobre el puente, me ponía de pie frente a un espejo de cuerpo entero y practicabas en descanso. Hacía desaparecer y aparecer las cartas, barajarlas, desplegarlas, pasarlas y mostrarlas en forma de abanico, descubriendo distintas formas de cortar y amagar. Aprendí el arte del cambio de dirección en el que el mago explota la experiencia diaria del público para confundir sus sentidos.

La jaula de metal, que parece demasiado rígida como para derrumbarse. La pelota, que parece demasiado grande como para ser escondida en una manga. La espada, cuya templada hoja de acero, seguro, nunca podría ser flexible. Rápidamente creo un repertorio con estas técnicas de prestidigitación, concentrándome en cada una de ellas hasta manejarla correctamente, luego practicando hasta dominarla y concentrarme en ella una vez más hasta dominarla a la perfección. Nunca dejé de practicar. La fuerza y la destreza de mis manos eran claves. Ahora, brevemente, hago una pausa en este relato para reparar en mis manos.

Dejo mi lapicero para ponerlas frente a mí nuevamente, girándolos bajo la luz de la lámpara de gas, tratando de verlas de una forma no tan familiar, como las veo cada día, sino como imagino que lo haría un extraño. Ocho dedos largos y esbeltos, dos sólidos pulgares, las uñas cortadas de un largo específico, no a las manos de un artista, ni las de un trabajador, ni las de un cirujano, sino a las manos de un carpintero convertido en prestidigitador. Cuando las giro y pongo las palmas frente a mí, veo una piel pálida. O sea, el carpintero convertido en prestidio y citador. Pero eso es Jesús, ¿no? Bien que respetan a los demás. Bueno, ahora de todo. Cuando las giro y pongo las palmas frente a mí, veo una piel pálida, casi transparente, con durezas oscuras entre las juntas de los dedos.

Read the original on ivoox.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.