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Y hoy en Planeta de Invierno, el audiolibro creativo, es que estaba viendo aquí que ponía no sé qué, un audio descripción y me he confundido. El audiolibro creativo, a lo mejor delirante o no, de El Pasaje, de Justin Cronin. Bienvenidas a Planeta Invierno, un podcast que digievoluciona. Que no era un planeta, era una nave. Una nave con satélites a los que te invitamos a subir cada vez que necesites combatir un ratito a los aliados. No dejes de suscribirte. Y presentado por Penilin BCN. Y con la colaboración imprescindible de UE y Spin sobre todo. Bueno, pues nos habíamos quedado en... Era como si un cuchillo hubiera caído sobre el tiempo y lo hubiera partido en dos metades. Lo que había antes y lo que hubo después.
Entre estas mitades no existía ningún puente, habían perdido la guerra, el ejército ya no existía y el mundo exterior a la colonia era una tumba abierta de una historia que nadie recordaba. De hecho, Peter no había pensado mucho en lo que su padre iba buscando en la oscuridad exterior. Supuso que se debía y que era evidente lo que buscaba, gente o más supervivientes. Pero cuando sostuvo uno de los rifles de su padre, incluso ahora, tendido en el barracón con el tobillo vendado y recordando la sensación, presentió algo más, como si el pasado y sus poderes lo hubieran permeado. Por lo tanto, tal vez era eso lo que su padre había buscado durante las largas marchas. Había intentado recordar el mundo.
Sin duda, Cío sabía que su padre albergaba una gran generosidad, compartida por todos los hombres que participaban en las largas marchas. Peter había tomado la decisión, mucho tiempo atrás, de no sentir rencor contra Cío, por lo que su madre había dicho la mañana en que murió, cuida de tu hermano, Cío, no es fuerte como tú. La verdad era la verdad. Y a medida que pasaban los años, Peter había descubierto que conocer esa particularidad de sí mismo era soportable. A veces casi constituía un alivio. Su padre había intentado algo difícil y desesperado, a partir de la fe que los hechos desmentían. Y si Cío debía ser el Jackson que cargara con ese peso por los dos, Peter podía aceptarlo.
Pero cuando le dijo a Arlo que era absurdo, que lo único que podían hacer era mantener las luces encendidas el máximo de tiempo posible, y se lo dijo nada menos que a Arlo, que tenía un pequeño en el asilo, se dio cuenta de que no conocía a aquel cío. Algo había cambiado en su hermano. Se preguntó qué sería. Se quedaron cinco días en la central. Finn y Rey dedicaron el primero a devolver la corriente eléctrica a la verja y después se pusieron a trabajar en el campo oeste, donde volvieron a engrasar las cubiertas de las turbinas. Arlo, Cío y Alicia se tornaron para acompañarlos en grupos de dos. Y siempre volvían bastante antes del ocaso para cerrar la central a cal y canto. Sin nada más en qué ocupar el tiempo, pero...

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