“Fue una carnicería, no una operación. Vinieron a matar”.
Así es como residentes de los complejos de favelas de Penha y Alemão, en Río de Janeiro, describieron el operativo policial que dejó al menos 121 muertos, incluyendo a cuatro policías, y decenas de detenidos, después de unas de las operaciones policiales más sangrientas de la historia de Brasil, reportó Tom Phillips para The Guardian. La lista completa de personas muertas y detenidas todavía no ha sido publicada.
El megaoperativo, en el que participaron 2.500 agentes, comenzó en la madrugada del martes. Buscaba detener a jefes del Comando Vermelho (CV), una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil, a quienes el Ministerio Público del Estado de Río de Janeiro acusaba de delitos incluyendo tráfico de drogas y torturas, como explica BBC Brasil en este artículo en base a documentos exclusivos.
En cuanto los agentes avanzaron usando la fuerza sobre las favelas –en las que viven más de 300.000 personas– miembros del CV respondieron con disparos y barricadas, prendiendo fuego a autos, según reportaron medios locales.
Durante la noche, familias comenzaron a buscar los restos de personas desaparecidas en la Sierra de la Misericordia, que divide el Complexo do Penha y el Complexo do Alemão. En poco tiempo bajaron al menos 55 cuerpos a la plaza São Lucas, en una de las principales vías de la región.
“[Los cuerpos] estaban decapitados, completamente desfigurados [...] sin rostro, sin media cara, sin brazos, sin piernas. Lo que realmente me impactó fue la cantidad de cuerpos con heridas de arma blanca”, dijo el fotógrafo Bruno Itan, que creció en una de las favelas, en este artículo de BBC Mundo.
Las escenas que se describieron fueron dantescas.
“En mi vida había visto algo así, hermano; ni siquiera en la Franja de Gaza pasa esto… No soporto ver más cadáveres”, dijo Erivelton Vidal Correia, presidente de la asociación de residentes local, a Tom Phillips, mientras ayudaba a acomodar cadáveres para que pudieran ser identificados.
El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, dirigente del Partido Liberal (PL) y aliado del expresidente Jair Bolsonaro, dijo que el operativo había sido un “duro golpe al crimen organizado”. “Exceptuando la vida de los policías (fallecidos), el resto fue un éxito”, dijo.
Pero además de los residentes de las favelas, organizaciones de derechos humanos y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos –quienes dijeron estar “horrorizados”-- criticaron duramente la operación.
“La sucesión de operaciones letales, que no generan mayor seguridad para la población sino que de hecho provocan inseguridad, revela el fracaso de las políticas de Río de Janeiro”, dijo César Muñoz, coordinador de Human Rights Watch en Brasil.
Muñoz denunció, además, que las autoridades no están preservando evidencia clave para una investigación sobre las muertes.
Por su parte, el ministro de Derechos Humanos, Silvio Almeida, expresó “profunda preocupación” por la magnitud del operativo y dijo que la Corte Suprema de Brasil había ordenado restricciones sobre el uso de la fuerza durante operativos planificados en favelas.
El Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que el país necesita una “política de seguridad moderna, integrada y que no convierta las favelas en zonas de guerra”.
“Necesitamos un trabajo coordinado que impacte la espina dorsal del narcotráfico sin colocar policías, niños y familias inocentes en riesgo”, escribió el miércoles en su cuenta de X.
Las operaciones policiales violentas no son nuevas en Río de Janeiro, pero nunca se habían producido tantas muertes. Más de 1.300 personas murieron en todo el 2024 durante acciones policiales, según datos del Instituto de Seguridad Pública (ISP) publicados por ElDiarioAr – esto representa una quinta parte del total del país. La mayoría de las muertes tienen lugar en zonas marginalizadas controladas por organizaciones criminales o grupos parapoliciales.
