Lee el podcast de 266. ¿No le gusta meterse al agua? Cómo ayudarle paso a paso
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Si nuestro perro no sabe nadar, pues nos metemos con él en la piscina de forma muy progresiva.
Le empezamos a enseñar a nadar sosteniéndole con nuestra mano debajo del abdomen o, si es un perro pequeño, le sujetamos directamente el entero y le frenamos, ¿no? Podemos poner una mano en el pecho y otra mano en el abdomen o podemos rodear con un brazo el cuerpo del perro y con otra mano sujetarle el pecho para que no avance, pero que tampoco se hunda.
O sea, nosotros le sujetamos literalmente como si estuviese flotando en el agua con nuestras manos y él lo único que tiene que hacer es mover las patas y, sobre todo, relajarse.
Entonces, cuando percibimos que la respiración del perro o que los movimientos bruscos, rápidos y aparatosos se relajan y empiezan a ser más fluidos, podemos restar un poco el agarre.
Pernología no es fantasía, es la ciencia del día a día.
¿Cómo vive tu perro en tu rutina? Entre la alfombra, el sillón y la cocina.
Instinto natural con adaptación.
Yo busco el balance sin restricción.
No todo es serio, no todo es control.
Piezas sin padres es la opción.
Bienvenidos a este podcast de Perros y Punto, en el que vamos a hablar sobre diversión.
Perros, verano, sol, agua y, sobre todo, muy buen rollo y pasárnoslo muy bien.
¿Por qué vamos a hablar hoy sobre este tema? El tema de los perros y el agua es un tema del que no se habla mucho porque parece ser que no es demasiado preocupante.
Al final, no es algo que hagamos todos los días con nuestro perro.
También nos da la sensación muchas veces que el perro es nada.
Es perro, sabe nadar de forma natural, de forma instintiva.
Y nos despreocupamos mucho por enseñarle al perro a cómo comportarse o cómo gestionar en general el medio acuático.
Y es que resulta que es evidentemente instintivo para el perro, una vez que está en el agua, mover las patas.
Pero de ahí a que sepa nadar es otro mundo.
Y, ojo, de ahí a que, cuando está dentro del agua, sepa gestionar las emociones para no entrar en pánico, en colapso, en bloqueo y para no tensarse de más y acabar con un accidente, es otro mundo entero, un abismo más allá.
Así que hoy vamos a hablar sobre todos estos temas.
¿Por qué? Porque en verano lo que nos apetece, con el calor tan infernal que hace en estos meses, disfrutar con el perro dentro del agua.
Nos apetece ir a una piscina, nos apetece ir a un pantano, a un lago, a una playa o a un río.
Ojo, todos estos sitios son medios acuáticos en los que, de una u otra forma, el perro debe saber actuar y debe saber gestionar esos sitios.
Ahora os voy a contar, a lo largo de este podcast, por qué debemos enseñarle a nuestro perro a nadar, cuáles son los cuatro aspectos o claves más importantes que debemos tener en cuenta para que un perro se desenvuelva en el agua y luego vamos a hablaros sobre los potenciales peligros.
Así que lo primero que os quiero contar es que hay perros que, de forma natural, efectivamente se desenvuelven súper bien en el agua y no hay mayor problema, pero hay perros que no.
Hay perros que no solo no se desenvuelven bien, sino que literalmente no entienden el medio acuático y, cuando están dentro, colapsan.
Y esto puede llevar a que el perro se ahogue.
Es más, ni siquiera hace falta que el perro no sepa nadar para que se pueda ahogar.
De hecho, sabiendo nadar, también se puede ahogar.
Y arranco este podcast con una canécdota, que hace mucho que no contamos canécdotas en nuestros podcasts.
Pues lo arranco con una canécdota.
Tenemos a una amiga que se llama Nuria y ella tiene una yorkshite que hoy está en mi casa.
Hace unos meses, Nuria trabaja fuera de casa y tiene una piscina.
Tiene una piscina en casa que no está vallada y esa piscina, por lo que sea, no tiene las típicas escaleras de obra.
Porque hay dos tipos de piscinas en nuestras casas, las que tienen escaleras de obra, que son aquellas escaleras hechas con ladrillo en la propia superficie, en el suelo de la piscina, y hay piscinas que tienen las típicas escaleras verticales de metal, que están, literalmente, verticales.
Entonces, ese tipo de piscinas, cuando tienen escaleras de obra, no pasa nada, quizá, porque el perro, al final, bordeando, nadando en el borde y ladeando, pues si tiene capacidad física, resistencia y paciencia, llega al final a las escaleras.
Pero cuando no hay escaleras de obra y tenemos en la piscina escaleras verticales, el perro, aunque llegue a las escaleras verticales, no va a saber salir de allí.
Y es muy importante que le enseñemos a salir de la piscina.
Que anécdota.
Hace unos meses, la perra de Nuria se cayó dentro de la piscina cuando Nuria estaba fuera.
No sabemos cuándo, ni cómo, ni qué pasó, nada.
De repente, Nuria llega a la piscina.

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