Cuando era muy joven, hace justo 16 años, le tomé un gran gusto a la lectura, cuál Matilda encontré en las librerías de Miguel Angel de Quevedo un oasis personal, me encantaba ir de El Sótano a Gandhi y de ahí a ver las librerías de libros usados. Así un día me encontré con los libros de Alejandro Jodorowsky, un escritor chileno que hablaba del teatro, la psicomagia y el tarot.
Picado por mi curiosidad comencé mi lectura de la psicomagia, Alejandro tiene muchos textos que hablan de esto a profundidad, pero claro que eran textos muy profundos para un joven de 16 años, aún así me parecía fascinante ese mundo de la magia, el misterio y la psicología. Así fue como terminé leyendo su libro de la vía del tarot, un libro donde platicaba como había hecho un trabajo de investigación documental para poder ilustrar una baraja fiel a los diseños originales.
Para Alejandro el tarot es parte de su amplio ecosistema de ideas de la psicomagia, desde su perspectiva el tarot es un instrumento de símbolos que reflejan a tu inconsciente, fuera de todo propósito adivinatorio o mágico, el tarot es un sistema de símbolos visuales que sirve como vehículo para poder entender tu presente.
Afortunadamente para mí pude asistir a muchas conferencias de su hijo Cristóbal donde platicaba de los arcanos y hacía lecturas colectivas donde a través de una tirada del tarot abría la conversación con el consultante para indagar las causas de sus problemas presentes, más que adivinar el futuro era una conversación terapéutica donde el tarot solo era el primer paso para iniciar a preguntar.
Más aún quede sorprendido por la complejidad visual con la que podía entenderse las imágenes del tarot, una de las grandes referencias es “Psicología y Alquimia” de Carl Jung, un libro donde se hablan de los arquetipos y patrones del inconsciente en los sueños, de cómo hay símbolos que conectan y reflejan partes ocultas de nuestra psique.
Hoy en día después de muchas experiencias y anécdotas no concuerdo más con las ideas de los Jodorowsky, pero sin duda me enseñaron muchas cosas de joven.
Una de ellas fue aprender a leer las imágenes de los arcanos, para Jodorowsky cada carta tiene un trazo, color, forma y figura puesto a propósito, todo es fríamente calculado y tiene una interpretación, cada símbolo en la carta es parte de un todo, cada carta es un conjunto de símbolos en sintonía, cada tirada son símbolos entrelazados entre sí y entre el el consultante.
Ese rigor para aprender a observar me llevó mucho tiempo desarrollarlo, nadie nos enseña a observar con cuidado. Por ejemplo el arcano II (la papisa) esconde un huevo muy discreto del lado derecho, casi bajo el brazo, mismo huevo sobre el cuál el personaje del arcano XX (el mundo) esta parado.
Ese tipo de guiños son los que aprendes a notar con el estudio de los arcanos.
Con el tiempo noté que desarrollar mi habilidad de observar había provocado en mí desarrollar una sensibilidad a los detalles.
La misma sensibilidad que desarrollé para leer los arcanos del tarot me sirvió para aprender a ver los detalles de las cosas que me rodeaba. Por eso hoy en día los museos suponen una actividad super profunda para mí, podría pasar horas y horas viendo una y otra vez las pinturas por el puro placer de ver los detalles.
Para mi una cosa es una obra visual, el armado de la escena, el uso del color, sin duda son elementos que interactúan, pero la interacción crece y existe entre quién la mira y la pintura, ese momento de conexión es el que aprendí a ver, aprendí a preguntarme ¿qué parte de mi se refleja en esto que estoy viendo? ¿me conecta o no me conecta? ¿me refleja o no me refleja?
Y de la misma forma que aprendí a ver los detalles mínimos, aprendí a intencionar cada detalle de las ilustraciones que hago. Creo que no podría decir si es bueno o malo, porque me ayudo a desarrollar mi estilo personal, aprendí que los símbolos con intención son poderosos visualmente y comunican con propósito, aprendí que las ilustraciones son símbolos que interactúan entre sí pero también con quien los mira.
Esta ilustración de un garabato con la cara de Marx podría no significar mucho, pero para mí es un recordatorio de que la metáfora del garabato viene de un estudio profundo que he hecho para conectar el Visual Thinking y la teoría crítica de la universidad de Frankfurt de los años 50’s quienes retomaron elementos del marxismo aplicado al arte y al mundo contemporáneo, por ejemplo. Intencionar cada detalle es un sistema visual para mi que disfruto mucho.
Y estas sensibilidades han nutrido mi visual thinking en la forma de apreciar y saborear los detalles, de ver en una imagen el trazo intencional del inconsciente, de entender que hay una dinámica en primera persona que me dice cosas de mi, en entender que además de lo profundo, esta actividad también se disfruta lento, a veces con ánimo de entender el trasfondo y a veces también con ganas de solo mirar por placer.
Para mí un registro gráfico es algo similar a una carta del tarot, no te adivina el futuro, pero son una serie de símbolos que junto a tu mirada dicen algo. ¿que loco no?
Ahora sabes un poco de los lugares donde he nutrido mi obra artística. Hace poco recibí el consejo de alguien que me aconsejó hablar más de estas experiencias únicas a fin de dar a conocer por qué mi Visual Thinking es especial y diferente, así que este post lo escribí para compartirte un poco de mi recorrido en este camino, y así como hoy conté del tarot, hay muchas otras cosas de las que me gustaría escribir como la teoría crítica de Theodor Adorno y Habermas, como la Teoría General de los Sistemas, me gustaría platicarte de como me nutrí tras haber tomado talleres de Cabaret y Burlesque, ufff, muchos mundos que contar…
Espero vernos pronto, y muchas gracias por leerme, Carlo.

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