¿Qué es el Comando Vermelho? Es una de las principales organizaciones criminales de Brasil. Nació en una prisión de Río de Janeiro en los años 70, como un grupo que defendía los intereses de los detenidos, pero al tiempo comenzó a involucrarse en el tráfico de cocaína. Desde entonces no paró de crecer y desarrollar su base de poder en algunos de los barrios más pobres de la ciudad. Se calcula que tiene unos 30.000 miembros y presencia en todos los estados del país (más información en este perfil publicado por El País).
El experto en seguridad Thiago Rodrigues dijo en una entrevista con Guido Bovone de La Nación, que aunque el grupo maneja un extenso arsenal (de hecho se les encontró una FAL de las Fuerzas Armadas argentinas, según reportó Germán de los Santos), no tienen el poder de un grupo armado, como en su momento tuvieron las FARC de Colombia, por ejemplo.
“Las imágenes dicen mucho: los chicos que estaban ahí eran muy jóvenes, descamisados en shorts, Havaianas y un fusil. No tenían chalecos, ni cascos. El discurso que busca magnificar el poder de fuego del CV es un discurso belicista que sirve para pintar un escenario de guerra, pero no es así”, explicó en la entrevista con La Nación.
“Ellos tienen una base social, aunque menos importante hoy que en otros tiempos, y controlan sus territorios. En una favela enorme como el complejo Alemão tienen un poder de fuego importante, pero siempre que hay un ataque frontal de las fuerzas del Estado, ellos escapan. Enfrentan pero huyen. Entonces, es un problema de seguridad pública muy severo, pero no es un problema de seguridad nacional, tampoco de monopolio de la violencia por parte del estado a nivel nacional”.
Tanto la sangrienta operación como la respuesta han reavivado un debate al que nadie parece encontrarle respuesta en América Latina, la región más violenta del mundo: ¿Qué hacer con el crimen organizado? Entre expertos y expertas, incluido Pablo Nunes, parece haber al menos un acuerdo: las operaciones violentas no resuelven nada.
🇺🇸 Más ataques. El miércoles, el secretario de Defensa norteamericano Pete Hegseth anunció un nuevo ataque armado contra un bote sospechado de cargar drogas ilícitas en el Pacífico, en el que murieron cuatro personas. Un día antes, había revelado que otra serie de ataques contra cuatro barcos, también en el Pacífico, resultaron en la muerte de otras 14 personas y un sobreviviente. El gobierno de Estados Unidos dijo a la agencia AP que los ataques –todos ordenados por el presidente Donald Trump– habían tenido lugar en la costa de Colombia, pero la Marina de México dijo que estaban realizando una búsqueda del sobreviviente más cerca de sus costas. Es el último de una serie de ataques a manos de Estados Unidos contra barcos a los que acusa de transportar drogas ilícitas (esta es una buena línea de tiempo que publicó la agencia EFE). Hasta el momento, al menos 60 personas murieron. Organizaciones internacionales, gobiernos de la región –incluyendo México– y hasta miembros del Congreso de Estados Unidos han condenado la estrategia (incluyendo un congresista que dice que muchos de los barcos no llevan drogas), y la autoridad de Trump para ordenar los ataques sin autorización de su parlamento. El Fiscal general de Venezuela Tarek William Saab, por su parte, le dijo a la BBC que Trump está intentando derrocar a Maduro, a quien le acusan de liderar una organización criminal.
Número de policías municipales y estatales desaparecidos en el estado mexicano de Jalisco desde 2019. 42 han sido localizados sin vida. Jalisco es el estado con más desapariciones en México, reportó Marco Antonio López en este artículo para El País.
Otras lecturas que nos gustaron esta semana:
El Salvador admite que tiene en la cárcel a deportado que se tenía por desaparecido (Gabriel Labrador, El Faro)
La emboscada final para el narco que intentó acercarse al fútbol argentino y a otros negocios (Germán de los Santos y Gabriel Di Nicola, La Nación)
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Josefina Salomón

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